La metástasis es la principal causa de muerte por tumores sólidos. En España, del total de 38.318 diagnósticos de cáncer de mama previstos en 2026, entre el 5 % y el 6 % presentarán metástasis desde el momento de su detección. En cáncer de pulmón se estima que más de la mitad de los 34.908 nuevos casos se detectan ya en estadios avanzados.
Pilar Fernández, paciente de mama de cáncer metastásico preside la Alianza frente a la Metástasis, Innovación y Apoyo (ALMIA). El objetivo de la iniciativa es mejorar la calidad de vida de los pacientes además de promover la innovación en oncología y contribuir a una mayor visibilidad y reconocimiento socia de la enfermedad metastásica.
La semana pasada, ALMIA, junto a la alianza en oncología de las pharma Daiichi Sankyo y AstraZeneca, celebró una jornada en Madrid para dar a conocer el momento del cáncer metastásico en el plano investigador y social. La cita también sirvió para que ALMIA anunciara que ha llevado a cabo una propuesta oficial para institucionalizar el 10 de junio como el Día Mundial del Cáncer Metastásico.
La metástasis ya no es sinónimo de final de vida
“A pesar de todos los avances médicos y científicos, y de la mejora de nuestra calidad de vida, tenemos un grave problema de visibilidad social”, explica Fernández. “La metástasis aún es una patología ignorada dentro del discurso social del cáncer”, añade. ¿La causa? Para la presidenta de ALMIA, no se debe a falta de información sobre qué implica vivir con metástasis, sino al miedo. “Existe temor social a la palabra cáncer, y especialmente al término metástasis, asociado a muerte”.

En los últimos años, la metástasis ha dejado de ser sinónimo de final de vida. “Sin embargo, es importante que se conozcan las necesidades de los pacientes porque, aquello de lo que no hablamos, no existe. Tenemos que mostrar cómo es esta enfermedad y que supone para los pacientes”. En esta línea, ALMIA, a través de su comité científico, lleva a cabo esfuerzos importantes en formación. “Los pacientes que así lo decidamos, debemos poder llevar las riendas de la enfermedad y tomar decisiones al respecto”, argumenta Pilar Fernández.
En ALMIA se han propuesto configurar una red de colaboración y apoyo donde intervengan pacientes, familiares, instituciones y profesionales, y dar forma a soluciones ante una realidad que va más allá de la biología. “El cáncer también es emoción, sentimiento, estado de ánimo y, sobre todo, comunidad. Nuestra idea es asistir al paciente cuando los hospitales han cerrado. Llegar un poco más allá, donde el sistema no alcanza”.
Revolución científica
Sin embargo, esa falta de visibilidad y relevancia social que desde ALMIA aseguran que sufren los pacientes con tumores avanzados, no se corresponde con la importancia que la comunidad investigadora está prestando en la actualidad a la metástasis. La investigación en metástasis ocupa ya el 40 % de la producción científica total en oncología, según la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO).
El Dr. Pedro Pérez Segura, jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Clínico San Carlos Madrid, explica que el cáncer metastásico es detectado de inicio en alrededor de un 10 % de los pacientes. “La enfermedad metastásica es muy heterogénea. Distinta entre los diferentes tipos de tumores, pero también en un mismo paciente, donde -por ejemplo en una metástasis hepática- si analizamos diferentes lesiones tumorales, la información variará mucho en unas y otras. Es un punto que complica su tratamiento porque es casi como combatir muchas enfermedades en una dentro de cada paciente”.
“Diagnosticamos antes y tratamos mejor”
Pérez Segura añade que los tratamientos podrán controlar un porcentaje de esas células, pero no es 100%. “Es casi imposible”. No obstante, las buenas noticias se multiplican para los pacientes con cáncer avanzado. El doctor valora el “gran avance” que han traído los programas de cribado-prevención en cáncer de mama, próstata, colon (y pronto pulmón).

