Colegios (innovadores), ejemplo para los directivos

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Hace unas semanas tuve la oportunidad de ver un centro de la institución educativa SEK. También de conocí algunos de los aspectos educativos que han introducido para la enseñanza de las nuevas tecnologías. Pero no solo eso. La distribución del espacio y algunos detalles del mismo enseñan un nuevo modo de vivir la enseñanza a profesores, alumnos y a la organización en su conjunto. Desde luego, nada que ver con la imagen física de los colegios de hace medio siglo en los que estudié yo o en los que estudiaron mis hijos.

Que haya cambios no es extraño. Después de 20 o 50 años lo que llamaría la atención es que no los hubiera. Lo que me llamó la atención es que, en muchas empresas y organizaciones de todo tipo que he tenido la oportunidad de conocer en estos años, el cambio no se ha producido. La organización es casi la misma, la distribución del espacio es prácticamente igual y me pregunto si no ayudaría al cambio que empresarios y directivos visitaran los colegios, pero no con la visión de padres, sino como responsables de organizaciones que tienen que cambiar para adaptarse al mundo actual y al del próximo futuro.

He citado el SEK, pero también hay otros que he tenido la suerte de ver. Me refiero a los centros de esa cooperativa ejemplar que es Gredos-San Diego; las escuelas Padre Piquer; el Ramiro de Maeztu y otros muchos que, por toda España, son un ejemplo de adaptación para dar unas enseñanzas adecuadas a las que demanda el futuro. Seguro que la lista es larga, y de algunos tenemos referencia en nuestra sección de Innovación Sub-16. Unos son públicos y otros privados, lo que demuestra que es una cuestión de voluntad.

Tuve la suerte de estudiar el bachiller en un centro de la Fundación Hogar del Empleado (FUHEM), el Covadonga, ya desaparecido, que, a su vez, era filial del Ramiro de Maeztu y centro piloto. Visto con la distancia de las cinco décadas, que son un montón de años, lo recuerdo como muy avanzado para su época, y quizá me influya en la percepción de estos colegios, que son ahora punteros, la buena experiencia propia. Es verdad que las aulas no eran como son ahora, pero el espíritu que reinaba era de futuro y fue pionero en muchas cosas. Provocar la curiosidad siempre ha sido una buena forma de enseñar y, en estos colegios a los que me refiero, me da la impresión que se hace. La exigencia necesaria no está reñida con el aprender de una forma entretenida.

Hay que aplaudir y difundir estas brillantes iniciativas pero, además, decir a los empresarios que visiten los colegios de sus hijos. Seguro que aprenden algunas cosas que son vitales para el mundo que genera la innovación como, por ejemplo, el conocer la iniciativa personal, la inteligencia natural de cada persona, la comunicación entre jerarquías, la colaboración y unas cuantas cosas más.

De mi etapa en el mundo de las empresas he aprendido que sobran muchas palabras vacías de contenido. Sorprende ver como mucha gente de altos y medios niveles directivos e historiales universitarios brillantes confunden objetivo con estrategia, o esta con la táctica. Esos déficits constatados son la herencia de una mala o confundida educación. Es bueno que los colegios y universidades se preocupen porque los alumnos aprendan a conocer la experiencia de gente que trabaja. Pero no es menos importante, por lo que veo, que la gente que trabaja conozca las nuevas estructuras educativas y el por qué se hacen y organizan así. Creo que puede ser muy positivo para todos, sobre todo si hablamos de la difusión y la instauración de un espíritu innovador en la sociedad.

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