inteligencia colectiva

Al fenómeno, ya comentado, de la irrupción masiva de las plataformas que permiten el multitudinario encuentro en una pantalla, hay que sumar el concepto y el valor –hasta ahora, recluido en los entornos de una cierta élite económica, filosófica y empresas–, de la denominada inteligencia colectiva. Esta no es exactamente la suma de las inteligencias de un número determinado de individuos, sino el valor final de la interacción de esos individuos. 

Unos minutos antes de comenzar a escribir estas líneas he asistido a uno de esos encuentros, en este caso el organizado por Estudio de Comunicación que, con la presencia de Emilio Ontiveros, presidente de Analistas Financieros Internacionales (AFI); Ricardo Martínez Rico, presidente de Equipo Económico; y, Carlos Fernández, portavoz económico de Grand Thornton, generaban un diálogo sobre 'La situación económica, perspectivas y medidas empresariales'. Entre los seguidores del coloquio, nombres que cubren un panorama suficiente para que de este diálogo surgieran ideas que, aunque generales como es obvio, señalan un camino que dibujan un programa de innovación abierta donde se encuentran actores públicos y privados.

A la solución de la crisis de salud, que parece finalmente está encauzada, entre otras cosas por la adecuación de los medios a las necesidades después de la tragedia que, por el momento, ha causado 40.000 muertes, le sigue la enorme depresión económica y la adaptación social a una situación que la mayoría (poco más del 80 por ciento de la población) nunca las habíamos experimentado: alta mortalidad, riesgo masivo de contagio, enclaustramiento en los domicilios, cierre de empresas, destrucción masiva de empleo e incertidumbre ante el futuro. Peor que en la Guerra Civil, que era el paradigma de la depresión en España. 

Un panorama aterrador en una nación donde el 97 por ciento de los más de 3,5 millones de empresas son micropymes, según comentó Emilio Ontiveros. Como dijo Carlos Hernández, recordando al Premio Nobel de Física de 1922, Niels Bohr, "predecir el futuro es difícil; fácil si no hacemos algo inteligente, digo yo". Y hay que hacerlo con la suma del talento, de las instituciones públicas y privadas; los primeros para legislar adecuadamente y poner recursos económicos; los segundos para soportar pérdidas, como ya lo están haciendo millones de empresarios y trabajadores y pensar que el futuro tiene que ser mejor.

La solución medieval –y del emperador romano Marco Aurelio siglos antes– como el confinamiento, que recordó Carlos Hernández, vale para unos momentos determinados y tienen su efecto si, sobre todo, se articula a su debido tiempo; ahora se trata de otro tipo de soluciones, alejadas en muchos casos de otros planteamientos tradicionales, tales como el endeudamiento, tema en el que no todos están de acuerdo. 

El crecimiento del déficit en estos últimos años y el seguro que se va a producir este y el incremento de la deuda, que puede alcanzar el 120 por ciento del PIB no parece que sea una buena noticia para afrontar el día después del que habló Emilio Ontiveros, el más favorable a barajar opciones en el manejo de la deuda, fuera de la rigideces que, en principio, quiere guardar la Unión Europea. 

Discrepancias en este tema a cuenta de la deuda pública y privada aparte, que para Juan María Nin, ex consejero delegado de CaixaBank, el sector privado ha hecho un gran esfuerzo en los últimos años, cosa que no ha hecho el sector público. Parece que el consenso apunta hacia soluciones de la mano de la aplicación de los sistemas que aportan las nuevas tecnologías: desde las plataformas como las que se están utilizando, y que permiten reuniones como a las que vivimos el día 13, a otras en días anteriores a las que asisten en el entorno de 200 personas, y cada una desde su casa; hasta las ya conocidas, pero todavía por desarrollar extensamente como el IoT, la Inteligencia Artificial o el blockchain, etcétera. "Son el camino que hay que abrir", como apuntó Carlos Fernández.

En el fondo, es lo que tantas voces ya han dicho: que cosas que pensábamos que eran de un futuro más o menos próximo, o más bien de medio plazo, se han convertido en actualidad, tanto por lo que se ha hecho como por lo que hay que hacer, que tiene que ser muy rápido y con un único eje posible: la inteligencia colectiva.  

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