Mahi-Mahi: la innovación en los colegios empieza en el comedor

Cuando Alex Filiatreau, experta en proyectos de innovación centrada en personas, se adentró en el corazón de algunos colegios de Euskadi, concretamente en sus comedores, se dio cuenta de que tanto los alumnos como los profesores habían generado cierto ecosistema de caos y estrés. Este proceso a lo Jefe Infiltrado –el famoso programa creado por Stephen Lambert que triunfa en Estados Unidos– dio como fruto uno de los proyectos más innovadores en torno a los comedores infantiles. Su empresa, Apitropik, desarrolló para la compañía de restauración vasca Askora un proyecto basado en hacer de una cantina para niños toda una experiencia cambiando las reglas del juego: Mahi-Mahi, que la propia Filiatreau  “experiencias de comedor únicas para colegios e ikastolas innovadoras”, donde llegaron gracias a la colaboración de los propios niños.

Mahi-Mahi –uno de los finalistas en los últimos Service Design Award– se basa en una metodología de diseño propia que ayuda a definir cómo será la nueva experiencia del comedor en los colegios. Para ello, se tienen en cuenta las características del espacio y los objetivos como centro. “Cada colegio tiene unas necesidades y vive situaciones diferentes, por lo que hay que conocer muy bien al personal de los centros y pasar muchas horas con ellos, desde profesores hasta alumnos y también trabajadores de limpieza o de cocina”, explica Filiatreau.

Al mismo tiempo, Mahi-Mahi organiza talleres en los que los alumnos participan junto a las familias, el profesorado y el propio personal del comedor. “Mientras están en el comedor los alumnos tienen roles determinados: unos llevan el agua, otros limpian, recogen, sirven… El objetivo es que aprendan divirtiéndose y también adquieran responsabilidades”. En este sentido, la iniciativa considera que el espacio es clave para generar dinámicas adecuadas. “Una de las causas del caos que suele haber en los comedores es que los niños vienen de estar mucho rato sentados en clase y pasar directamente al comedor no ayuda a que desconecten”. Como solución, Filiatreau y su equipo propusieron “el fin de las colas”, donde los alumnos en vez de esperar de pie largos ratos hasta entrar al comedor lo hicieran en pequeños grupos.

Alimentación sana
Para Mahi-Mahi, ofrecer la mejor alimentación implica preparar menús sanos y equilibrados, pero también utilizar productos ecológicos y locales. “Queremos educar a los más jóvenes en un estilo de consumo más sostenible”. Además, el proyecto enfoca el momento de la comida como unmedio para conocer otras culturas, preparando periódicamente platos de distintos orígenes para que los alumnos descubran sabores de otras latitudes.

“Creemos que un comedor no es sólo un espacio en el que los alumnos y alumnas se alimentan, sino un lugar en el que, si se generan las condiciones adecuadas, se puede aprender, desconectar, compartir, celebrar… En definitiva, una experiencia personalizada y educativa que, además, tiene continuidad en el patio con actividades y talleres diseñados con el mismo fin”, apunta Filiatreau, que asegura que el objetivo de Mahi-Mahi no concluye en Euskadi, sino que “queremos que sea exportable a otros lugares y que el modelo sirva de referencia”.

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