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La exastronauta estadounidense Cady Coleman en la Estación Espacial Internacional. Foto cedida por la entrevistada.

Hay veces que la exastronauta estadounidense Cady Coleman preferiría estar en el espacio. Estar allá afuera es como “ser parte del futuro”, según la científica originaria de Charleston, en Carolina del Sur, donde nació hace casi 60 años. 

Hace casi una década que no vuela al espacio —la última vez que lo hizo fue en 2011— y lo echa de menos. “Me gustaría ser parte de una exploración espacial”, confiesa quien pasó más de 180 días en el espacio y trabajó en la NASA durante al menos dos décadas.

Coleman es ahora investigadora afiliada al MIT Media Lab y en la Universidad Estatal de Arizona. Pese a que ya no viaja al espacio, lo sigue abordando desde la investigación, como consultora en trabajos relacionados con el tema, incluyendo el de la microgravedad.

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Si algo ha demostrado la pandemia de COVID-19 es la complicada relación entre política y ciencia (o entre economía y ciencia). En ocasiones, las decisiones que toman los políticos no se corresponden a las recomendaciones de los científicos. Por ello, para Coleman “es muy importante que los políticos estén educados en ciencias”, asegura. Aunque especifica que no cree tampoco que necesiten ser científicos. “Tenemos grandes científicos, grandes políticos pero tenemos que asegurarnos de que la ciencia es comunicada y de que los políticos están educados”, subraya.

La antigua astronauta Cady Coleman junto a un robot. Foto cedida por la entrevistada.

A solo unas semanas de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, Coleman hace un llamado a sus connacionales a votar. Ella lo haría incluso si estuviera en el espacio, como anunció que lo haría la astronauta de la NASA Kate Rubins, quien este miércoles alcanzó la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés) en un tiempo récord de tres horas. “Votar es una manera en que comunicamos entre nosotros lo que pensamos que es importante. Todos deben votar si pueden”, subraya.

Una de las pocas mujeres astronautas

Coleman es una de las pocas mujeres que han viajado al espacio. Según datos de la NASA, hasta marzo de este año, solo 65 mujeres lo habían hecho (de un total de cerca de 560). La primera fue la cosmonauta soviética Valentina V. Tereshkova, quien hizo historia en junio de 1963, a bordo del Vostok 6.  

“Si tuviéramos más mujeres allá arriba trabajaríamos más”, dice entre risas. Aunque admite que ser la única mujer en un viaje espacial no supuso para ella un problema. “Todos aportamos diferentes cualidades al equipo. Yo aporto las cualidades de quien soy y una de esas es que soy mujer”, opina. 

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Lo que a ella la motivó a convertirse en astronauta es poder “ser científica en un nuevo mundo, ayudar a aprender cosas en un lugar del que no sabíamos nada antes”, asegura. Y detalla que el espacio permite investigar no solo el propio espacio, sino también cosas que pasan en la Tierra. Por ejemplo: cómo se comporta nuestro cuerpo en el espacio, la osteoporosis, la combustión, los fluidos, incluso cómo hacer crecer plantas en lugares difíciles. De hecho, la primera vez que fue al espacio, en octubre de 1995, fue en una misión (la STS-73 Columbia) centrada en este tipo de estudios científicos.

En total, Coleman formó parte de tres misiones espaciales a bordo del Transbordador Espacial Columbia, el primero de la NASA en cumplir misiones fuera de la Tierra, y en la Estación Espacial Internacional, el centro de investigación ubicado a unos 408 kilómetros de la Tierra. 

Años más tarde, en julio de 1999, volvió al espacio en la primera misión de un transbordador STS comandado por una mujer, la astronauta Eileen Collins, que puso en órbita el Observatorio Chandra de Rayos X. Coleman fue la responsable de colocar el satélite en la órbita apropiada operando el brazo robótico Canadarm de la nave.

En 2010, la exastronauta estadounidense fue lanzada desde el Cosmódromo de Baikonur, la base espacial más antigua del mundo, ubicada en Kazajistán, para una misión de seis meses en la ISS, donde se desempeñó como oficial principal de robótica y ciencia.

Apasionada de la música

A su pasión por el espacio se suma su pasión por la música, especialmente, por la flauta. Una vez tocó con la banda irlandesa, The Chieftains y, otra, con Ian Anderson, flautista de la banda británica de rock Jethro Tull. “Él estaba tocando un concierto en Rusia y yo estaba en la ISS”, recuerda, para celebrar el 50 aniversario del lanzamiento al espacio del ruso Yuri Gagarin, el primer ser humano que viajó al espacio exterior.

Asimismo, Coleman fue coronel de la Fuerza Aérea de Estados Unidos en 1983, de la que se retiró en 2009, y trabajó en la Universidad de Massachusetts. Antes de convertirse en astronauta se formó como química en el MIT. A su trayectoria se suma una singular anéctoda: ella entrenó a la actriz Sandra Bullock que interpretó a una astronauta en Gravedad, la película dirigida por el mexicano Alfonso Cuarón que ganó siete premios Oscar.

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En el espacio las cosas adquieren otra perspectiva, según la antigua astronauta. Nunca antes “tomar distancia” adquiere un sentido tan real como ocurre allá. En su opinión, estar en el espacio “hace que el mundo se vea muy pequeño y parece que todos vivimos en un solo lugar, que todos venimos de la Tierra”.

Una perspectiva a la que le añade una visión romántica de la humanidad. “Pienso la Tierra como una nave espacial. Es la nave espacial llamada planeta Tierra. Todos somos los miembros de la tripulación y eso significa que todos nos conocemos y que estamos conectados entre nosotros”, concluye.

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