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Terminamos la semana pasada dando cuenta de un tema delicado tratado en una de estas reuniones múltiples que la pandemia y el confinamiento han puesto tan de moda, a cuenta de la presentación del II Informe de Emprendimiento Corporativo en España, un texto que conviene leer. Los resultados no es que sean muy positivos en términos comparativos con otros países, pero de la reflexión deben venir las soluciones. 

Digo que delicado porque de la gobernanza de una empresa depende la innovación, tanto para hacer procesos internos como abierta. Hacer innovación desde dentro es una forma de intraemprendimiento, no siempre bien asumida por la organización, que tiene que modificar sus normas para retribuir de alguna manera a los empleados inquietos, un verdadero fastidio, como comentan algunos directores generales encargados de las áreas que gestionan los recursos humanos.

El tema es importante y se ha puesto de manifiesto en muchas de las comparecencias de personalidades de la empresa española, bien por ser altos ejecutivos o estudiosos del tema, que también han vertido sus opiniones en esa tribuna y en otras muchas. Al final, lo que ha quedado claro, al menos por el momento, es que la empresa española necesita más atención en diversos aspectos, entre ellos el liberarla de la burocratización interna y externa. 

Del debate-coloquio al que me he referido me ha llamado la atención la forma de ver las cosas en función del puesto que se ostenta en el organigrama. Es algo que no nos debe extrañar, pero parece difícil coordinar nuevas fórmulas de trabajo con las mismas estructuras empresariales, eso que llamamos gobernanza corporativa, término que resume una estructura empresarial compleja; es decir, un andamio que, en muchas ocasiones, sirve para soportar estructuras antiguas o inamovibles. "Fijo, que no se puede mover”, según la RAE, a pesar del soporte literario que normalmente han hecho consultores externos. 

Y ese es el problema. Hablamos de emprendimiento interno, innovación en la empresa, innovación abierta entre empresas privadas o sector privado con sector público pero para llegar a eso se necesitan cambios estructurales de gran calado. Hemos escuchado muchas recetas en la Comisión de Reconstrucción, pero es difícil que tenga resultados ciertos si el todo el país no es capaz de acomodarse a esa “nueva normalidad”, término que no ha sido creado por el 'think tank' de Moncloa, sino que es un término recogido de la literatura empresarial actual, como se puede ver en ‘Silver Surfers’, un libro escrito por Raquel Roca. Es un ejemplo, pero no es casualidad que este libro aborde el tema del mundo del trabajo. 

La necesidad de un profundo cambio en el mundo del trabajo es anterior al COVID-19 y afecta a los individuos. La solución, que es reciente, es crear un área para medir y provocar un intangible tan curioso como la “felicidad”. La solución es creativa pero hay que medirla en productividad, resultados y aportación de todos los estamentos de la empresa.

En esta tesitura, yo recomendaría a los altos directivos que abrieran sus mentes para intercambiar ideas con sus empleados. Si realmente la comunicación ha sido como un hobby para mí, ha sido por el ambiente abierto de las redacciones de antes, donde se compartían problemas y alegrías. No hay decretos o instrucciones para ser feliz en tu trabajo. Hay un trabajo conjunto y eso quiere decir que cada uno aporta lo que sabe y, lo que es más importante, la responsabilidad de decidir se deja en manos del que sabe. Del que sabe y es capaz de decidir. Me da la impresión de que con tanto análisis se ha llegado a la parálisis. Por eso, los procesos de innovación en las empresas son el revulsivo que necesitamos.

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