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Arrecife coralino. Foto: David A. Paz

Los arrecifes coralinos son como los bosques del océano. Estos ecosistemas aportan gran parte de los recursos que recibimos, en alimentos como peces y moluscos, además de que protegen las zonas costeras de huracanes y tomentas. Así lo explica el biólogo marino David A. Paz García, investigador del Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste (CIBNOR), en La Paz, Baja California (México). “La base de la vida de los océanos se desarrolla en estos ecosistemas”, enfatiza el experto en diversidad genética.

El científico mexicano es co-autor de un estudio publicado en la revista Nature Ecology and Evolution y liderado por científicas del Harvey Mudd College, el American Museum of Natural History y el Smithsonian’s National Museum of Natural History (instituciones en EE. UU.). Este trabajo consistió en el análisis genético de cientos de especímenes de todo el mundo que permitió conocer la historia evolutiva de los corales pétreos, aquellos que son formadores de arrecifes, durante las condiciones climáticas pasadas para ayudar a comprender y predecir su destino.

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Este estudio permite conocer “cómo, a través del tiempo, estos ecosistemas, que están compuestos de miles de especies, han sobrevivido y han tenido fuertes eventos de extinción masiva”, explica Paz. “Una de las novedades de este estudio es que se incluyeron una gran diversidad de especies que antes no se habían estudiado”, enfatiza.

Arrecifes coralinos. Foto: David A. Paz García.

El estudio comparó alrededor de 2.000 regiones clave del genoma de estos organismos para tener un panorama completo de su evolución. Con el análisis de estos datos, se examinó cómo las condiciones pasadas del océano moldearon la diversidad de este grupo de organismos.

Actualmente, alrededor de 1.300 especies de corales formadores de arrecifes habitan en los océanos del mundo, pero los crecientes niveles de dióxido de carbono en la atmósfera están calentando y acidificando las aguas, haciéndolas menos habitables para ellos. “Si seguimos con esta presión vamos a acabar con todo”, asegura el biólogo marino.

“Nosotros tenemos un problema muy grande en el Caribe (no solo en México), una zonas turística, de paso de cruceros y de complejos gigantes. Todo eso va al océano y modifica la calidad del agua. Es como un coronavirus pero afecta nada más a los corales”, detalla. Otro de los problemas que daña a estos ecosistemas, según Paz, es el alto consumo de combustibles de origen de petróleo. Estos liberan CO2 y propician la disolución de las estructuras esqueléticas, fenómeno conocido también como la acidificación del océano.

Los autores del estudio descubrieron que el surgimiento de los corales pétreos ocurrió hace 770 millones de años. Esta investigación ubica su origen 250 millones de años antes de la primera evidencia fósil de su existencia. Las condiciones químicas y de temperatura del océano tuvieron que ser adecuadas para su aparición, que permitieron generar esqueletos de carbonato de calcio que ahora forman las grandes barreras de arrecifes.

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Los corales formadores de arrecifes han enfrentado a lo largo de su historia drásticos cambios en el clima y fluctuaciones en la química del océano, que han propiciado grandes extinciones de alrededor del 90 % en las especies asociadas con los arrecifes a lo largo de su historia evolutiva.

En opinión del investigador, conocer la historia evolutiva de los corales formadores de arrecifes durante las condiciones climáticas pasadas permite entender y predecir el destino de estos ecosistemas.

“Mientras más herramientas tengamos para conocer estos ecosistemas, mayores posibilidades tenemos de poderlos ayudar”, asegura el biólogo marino de CIBNOR, experto en herramientas genómicas en arrecifes coralinos no solo en México sino en Latinoamérica.

“Espero que este esfuerzo internacional ayude a generar interés e impulsar la liberación de fondos para realizar más estudios genómicos y evolutivos en estos ecosistemas en México y Latinoamérica”, concluye Paz.

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