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Imagen de Marina de Empresas, uno de los grandes polos de innovación de Valencia.

En unos días conoceremos los candidatos que disputarán a Pedro Duque, actual ministro de Ciencia e Innovación, la dirección general de la Agencia Espacial Europea (ESA). Y dentro de un mes, conoceremos la Capital Europea de la Innovación 2020, galardón que se disputan doce ciudades europeas, entre ellas Valencia, única ciudad española seleccionada para este último tramo.

Los dos temas son importantes y del primero ya hablamos en un reciente post. En el segundo caso, la capital valenciana compite con referencias muy importantes en el mundo de la innovación por la ciudad en sí y por el país al que pertenece. Suecia es el líder de la innovación en Europa y presenta Helsinborg; Finlandia, otro de los países punteros, presenta Espoo y Holanda, otro de los líderes, Groninga y Leeuwaden. Otro país que tiene dos ciudades entre las doce finalistas es Austria con Linz y la capital, Viena, e Italia, Milán. Bélgica tiene Lovaina y Gante, Islandia, Reijavik; y, Rumanía, Cluj-Napoca.

La elección no es fácil pero personalmente creo que debería ganar Valencia por diversas razones. Primero porque su programa Missions es un completo programa de acción con un horizonte que engarza perfectamente con todas las facetas posibles de la innovación en una ciudad, como nos explicó Carlos Galiana, concejal de Innovación y Gestión del Conocimiento de la ciudad en una entrevista publicada hace unas semanas.

Con un horizonte de diez años, hasta 2030, en estos primeros están comprometidas casi un centenar de acciones, muchas de ellas, pioneras y con expectativas de que puedan ser ejemplo para futuros proyectos en todo el mundo. Pero no es solo eso. Valencia es un epicentro de innovación pujante en una Comunidad que tiene, por ejemplo, el mayor número de Ciudades de la Ciencia y la Innovación en las tres provincias que la componen y España necesita acicates para salir de una crisis que, desgraciadamente, no ha hecho más que empezar y va a ser más profunda de lo que podíamos pensar.

Si ya la innovación necesita en España de mucho esfuerzo y mucho trabajo escasamente retribuido en casi todas las actividades relacionadas, incluida la difusión de la misma, no tener estas referencias nos puede hundir aún más. Como ya dije hace semanas, de esta crisis saldremos con la innovación, que es tanto como decir con el talento y la imaginación, además de fuertes dosis de trabajo y esfuerzo.

Que Valencia sea una de las finalistas nos anima y nos va a animar mucho más si es elegida. Entre otras cosas, la Unión Europea tiene que velar por el equilibrio de este ámbito europeo que pretendemos desde hace años. Todos dirán lo mismo, pero es ahora el sur de Europa el que necesita de estos catalizadores y, sinceramente, creo que entre Milán, que forma parte de esa gran área de riqueza que es el centro de Europa, y Valencia, no hay discusión en función de la utilidad.

La conexión con un concepto global de la innovación en Valencia es superior al de la mayoría de las ciudades que se presentan y sus propuestas superiores en términos sociales y medio ambientales. Si la sostenibilidad es uno de los ejes de la política europea, Valencia y su programa Missions es el mejor ejemplo de hacia dónde ir. Sin duda alguna, la capital valencia sería un excelente Punto de Encuentro para los intereses de la innovación global de Europa y especial de España.

P.S. El viernes 11 de septiembre la Comisión Europea informa que “tras una intensa fase de evaluación, Valencia y cinco ciudades más (Cluj-Napoca, Espoo, Helsinborg, Lovaina y Viena) competirán por ser Capital Europea de la Innovación 2020.

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