app contaminación acústica
Las pruebas iniciales de la app se realizaron en la Antártida, en una expedición dirigida por el investigador Michel André. Foto: LAB UPC

El fondo del mar es un concierto permanente e inaccesible para el oído humano. Los cetáceos, como ballenas y delfines, utilizan el sonido en su vida diaria, para cazar, comer, orientarse o reproducirse. Pero las fuentes de contaminación amenazan su modo de vida.

En Panamá, un estudio reveló que el ruido de los motores de los barcos afecta el comportamiento de los delfines: puede interrumpir su comunicación, al enmascarar sus vocalizaciones, cambiar su velocidad de nado y sus patrones de movimiento. De acuerdo con la ONG Ocean Care, reducir la velocidad de las embarcaciones en un 10 % reduciría la contaminación acústica en un 40 %. 

Ahora gracias a la aplicación “Ear to the Wild” será posible no solo entender esta problemática sino ponerse en la piel de uno de estos animales. Con esta app, los 12 investigadores del Laboratorio de Aplicaciones Bioacústicas (LAB) de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) que la crearon pretenden monitorear la biodiversidad de los océanos desde el teléfono móvil.

“Es una aplicación hecha para la ciencia pero son los ciudadanos los que van a transmitir ese conocimiento a la vez que van a poder ellos mismos escuchar el mundo marino”, detalla el profesor Michel André, director del laboratorio. 

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El velero suizo de investigación Mauritus, de la Fundación Pacifique, que partió hacia el Ártico el pasado 9 de junio y se quedará allí durante cinco años para medir el impacto humano en la zona, es el primer barco en probar esta aplicación. Para el público en general, estará disponible a partir de septiembre. 

La contaminación acústica del mar

Michel André, director del laboratorio LAB de la UPC. Foto: Josh Forwood.

Frente a otro tipo de contaminación más visible, como las mareas negras o el plástico, esta, al ser inaudible para los humanos, es más difícil de detectar. “A diferencia de las contaminaciones visibles, que circulan durante siglos bajo el agua, esta permite que cuando se apague la fuente, se apaguen los efectos de forma inmediata”, agrega André, Premio Rolex 2002.

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Los océanos siempre han estado lleno de ruidos como el sonido de las olas, la lluvia o los terremotos submarinos. Hace poco más de un siglo, con la llegada de la revolución industrial, el ruido de origen humano se introdujo masivamente, amenazando el equilibrio natural.

Los efectos negativos de la contaminación acústica marina

La contaminación acústica afecta a toda la red alimentaria del océano y el aumento de las actividades humanas responsables de sus efectos es tan alarmante como la falta de recursos para estudiarla y controlarla.

Tras cerca de 20 años estudiando el sonido de la vida submarina y sus efectos sobre los animales, André sabe que no solo los cetáceos se ven afectados, también lo están los invertebrados marinos como crustáceos, medusas o corales. 

“Carecen de oído pero tienen órganos sensoriales cuya estructura interna es muy parecida al oído interno de los mamíferos”, asegura. Por ello, cuando sufren traumas acústicos su vida se ve fuertemente afectada: paran de comer, se desorientan, dejan de reproducirse y, al cabo de unos días, se mueren.


Un apasionado del sonido del mar

Cuando todo el mundo estaba confinado debido a la pandemia, André se encontraba en el Antártico recogiendo datos para hacer el primer archivo acústico de la biodiversidad de este sitio, y midiendo el impacto de la contaminación acústica asociada a los cruceros. 

“Ear to the Wild” también fue creada pensando en sitios como este o el Ártico donde hay una fuerte presencia cruceros. A pesar de que la regulación internacional es muy estricta respecto al uso de la tierra, estos representan la única actividad industrial permitida.

Cómo funciona la app

Para compensar la falta de datos bioacústicos marinos y aumentar su accesibilidad para la industria y los reguladores, el laboratorio de la UPC ha creado y desarrollado durante 15 años un programa internacional de investigación, llamado LIDO (Listen to the Deep Ocean), que ha desplegado una red global de observatorios acústicos subacuáticos. Se trata de estaciones fijas instaladas de forma permanente y activas 24 horas.

Estos observatorios están equipados con un paquete de software que analiza continuamente el flujo de datos acústicos y produce espectrogramas (visualización de los sonidos grabados en forma de diagramas 3D). Estos espectrogramas, que se muestran on line en tiempo real, permiten la visualización constante de los paisajes sonoros grabados.

El uso de la aplicación pretende aumentar el conocimiento sobre las necesidades de conservación y detectar de forma remota los cambios en el hábitat. Con un clic se registran automáticamente los sonidos subacuáticos que luego son analizados mediante servidores en la nube (incluidas la medición de los niveles de ruido, la identificación automática de especies y las fuentes de sonido artificial), y estarán disponibles en todo el mundo.

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