Al contrario de lo que sucede con la biología, la física o la química, ni las prácticas ni las políticas educativas están basadas en las evidencias de la investigación. Por el contrario, en no pocas ocasiones, son los usos, costumbres y creencias las que guían y orientan las prácticas docentes.
Luis Lizasoain, docente e investigador de largo recorrido en la EHU, ha coordinado el libro “Las pruebas en educación. Políticas y prácticas educativas informadas por evidencias”, presentado ayer en el Campus de Castellana de la Universidad Camilo José Cela, coeditora de la obra junto a la editorial Narcea.
En el libro, Lizasoain y un nutrido grupo de expertos abordan la necesidad de un cambio cultural, similar al que vivió en su momento la medicina. “El modelo vertical de I+D no funciona, debemos ir a un planteamiento sin imposiciones, más abierto y flexible, pero que considere la evidencia como una fuente a tener en cuenta, sumada al bagaje profesional y personal”, apuntaba el experto.
Un nuevo papel
La publicación invita a modificar “cómo investigamos, qué investigamos y los propios modelos de investigación educativa”. Luis Lizasoain añadía que, en ese nuevo escenario, también toca redefinir cuál debe ser el papel de los centros educativos, de sus equipos directivos y de los claustros. “Apostamos por que pasen a ser cogeneradores de conocimiento y no meros consumidores de investigaciones desarrolladas por terceros”
El experto insistía en que esta propuesta de investigación no es exclusiva y que la investigación básica seguirá jugando un rol importante. Es en el “día a día”, en cuestiones como el acoso escolar, la convivencia o el uso de las tecnologías en el aula, donde consideran que sus tesis pueden tener un peso mayor.
Trabajo colaborativo
Luis Lizasoain argumentaba que ha llegado el momento de superar el eterno debate metodológico –“que ha generado más calor que luz”- que enfrenta los aspectos cualitativos y cuantitativos e incidía en lo fundamental: una nueva vía de producir investigación con los docentes como investigadores activos.
Para dar forma a estos anhelos, Luis Lizasoain remitía de nuevo a la medicina, y a cómo la creación de una red de Institutos de Investigación Sanitaria (presentes en 35 hospitales y aprobados por el ISCIII) ha agilizado la transferencia de los avances científicos a la práctica clínica. “No es descabellado pensar que podemos hacer algo igual en educación. Crear equipos multidisciplinares universidad-centros educativos; investigar y generar conocimiento juntos”.
El investigador admitía que esto exige “un cambio de mentalidad muy fuerte”, y parafraseaba a Marta Ferrero (UAM) una de las expertas que ha colaborado en el libro: “Para que la práctica educativa esté informada por la investigación, la investigación educativa ha de estar a su vez informada por la práctica. Y es que, a veces, “la investigación está muy alejada de los problemas reales”.
Aprender a investigar
Arrancar con este modus operandi supondría, además, acabar con un déficit histórico de la enseñanza española. “Piso aulas en centros de toda España. El profesorado me suele decir que nadie les ha enseñado nunca a investigar. Deben producirse modificaciones en los programas de las facultades de magisterio y educación. Mientras, un médico de atención primaria es parte de un proyecto de investigación y sabe leer literatura científica. Hemos de capacitar al docente en técnicas y métodos de investigación”. Los autores creen que esta formación específica, también mejoraría la relación y el entendimiento profesor-alumno.
Lizasoain incluía en esta ecuación la conveniencia de contar con sistemas propios de síntesis de investigaciones (es imposible hacer un seguimiento exhaustivo de todos los papers sobre educación que se publican cada día) como recursos para el profesorado. “Estos sistemas -avanzados en países como Reino Unido y que en España podría activar la ONAC- deben estar basados investigaciones propias y cercanas. Es lamentable que conozcamos antes las experiencias de un colegio de Mineápolis que un proyecto dirigido por un centro de Valladolid. La aproximación cultural en educación es imprescindible”.
¿Qué funciona?
Luis Lizasoain repasaba algunas praxis que han dado buenos resultados. “Sabemos que el profesorado es la clave, pero nadie les evalúa con un feed back sistemático. Hacerlo es un factor de éxito, al igual que las políticas de promoción de la lectura comprensiva o las medidas para anticiparse de manera temprana a los problemas que pueden derivar en que el alumno repita curso. Ello requiere programas y personal de refuerzo. Los fineses, con solo un 3 % de repetidores, no son más listos, pero hacen otras cosas”.
El experto añadía que, por otro lado, en la red pública, y en especial en centros con un alumnado más vulnerable, “nos topamos con plantillas que cambian hasta en un 50 % cada curso”. “Así es muy difícil sacar adelante ningún proyecto. El liderazgo de los equipos directivos es muy relevante. Los problemas no se arreglan en dos meses, pero no olvidemos que Corea del Sur le dio la vuelta a su sistema educativo en apenas 6 años”.
El misterio del sujeto humano
Francisco López Rupérez, Director de la Cátedra de Políticas Educativas y Director del Máster en Políticas y Gobernanza de los Sistemas Educativos de la UCJC, mencionaba la obra de John Hattie y Klaus Zierer, “Diez marcos mentales del aprendizaje visible”, y algunos puntos que reforzaban los argumentos expuestos en la obra coordinada por Lizasoain.
“Es importante la transferencia de expectativas del docente al alumno. Entramos en las relaciones personales. La medicina no es solo una ciencia, también un arte. Eso mismo ocurre en la educación, que incluye aspectos relacionados con el misterio del sujeto humano. El objetivo es estimular la voluntad, manejar los incentivos y llevar a los alumnos hacia cotas más elevadas de éxito de acuerdo a su potencial”.
Rupérez señalaba otro punto de la obra empuja a combinar los métodos innovadores de manejo de proyectos con la llamada enseñanza estructurada. “Unir lo nuevo y lo antiguo; la innovación y la tradición, en una síntesis perfecta”.




