Hace cinco años, en una terraza de Madrid, investigadores del Instituto de Ciencias Agrarias del CSIC (ICA-CSIC) tuvieron una idea: que un tejado podía convertirse en un techo verde productivo. Huertos urbanos que reducen las islas de calor de las ciudades, mayor estética, más biodiversidad y una mejor funcionalidad. Oasis verdes. Ahora, el proyecto MadreenRoof, como decidieron bautizarlo, se propone mezclar compost y residuos orgánicos para mejorar esta «agricultura urbana».
En el propio tejado del ICA tienen este huerto urbano, donde cultivan hortalizas que, según el equipo, son perfectamente comestibles y seguras. Lechugas y acelgas en otoño, tomates Moruno de Aranjuez en verano.
Marco Panettieri, investigador de MadreenRoof, cuenta que en estos años se han dedicado a analizar la productividad y la sostenibilidad de la agricultura urbana en las azoteas de Madrid. «Para ello, hemos transformado la propia cubierta del instituto en un techo verde, donde analizamos el cultivo de hortalizas utilizando sustratos producidos por nuestro propio equipo».
Esta última parte es importante. Porque huertos urbanos ya hay, pero ¿con sus propios materiales como compost? «Nuestros hallazgos respaldan el uso de los nuevos materiales que hemos realizado para fomentar nuevas iniciativas de agricultura urbana, que permitirían, por ejemplo, utilizar espacios infrautilizados, como las cubiertas de los edificios —explica—. Además, añadirían en la planificación urbana más sostenible un elemento de economía circular, ya que estamos reaprovechando nuestros propios residuos para convertir las ciudades no sólo en sitios de consumo, sino en sitios de producción de los alimentos».
Hasta un 70% más de producción
Algas invasoras procedentes de las costas atlánticas y residuos alimentarios, como posos y cascarillas de café, compostados con restos de poda y «biochar» —o biocarbón, un subproducto rico en carbono que se obtiene de la pirólisis de la biomasa—». Estos son los biorresiduos que utilizan para obtener los sustratos del cultivo de MadreenRoof para su huerto urbano, todo de manera ecológica y sostenible.
Es Cristina Gómez Ruano, técnica superior del ICA-CSIC, quien habla sobre ello: «Estos materiales están basados en el compost de biorresiduos, es decir, en residuos orgánicos biodegradables que provienen de algas marinas, de restos alimentarios como la cascarilla de café, que es la piel que recubre al grano y que se desprende durante el tueste», matiza.
«Y también de un producto similar al carbón, de leña, el biochar, que se obtiene de la pirólisis de residuos de biomasa. Tras usar estos sustratos en el cultivo de lechugas, acelgas y tomates, hemos visto cómo la producción de estos últimos aumentaba en la azotea hasta un 70% en comparación con la producción de campo de la misma variedad. También hemos comprobado que su calidad es similar a la de los tomates obtenidos en campo [datos, por cierto, publicados recientemente]», asegura. «Y quizás lo más relevante es que pueden ser consumidos sin ningún tipo de riesgo para la salud», insiste, tanto ella como el propio dossier de prensa de MadreenRoof.
Asimismo, dentro del proyecto están evaluando «otros servicios» dentro de la iniciativa, como puede ser el cálculo del impacto sobre la biodiversidad urbana, cómo se pueden aislar las cubiertas, secuestro de carbono o la posibilidad de mitigar inundaciones por la retención de agua en estas azoteas.


