Juan Arana (izq.) y Paco Valls (dcha.), director y organizador del curso sobre los grandes científicos del siglo XX

Ambos resultaron claves en “las dos revoluciones científicas más importantes del siglo XX, que son la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica”. Se tata de Albert Einstein y Niels Bohr, que fueron amigos y al mismo tiempo rivales, sobre todo debido a sus “discrepancias sobre cómo había que entender la física”, una discusión “casi en clave filosófica”.

“Cuando Bohr llegó a la explicación madura de la teoría [de la mecánica cuántica], Einstein no estuvo muy de acuerdo”, afirma Juan Arana, catedrático de Filosofía de la Universidad de Sevilla y miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. “Por eso hubo una gran tensión y discusión entre ellos, de la cual, de alguna manera, el que salió vencedor fue Bohr. Eso hizo que Einstein se marginase y, siendo el científico más famoso y conocido, se quedó solo durante los últimos 30 años de su vida”.

Arana dirige el curso que, de jueves a sábado, acoge el Observatorio Activo ‘Ávila 1.131’ bajo el título de ‘Las cosmovisiones de los grandes científicos del siglo XX’. Y el seminario ha arrancado con la ponencia que dicho catedrático ha dedicado a Einstein y Bohr. Después han llegado y llegarán otros muchos científicos de renombre: Heisenberg, Alan Turing, Stephen Hawking, Santiago Ramón y Cajal o Severo Ochoa, entre muchos otros.

Por tercer año consecutivo, el Seminario Internacional Permanente ‘Naturaleza y Libertad’, de la Universidad de Sevilla, cuenta con la colaboración de la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno para realizar  en su sede de Ávila un curso de verano.

Grandes sabios del siglo XX

“Buscamos grandes científicos del siglo XX que no solo sean interesantes por sus descubrimientos, sino también por sus preocupaciones de otro rango en el campo ético, político, religioso, filosófico, cultural…”, explica Juan Arana en relación a esta tercera edición de su curso de verano.

Primera jornada del seminario celebrado el Observatorio Activo ‘Ávila 1.131’.

Han decidido centrarse en el siglo pasado por la importancia de sus protagonistas, cualidad que, en opinión del catedrático de Filosofía, viene determinada por las duras experiencias que tuvieron que superar. “Al ser una época que vivió crisis muy profundas, la gente no tuvo fácil su existencia y eso les dio mucha profundidad –continúa–. Uno se da cuenta que no eran personas superficiales”.

“Bendita situación en la que llevamos más de 80 años sin tener ninguna conflagración global, pero la gente se acostumbra a que una época de paz, tranquilidad y prosperidad económica es algo que se puede dar por hecho –advierte–. Quizás eso hace que la gente sea más superficial en sus plantaemientos, menos autoexigente en el plano ético, y que a veces simplemente no tenga una solidez como la que se encontraba con mucha facilidad en el siglo XX”.

“Por supuesto que también en el siglo XXI hay personas de enorme talla y envergadura desde muchos puntos de vista, pero esta solidez y riqueza que tuvieron los grandes sabios del siglo XX yo dudo que se esté dando en la actualidad”, puntualiza en el director del curso.

Más unión entre filosofía y ciencia

Arana cita a Lee Smolin y sus planteamientos expuestos en el libro Las dudas de la física en el siglo XXI, donde se queja de que “los científicos de hoy en día a veces desprecian esa preocupación que tenían Einstein, Bohr y los grandes del siglo XX no solamente por las cuestiones concretas, sino también por el espacio, el tiempo, la materia, la energía, la causalidad…”.

Este el motivo, en opinión de Smolin, de que parezca que “la ciencia ha llegado a un callejón sin salida y no sepamos cómo romper ese punto muerto”. La falta de conexión entre científicos y filósofos ha sido mala para ambas partes, así que la solución pasa por volver a estrechar lazos. 

El director del curso cree que “el colectivo filosófico se ha encerrado muchas veces en su propia torre de marfil, se ha dedicado a hacer una filosofía museística, es decir, dar vueltas una y otra vez a los filósofos de siempre”.

Considera que la filosofía es interesante cuando se sabe explicar. Y lo mismo ocurre con la ciencia. Pero advierte de que la divulgación, tanto de una rama como de la otra, no debe centrarse en la espectacularidad o en aspectos de carácter puramente comercial. “No lo convirtamos en un género de bestseller”.

“A mí me parece que una persona que ignora en qué consiste el segundo principio de la termodinámica es tan ignorante como una persona que no sabe quién fue Shakespeare –concluye–. Deberíamos buscar una cultural integral y para eso la divulgación científica y filosófica son fundamentales”.

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