Rafael Román-Caballero: divulgación para explicar por qué la música es un combustible de calidad para cerebros de todas las edades

El investigador de la Facultad de Psicología de la Universidad de Granada en el Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento recibe el Premio de Divulgación sobre Medicina y Salud Fundación Lilly-The Conversation
rafael roman caballero musica cerebro
El investigador de la Universidad de Granada, Rafael Román-Caballero.
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El artículo “¿Cuáles son los beneficios cerebrales de tocar un instrumento?de Rafael Román-Caballero, investigador de la Facultad de Psicología de la Universidad de Granada en el Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento, ha sido el trabajo galardonado en la primera edición del Premio de Divulgación sobre Medicina y Salud Fundación Lilly-The Conversation.

Somos animales racionales, lingüísticos… y musicales. “La música es un fenómeno de disfrute universal. Muy pocas personas pueden afirmar radicalmente que no les gusta. Es común a todas las culturas, con algunos géneros muy similares, como las nanas”, explica a Innovaspain Rafael Román-Caballero. “Al tiempo es algo muy humano. No despierta estas sensaciones en animales filogenéticamente próximos a nosotros, como determinados simios. Los humanos llevamos decenas de miles de años construyendo y tocando instrumentos, y cantando desde mucho antes".

En su interés por profundizar en los beneficios de la música en el cerebro confluyen dos experiencias personales. El investigador estudió violín durante diez años –“hoy solo toco por hobby”-. Más tarde, en cuarto de carrera, realizó unas prácticas en una clínica de neuropsicología y pudo comprobar de primera mano las ventajas de mezclar disciplinas. “Teníamos muchos pacientes con demencia, pero todos ellos eran distintos entre sí. El clínico tiene que ser creativo, pensar y leer mucho, buscar la eficacia de las intervenciones para frenar o compensar el deterioro cognitivo. En este punto la música me dio muchas ideas nuevas. Dentro de 30 años la mayoría de la población será mayor, así que tenemos que manejar muchas alternativas para preservar esas capacidades”.

Habilidad y aprendizaje

Cuando se compara el cerebro de músicos experimentados con personas que nunca han tocado un instrumento, muchas regiones del cerebro de los músicos tienen un mayor volumen y grosor. También muestran cerebros mejor conectados. “Todo ello tiene sentido si pensamos en la actividad musical, donde están involucradas tantas capacidades y procesos a nivel mental y sensorial. Un músico utiliza ambas manos, siente y presiona el instrumento. Ha de mantener el oído alerta para corroborar que el sonido es el esperado, controlar la partitura, prestar atención a las indicaciones del director de orquesta o de otros músicos”, detalla Rafael Román-Caballero.

En otra capa de complejidad, el investigador incluye la memoria, protagonista en las múltiples ocasiones en las que los músicos prescinden de partitura. “Es destacable además su flexibilidad. Pensemos en un cantaor flamenco que de pronto cambia de tonada. Ello obliga a los músicos a adaptar su interpretación”.

Este entrenamiento deja huella. Los músicos mejoran capacidades mentales generales como la memoria y la atención. También potencia el rendimiento académico y las habilidades lingüísticas y matemáticas de los niños. “Sin embargo, los músicos se adentran en esta actividad, cuyo aprendizaje requiere de un esfuerzo encomiable, por el disfrute que les produce y para socializar con otras personas alienadas con sus intereses, no para mejorar las capacidades de su cerebro. El brain training es un ‘efecto secundario’ que quizá no ha sido atendido lo suficiente por la ciencia. La música enriquece a nivel emocional y social, pero también cognitivo”.

Al alcance de todos

No hace falta ser un músico profesional para gozar, al menos en parte, de algunas de estas ventajas. “Cuanto más tiempo le dediquemos, más beneficios adicionales obtendremos, pero a nivel amateur también son palpables. Conviene además hablar de las mejoras extra a las que nos lleva la música. Un violinista necesita estar en forma para tocar un instrumento que obliga a movimientos constantes, lo que probablemente le haga practicar yoga o pilates. Un saxofonista depende de una buena capacidad pulmonar, así que lo más seguro es que no fume. Esta adaptación es también muy positiva”.

El investigador explica que, en el caso de los niños, las mejoras experimentadas gracias a la música no dependen de una situación socioeconómica que a priori les sitúe en una posición más favorable en lo sensorial (familias culturalmente más inquietas) y en lo práctico (los instrumentos no son baratos). “Es más, los niños que proceden de un estrato social más bajo, quizá más estresados en casa y en el colegio, viven un impacto mucho mayor en sus capacidades cognitivas. Son una maceta que necesita más agua y la evolución es más notable”.

Nunca es tarde

Adicionalmente, el investigador y su grupo preparan varios proyectos que relacionan música y envejecimiento. “Queremos trabajar con personas que nunca han tenido contacto con un instrumento para analizar sus evoluciones a lo largo de un año y más allá. Pensamos que nunca es tarde para empezar a leer partituras. Aunque el impacto es mayor en el cerebro de los niños, los nuevos aprendizajes siempre provocan cambios; adquisiciones que nunca se pierden. Ante el deterioro cognitivo, sea patológico o natural, la música puede ayudar a que ‘caigamos’ desde mucho más alto, y así tardar más en dejar de valernos por nosotros mismos”.

Sobre el premio de Fundación Lilly-The Conversation, Rafael Román-Caballero destaca que la divulgación es de vital importancia porque “la carrera científica no es solo en obtener resultados, sino compartirlos”. El investigador cree que hay que llegar a todos los agentes capacitados para hacer un uso positivo del conocimiento, y la sociedad está en el top de esta pirámide. “El saber cambia el concepto que las personas tienen de la realidad, y a medida que cambia la percepción del mundo, lo hacen las reivindicaciones de la opinión pública”, concluye.

Nota: el segundo premio ha sido otorgado al artículo “La vida secreta de las plaquetas”, de Patricia Martínez Botía, que actualmente cursa el Programa de Doctorado en Ciencias de la Salud de la Universidad de Oviedo y el Instituto de Investigación Sanitaria del Principado de Asturias (ISPA).

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