El olvido de Maastricht

Tratado de Maastrich Horizonte 2020

Me ha sorprendido el escaso eco que ha tenido el 25º aniversario de la entrada en vigor del denominado Tratado de Maastricht (1 de noviembre de 1993), en fechas donde el euroescepticismo crece en esa Europa unida que tanto celebramos hace veinticinco años. Me parece un grave lapsus y, sobre todo, porque afecta muy directamente a la innovación, un tema en que el programa común denominado Horizonte 2020 ha posibilitado, de hecho, la financiación directa de tantos y tantos programas y la crucial colaboración de instituciones y personas del ámbito de la Unión Europea.

El Tratado firmado en la localidad holandesa de Maastricht el 7 de febrero de 1992 no es cualquier cosa; es el acuerdo fundacional de una Europa con voluntad de unión y que haya pasado tan de puntillas su puesta en funcionamiento es un signo negativo para las expectativas futuras.

Después de la crisis vino el Brexit, se supone que como uno de los efectos del desplome económico mundial, después el problema migratorio, el surgimiento de partidos políticos que defienden la vuelta a la Europa dividida y, para mí absurda, por los efectos que produciría.

Sobre este tema, sin duda uno de los más desastrosos sería la disolución de la labor conjunta en el campo de la Investigación y el Desarrollo que produce innovación. Y lo importante es que esta innovación inunde a todas las instituciones, un tema que probablemente, sería imposible con una Europa desunida.

Como miembro del jurado que otorga el sello de ‘Ciudad de la Ciencia y la Innovación’ en España he tenido la oportunidad de ver la cantidad de proyectos de mejora que se hacen en nuestras ciudades, independientemente de su tamaño, que acercan a los ciudadanos a la ciencia y a la innovación. Pues bien, una buena parte de ellos tienen su origen y fondos en la Unión Europea. Y los hay de muchas cosas, no solo tecnológicos, como corresponde a una concepción transversal de la innovación. La tecnología nos pone el marco adecuado para dar nuevos pasos y esos no solo los dan las grandes empresas, sino también en las pymes y en las propias administraciones.

He leído recientemente en la revista Consejeros una entrevista con Nassim Nicholas Taleb, autor de la ‘Teoría del Cisne Negro’, quizá una de las grandes aportaciones al mundo de la empresa en el siglo XXI y, entre las ideas que lanza, quiero destacar la que habla de las pymes como el verdadero motor de la economía, y es que es así. En las propuestas que hacen las ciudades españolas para acceder o mantener ese Sello promovido por la Red Innpulso, ahora dependiente del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, te das cuenta de que Europa es un gran mosaico de pymes y administraciones al servicio de los ciudadanos.

Europa es un gran proyecto innovador en lo político y en lo social. Como todos, pasan momentos de dificultades, pero que salga adelante es vital para todos los que habitamos en el ámbito geográfico de la Unión, pero también para muchos de los que están fuera de ese ámbito.

Maastricht fue un hito que hay que recordar y el 25º Aniversario de su puesta en marcha lo tenemos que celebrar. De eso depende el Horizonte 2020 y el Horizonte 2030, que ya hay que poner en marcha para que todo lo logrado no se diluya y, sobre todo, para seguir en esa senda que lleva a la innovación y, por qué no decirlo, a la supervivencia.

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