El concepto que tienen sobre sí mismos los escolares y su capacidad de empatizar son factores que están directamente relacionados con las conductas violentas. Los resultados de un trabajo realizado por investigadores de las universidades de Granada y Almería apuntan que aquéllos estudiantes que se valoran de forma positiva y cuentan con mayor capacidad para ponerse en el lugar del otro, tienen menos posibilidad de agredir o ser agredidos.

El estudio también ha puesto de manifiesto que la conducta violenta más usual es la instrumental, es decir, la que se ejerce para obtener algún beneficio –como pegar a alguien para quitarle el bocadillo o hablar mal de otro para tener más popularidad–.

Además, la idea positiva sobre el propio rendimiento académico es el indicador con mayor influencia sobre las conductas no violentas. Es decir, aquéllos que piensan que son buenos estudiantes son menos agresivos y sufren menos acoso.

Trabajar el autoconcepto

Tal y como señalan desde la Fundación Descubre, los investigadores andaluces han publicado los resultados en un artículo en la revista PLoS One, en el que establecen la importancia del autoconcepto y la empatía para la erradicación de las conductas violentas.

Sus conclusiones muestran que en niveles más bajos de empatía aumenta el desarrollo de la agresividad, mientras que un alto nivel disminuye los comportamientos violentos, debido a que cuando el escolar es capaz de identificar los sentimientos de otras personas, evita causar daños. 

“En cuanto a la relación entre el autoconcepto y la empatía, se ha demostrado una relación positiva entre ambos factores psicológicos”, afirma el investigador de la Universidad de Granada Manuel Castro, autor del artículo. “De hecho, se observa que cuando aumenta la empatía, también lo hace el autoconcepto debido a una mejor comprensión e internalización de las circunstancias psicosociales del otro y su influencia en la propia realidad de cada individuo”.

Atendiendo a los resultados obtenidos, los investigadores proponen el autoconcepto como el factor psicológico en el que se debe trabajar desde una edad temprana para prevenir el comportamiento violento derivado de una internalización negativa del yo.

“Los programas de intervención educativa deben promover la percepción positiva que el escolar tiene de sí mismo en sus diferentes dimensiones –indica el investigador–. Es importante trabajar la empatía como una habilidad social, que ayudará a los posibles agresores a ponerse en el lugar de la víctima, disminuyendo la prevalencia de estos comportamientos violentos”.

Ni el tipo de centro ni el género ofrecen diferencias en cuanto a la relación entre estas variables. Sin embargo, el estudio confirma los resultados obtenidos en otros trabajos sobre el tipo de violencia que ejercen chicos y chicas. Ellos practican más la violencia manifiesta, que surge cuando hay algún tipo de agresión física o verbal, como golpear o insultar a un compañero directamente y en la se puede identificar al agresor. Ellas ejercen más la relacional, referida a los comportamientos que provocan la exclusión de un miembro del grupo de iguales y en los que el agresor puede permanecer anónimo.

El trabajo de investigación analizó la respuesta a diversos cuestionarios de 734 escolares (45,2 % niños y 54,8 % niñas) de quinto y sexto año de Primaria en once centros de Granada.

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here