Actualmente, se estima que el alzhéimer y las patologías neurodegenerativas afectan a más de 900.000 personas en España: una de cada diez mayor de 65 años y un tercio de las de mas de 85 años. Por otro lado, la principal causa de discapacidad a lo largo de la vida son las alteraciones cerebrales, cuyo gasto anual supone más del 10 % de la riqueza del mundo entero. Sin tratamientos curativos y dado que la esperanza de vida sigue en aumento, en el año 2050, el número de casos podría triplicarse en el mundo (1,5 millones de personas solo en España), una realidad capaz de colapsar los sistemas sanitarios y asistenciales.
En la Fundación Pasqual Maragall (nacida en 2008), más de 200 profesionales trabajan con un doble objetivo: promover la investigación para prevenir el alzhéimer, y ofrecer soluciones que mejoren la calidad de vida de las personas afectadas, sus familias, y las personas cuidadoras. En este sentido, la fundación cuenta con el Barcelonaβeta Brain Research Center (BBRC), un centro de investigación dedicado a la prevención de la enfermedad y al estudio de las funciones cognitivas afectadas en el envejecimiento sano y patológico.
Tratamientos prometedores
La Dra. Nina Gramunt, neuropsicóloga experta en formación y divulgación de la Fundación Pasqual Maragall, explica al otro lado del teléfono que, “después de dos décadas de estancamiento en materia investigadora”, han empezado a ver la luz algunos tratamientos con efectos más claros sobre los pacientes de alzhéimer. “Contamos con fármacos que en fases iniciales de la enfermedad pueden ‘disolver’ la acumulación excesiva en el cerebro de determinadas proteínas que alteran el funcionamiento del cerebro, como la beta-amiloide. Observamos cierta ralentización de la enfermedad. El alzhéimer no frena en seco ni retrocede, pero podemos intervenir”.
La experta advierte de que estos avances tienen “luces y sombras”. “Su implementación no es fácil. Requiere cambios de base importantes; en la propia concepción del alzhéimer”. Gramunt alude a la necesidad de modificar la dirección de algunos recursos asistenciales. “Hemos de aumentar capacidades en la detección precoz de la enfermedad y que sea aprobada la amplia cobertura de estos fármacos (cuyo precio es elevado) en los sistemas sanitarios. De todos modos, es un gran paso”.
El poder de la prevención
En paralelo al progreso investigador, la doctora recuerda que trabajar en la prevención del alzhéimer está al alcance de todos nosotros. Los argumentos de la Fundación Pasqual Maragall, basados en la evidencia científica, coinciden con los de otros expertos de referencia mundial, como el catedrático de Neurología de la Escuela Médica de Harvard, Álvaro Pascual-Leone, coautor de “El cerebro que cura”.
“Partimos de una máxima: lo que es bueno para el corazón, también lo es para el cerebro”, asegura Gramunt. “Reducir factores de riesgo; tratar o controlar adecuadamente la hipertensión, la diabetes o el colesterol, mejora el riego sanguíneo y favorece la llegada al cerebro de los nutrientes esenciales. La investigación científica ha demostrado que el viejo adagio ‘mens sana in corpore sano’ tiene mucha razón de ser”. A la ecuación hay que sumarle ejercicio físico y una nutrición equilibrada, “con un impacto directo en la salud neuronal”.
Gramunt menciona la relevancia de otros hábitos que ayudan a mantener la mente activa, como pequeños nuevos retos o aprendizajes. “Dormir bien es importantísimo. Caemos en el error de creer que, cuando dormimos, el cerebro no hace nada. Más bien al contrario: lleva a cabo funciones muy importantes; una de ellas es la de limpiar los ‘residuos’ acumulados durante el día. Otro factor clave es la socialización. Las relaciones humanas son en sí mismas una fuente de estimulación cognitiva que mejora el estado de ánimo en general y que nos aleja de la temida soledad no deseada, un factor de riesgo en distintos tipos de demencia”.
Cuando preocuparse
Dentro de su vocación divulgativa, la doctora Nina Gramunt lanza una batería de recomendaciones para diferenciar señales normales propias de las edades avanzadas de otros síntomas que sí deben encender las alarmas. “Para empezar, conviene saber que el envejecimiento en sí mismo no es una causa de demencia. Eso no quiere decir que algunas funciones cognitivas se vean en parte mermadas a medida que cumplimos años”.
La doctora detalla que entran dentro de lo normal los lapsus a la hora de recordar hechos recientes o determinados nombres. “Lo que marca la diferencia es, por ejemplo, saber claramente quién es ese famoso actor que éramos incapaces de nombrar cuando nos dan distintas opciones de las que una es la correcta. Se trata más bien de un problema de acceso al recuerdo, pero la información no ha desaparecido”.
Nina Gramunt explica que, en su día a día, estas personas mayores pueden desarrollar estrategias con agendas o alarmas en el móvil para compensar esos pequeños despistes. “Un factor adicional a tener en cuenta es si estos olvidos son más bien sutiles, estables en el tiempo y sin empeoramientos significativos. La causa puede ser más grave si van in crescendo con el paso de los meses o si la persona mayor ya no puede ‘defenderse’ con sus estrategias. Entonces podemos sospechar que no es algo pasajero, motivado por la pérdida de un ser querido o un cambio en la medicación, y conviene acudir a un profesional médico”.
Lo siguiente
La neuropsicóloga de la Fundación Pasqual Maragall opina que “el escenario ideal a corto plazo” pasa por agilizar el cribado poblacional para la detección precoz del alzhéimer. “Disponemos de pruebas muy poco invasivas, como muestras de sangre donde vemos biomarcadores indicadores de la patología. Es muy importante ganarle tiempo a la enfermedad. Cuánto antes se detecte y empiece a ser tratada, mayor beneficio obtendrá el paciente y su progresión será más lenta. La idea es dotar de vida a los años, y no de años a la vida”.
Una quincena de entidades y una base social de más de 93.000 socios contribuyen económicamente a la continuidad de la Fundación Pasqual Maragall. “La investigación científica es el único camino para vencer a la enfermedad. También es importante sensibilizar y divulgar para desestigmatizar el alzhéimer y las enfermedades neurodegenerativas. Para apoyar esta causa, es fundamental entender que nadie está exento de sufrir la enfermedad. Hablemos de ello; rompamos prejuicios y derribemos algunos temores ante el diagnóstico. Naturalizar el problema supondrá más apoyos para la fundación”, concluye Nina Gramunt.



