Los gigantes como Amazon Web Services (AWS) tampoco pueden afrontar en solitario el tsunami de la inteligencia artificial. “Entendemos la IA como algo que va mucho más allá de un modelo concreto. Es un conjunto de herramientas que varían en función de para qué las vayamos a usar. En paralelo, nos hemos propuesto democratizar la inteligencia artificial ya sea para el científico de datos o cualquier otra persona”. Son palabras de Ignacio Gilart. El responsable de Educación y Organizaciones Sin Ánimo de Lucro en Amazon Web Services, participó la semana pasada en la celebración del primer aniversario de la Cátedra AWS-Emilio Lora Tamayo.
El encuentro, celebrado en el Campus de Castellana (Madrid) de la Universidad Camilo José Cela (UCJC), reunió a expertos del ámbito académico, empresarial y tecnológico para reflexionar sobre los retos y oportunidades que plantea la inteligencia artificial en el contexto actual, así como su aplicación en distintos sectores.
Ignacio Gilart añadía que en su estrategia trabajan de manera colaborativa con “un amplio ecosistema de partners y empresas” así como con áreas de conocimiento no solo tecnológico. “Necesitamos personas que velen por que la IA sea segura y comprensible, que nos ayuden a entender por qué llega a determinadas conclusiones”. AWS otorga una importancia primordial a la trazabilidad de la IA, no solo para comprender qué hace, sino a la hora de registrar todo lo que sucede en cada fase del proceso. “Si alguna acción tiene consecuencias, disponemos de toda la información para analizar las causas”.
Inteligencia artificial e innovación social
Admitía que ese “para qué” de la inteligencia artificial le toca de cerca. Se refería a proyectos concretos que muestran que la IA incluye riesgos, “eso es algo indudable”, pero también pone en nuestras manos nuevas soluciones y servicios antes imposibles o complejos de cristalizar. Por ejemplo, AWS y Save the Children desarrollaron una aplicación para solventar una problemática: deshacer la maraña burocrática para que una familia o persona en situación de vulnerabilidad pueda acceder a las ayudas disponibles guiadas por la IA de manera mucho más sencilla. Y es que, según la ONG, solo un 17 % de las familias con las que trabajan accede estas ayudas, ya que el 80 % restante no sabe cómo hacerlo o desconoce las opciones. “La IA está ahí, pero enfocada en un uso determinado”, señalaba Gilart.
En su vocación aperturista, AWS fabrica y construye sus propios modelos de IA, pero la compañía mantiene acuerdos con cientos de modelos a los que dotan de unas u otras herramienta en base a la acción para la que los requieren. Todo ello bajo el respeto total a las normativas vigentes dentro y fuera de la UE en materia de confidencialidad y compliance, un rigor especialmente celebrado por las empresas. “Podemos decirle a los modelos hasta dónde queremos que lleguen, qué deben tener en cuenta y qué han de descartar”. Ignacio Gilart ha explicado un proyecto con la plataforma Minerva, donde la IA es un complemento en la ayuda a personas con síndrome de Down y sus familias cuya veracidad está garantizada gracias a que ‘bebe’ de todo el conocimiento previo acumulado y plasmado en numerosas guías. “La IA sabe a qué atenerse”.
IA como compañera de viaje
El ingeniero informático insistía en poner más peso en el lado bueno de la balanza. “Llevaba 25 año sin ‘tirar’ una línea de código y en los últimos tiempos la inteligencia artificial me ha ayudado a desarrollar cuatro aplicaciones”. Gilart confía en que solo estemos viendo la punta del iceberg de la IA como compañera que nos va a ayudar a resolver problemáticas concretas. De vuelta a la innovación social, percibe que será fundamental la interacción de personas mayores o con alguna discapacidad con asistentes de voz cada vez más inteligentes. “El lenguaje natural y la IA ayudarán a cerrar más rápido la brecha digital. Se abre ante nosotros un mundo de posibilidades. Las organizaciones tenemos la ocasión de cambiar vidas y no hay que desaprovecharla”.
Respecto al vínculo entre pérdida de empleos e inteligencia artificial, el experto opina que, además de la profunda transformación de los procesos, vivimos tiempos en los que reinventarse como profesional es un imperativo. “Yo ya he asumido que la IA me sustituirá en determinadas tareas donde mi conocimiento no aportaba tanto valor. Este contexto implica otras novedades. Por ejemplo, un perfil profesional muy interesante será el de experto en tecnología que, además, haya cursado estudios de filosofía, psicología… Las humanidades en general ganarán terreno. Y, para quien no le guste la IA, al menos a medio plazo, profesiones tan interesantes como la de electricista o fontanero tienen el futuro asegurado. Son oficios donde la robótica tardará en sustituir al humano”.



