Los tiempos cambian y hay que saber que si se escucha a alguien hablar de gacelas y elefantes, muy probablemente no estén hablando de un zoológico o de un safari –fotográfico, por supuesto- sino que lo hagan de innovación. Pasa lo mismo si escuchan hablar de animales más o menos mitológicos o extraños como unicornios y ovejas verdes. Todos ellos forman parte de ese extraordinario zoológico creado por la innovación. 

Es una necesidad que primero anuncia un cambio en la sociedad y después lo confirma. Ha pasado ya otras veces en la historia porque lo que surge no tiene nombre. No podemos definir fenómenos o situaciones nuevas si no sabemos exactamente cómo son y qué representan. Entonces les ponemos nombres de algo conocido y qué mejor que recurrir a palabras conocidas para simplificar definiciones. 

Todos asociamos los unicornios a algo extraordinario que conjuga las excelencias de los varios animales que conforman su imagen, sobre todo el caballo. Es la imagen de la empresa innovadora que alcanza el triunfo muy rápidamente en el mercado. Rupturista, es el anhelo de cualquier individualidad o colectividad. Todos los países queremos tener "unicornios". 

Pero para llegar hasta ahí, el ecosistema innovador necesita de las gacelas, de los elefantes, empresas o individuos que reflejan las cualidades de estos animales. Quién no se acuerda de los tigres asiáticos, esos países de Extremo Oriente que del Tercer Mundo han pasado a la pugna por liderar el mundo global, ese nuevo universo definido por la inmediatez.

Hacer lo incomprensible, comprensible. Ese es el objetivo. Con mucho arte, el musicólogo y profesor de la Universidad de Salamanca José Máximo de Leza abría su comentario a la ópera Agrippina, de Händel, de reciente estreno en Madrid, con un frase brillante y esclarecedora: “Cuando la realidad supera a la ficción, la maestría de un creador consiste en construir una ficción cuya verosimilitud artística ponga freno a los excesos de la realidad”. Lo logrado por las empresas que llamamos unicornios supera la realidad a la que estábamos acostumbrados y cómo llamar a todas esas personas que ponen su tiempo y sus conocimientos e inquietudes al servicio de la empresa: ovejas verdes. 

No hace mucho eran bichos raros solo en la cabeza de los niños, hoy son una de las bases de cualquier empresa. Francisco González Bree (Paco Bree), director del 'Master in Business Innovation' de Deusto Business School, me da la pista de Enric Segarra, profesor de Estrategia, Operaciones, Creatividad e Innovación, que utiliza esta terminología para hablar de este tipo de personas: “Parafraseando a Tom Peters… busca dentro". La mayoría de las  empresas hierven de innovaciones, pero sus héroes están ocultos. Hay que identificarlos, mimarlos y motivarlos. "Como digo yo –continúa Segarra–, busquen dentro e identifiquen a sus ovejas verdes”.

[La necesaria innovación desde dentro]

También creo que hay tortugas en nuestro zoo. Son los que tienen más conchas que un galápago. Pueden ser los que tienen más experiencia; los de las canas. Incluso buitres en su acepción e imagen más positiva: majestuoso volar cuando despliegan sus alas para observar y limpiar; águilas, por supuesto. Las aves las hay, pertenezcan o no al ecosistema innovador. Lobos, zorros, podencos y sabuesos, como en la vida misma; osos y hasta hipopótamos. No tardaremos mucho tiempo en darles nombre sencillos a la realidad que supera la ficción. 

Hace unos días conocimos informes que hablan de las lesiones que crean en los pulgares el teclear en los smartphones; las lesiones en la vista el tiempo prolongado delante de una pantalla; el cambio de utilización del dedo índice en los niños pequeños que, en vez de señalar, intentan pasar una página de un libro desplazando el dedo por la misma, como si estuviera con una pantalla de tablet o teléfono. No sólo es el léxico lo que adaptamos. 

Imposible no acordarse, a pocos meses del 75 aniversario de la publicación de Rebelión en la granja, de George Orwell, como recurrimos a lo más sencillo para explicar situaciones que tienen difícil explicación. Y eso que la Inteligencia Artificial no está haciendo más que empezar y, por fin, descubriremos el leguaje de los pájaros.

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