Pacto verde isabel medina IIM-CSIC

El CSIC celebró hace unos días un encuentro online en el que distintos investigadores analizaron la influencia de sus respectivas áreas de conocimiento para llevar a buen puerto el Green Deal promovido por la UE. Desde el Instituto de Investigaciones Marinas (IIM-CSIC), Isabel Medina, experta en alimentación, explicaba la alineación de su trabajo con la propuesta europea. “Tenemos un enfoque multidisciplinar y global con el objetivo de contribuir a un uso más racional de los recursos y los ecosistemas marinos”.

Desde esta óptica, las investigaciones de Medina y su equipo inciden en la cadena alimentaria en su conjunto. “Desarrollamos ingredientes de calidad, seguros, inocuos y que aporten valor nutricional”. La experta confía en que el Green Deal refuerce el posicionamiento de Europa como referente en alimentación sostenible. “Ha llegado el momento de que los europeos tengamos una ‘marca’ común de alimentos sostenibles que nos diferencie”.

La idea de la Comisión Europea es fijar una serie de estándares antes de 2023 y premiar a los productores capaces de hacerse con este distintivo de calidad. “Europa debe liderar el gran cambio del sector. Lo positivo es que la dotación de ayudas es exigente. Las call abiertas requieren demostrar que el proyecto a financiar emplea una tecnología que realmente funciona. Es un paso más porque aúna innovación y tracción. Ayuda a que las soluciones aportadas lleguen a ser significativas”, añadía Isabel Medina.

Trabajo por delante y el papel del IIM-CSIC

En esta transición, el IIM-CSIC cuenta con el conjunto de la industria, desde el sector primario hasta la llegada de los alimentos al mercado. “Son muchos los retos que la innovación y la ciencia tienen ante sí para mejorar los procesos. Uno de los más importantes pasa por preservar el equilibrio entre la sostenibilidad y la competitividad de la pesca, la ganadería y la agricultura”. Según Medina, esta irrenunciable sostenibilidad ha de ser también social y económica. “Queremos que al productor que ha ido rezagado en ingresos hasta ahora le empiecen a ir mejor las cosas”.

Otro de los desafíos que urge abordar consiste en compaginar la lucha contra la pérdida de biodiversidad con hacer frente a una creciente demanda de alimentos, que multiplica la dotación de terrenos para cultivos y ganado. “La estrategia verde impulsa el desarrollo de técnicas de precisión. Además, las herramientas biotecnológicas nos ayudarán a conseguir nuevas variedades para evitar el consumo excesivo de suelo y recursos. Países como Noruega van por delante en el empleo de estas técnicas inteligentes. El empuje de la Unión Europea nos da la posibilidad de incorporarlas con más decisión y que ningún sector ni país se quede atrás”, señalaba Medina

A juicio de la investigadora, el pacto verde europeo llega en un momento en el que la sociedad está más preparada para encajar este tipo de propuestas. Gana enteros la conocida como ciudadanía alimentaria, que lleva al consumidor al centro de la industria. “De ser concebido como sujeto pasivo, pasa a ser un sujeto activo con derechos y deberes; derecho a recibir una alimentación de calidad y saludable, pero también para ejercer un papel responsable sobre su consumo de alimentos y del impacto de sus hábitos en generaciones siguientes. Lo podemos hacer entre todos”, concluía Isabel Medina.

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