Por otro lado, destaca que ahora “conocemos a nuestro enemigo; entendemos mejor por qué se produce un cáncer y qué cambios se dan”. Pérez Segura vaticina tiempos “muy interesantes, que nos llevan al optimismo” relacionados con el empleo de nuevas tecnologías “con las que sabemos qué fallos son importantes para el desarrollo de un tumor y posibilitan el diseño de fármacos y tratamientos dirigidos a esas alteraciones”.
“Hemos multiplicado por cinco la esperanza de vida en algunos tumores metastásicos”
“Diagnosticamos antes y tratamos mejor”, resume el experto, para quien, ante el incremento de los casos de cáncer, es importante intensificar la formación y promover medidas de prevención. “Nos llevará décadas que calen ciertas medidas”, opina. Mientras, una de las disrupciones que han puesto patas arriba el día a día de los profesionales que trabajan en oncología es la computación. Con la cuántica a la vuelta de la esquina (aunque las previsiones varían entre unos y otros expertos), el diseño y desarrollo de soluciones ganará una agilidad nunca vista. “Si antes tardábamos 10-15 años en descubrir una molécula válida, ahora lo conseguimos en poco más de un año y medio”.
El resultado de estos progresos es tangible. “Hemos multiplicado por cinco la esperanza de vida en algunos tumores metastásicos. Por ejemplo, tenemos pacientes con cáncer de colon avanzado desde hace 15 años con una fantástica calidad de vida. Antes vivían apenas un año. Empezamos a vislumbrar nuestra intención de cronificar la enfermedad”. En el lado negativo, el oncólogo muestra su preocupación por los drásticos recortes previstos (un 20 %) por la UE en el Programa Europeo de Lucha Contra el Cáncer. “Como sociedad, debemos hablar de estos asuntos”.
Tecnología, conocimiento acumulado y…. colaboración. El doctor Pérez Segura es partidario de integrar de manera activa al paciente, sus sensaciones e impresiones, en el tratamiento de la enfermedad. Un proceso en el que es imprescindible que intervengan profesionales de múltiples disciplinas. “Los oncólogos no podemos tomar decisiones en solitario. Son la multidisciplinariedad y los politratamientos los que salvan y alargan la vida de los pacientes. Los equipos quirúrgicos también han avanzado mucho. Pueden completar con éxito cirugías antes imposibles. En el peor de los casos, ganamos tiempos. Todo va tan rápido que lo que hoy es impensable dentro de 3 años será una práctica cotidiana”.
Cáncer con nombre y apellidos
Que la metástasis es hoy en día un foco central de la investigación lo demuestran las más de 110.000 publicaciones científicas que protagoniza cada año según The Global Landscape of Cancer Research de la IARC. En la década de los 90, estos trabajos apenas alcanzaban los 10.000 anuales.
El Dr. Federico Rojo, jefe del Servicio de Anatomía Patológica de la Fundación Jiménez Díaz, explica que su labor como patólogo consiste en ponerle “nombre y apellidos” a la enfermedad. “Con la información de la que disponemos ahora podemos saber mucho más acerca de la evolución y el pronóstico de cada tumor (existen entre 300 y 400 tipos de cáncer). “Aún no hemos llegado al punto de poder aplicar terapias individualizadas, pero sí dirigidas a pequeños subgrupos de pacientes. Esto mejora mucho la supervivencia”.

Una vez fue secuenciado el genoma humano, la medicina de precisión tiró la puerta abajo en la compresión de la biología del cáncer y, en base a ello, los profesionales empezaron a tomar mejores decisiones terapéuticas. “Además, la tecnología ha democratizado estos análisis. En pocas horas, y por unos cientos de euros, tenemos secuenciado al paciente completo para saber más sobre su enfermedad”.
Un tercer pilar destacado por el doctor Rojo es la disponibilidad de fármacos dirigidos, que son la llave para mejorar “espectacularmente” el pronóstico, también en la enfermedad metastásica. “Vivimos una revolución de la medicina a nivel diagnóstico y de tratamientos. Es imprescindible -y aquí coincide con Pérez Segura- que la discusión antes de decantarnos por un tratamiento sea multidisciplinar”.
Acceso equitativo a la medicina personalizada
Dada la complejidad y la heterogeneidad de la enfermedad metastásica, Rojo aboga por un análisis genómico periódico a lo largo del tiempo. “Es un reto en el abordaje de estos pacientes. No siempre podemos biopsiar todas las lesiones, así que gana fuerza la biopsia líquida, menos invasiva, ya sea en sangre y otros fluidos”.
El patólogo advierte que una medicina de precisión de calidad ha de garantizar que, en todas las comunidades autónomas -“sin que influya el código postal”-, los pacientes puedan a acceder a biomarcadores y, por tanto, a servicios diagnósticos equipados con la tecnología necesaria y a profesionales capacitados para interpretar la información y ponerla al servicio del comité correspondiente. “España ha empezado más tarde que otros países de nuestro entorno, con estrategias de medicina de precisión más asentadas”. Según la Sociedad Española de Oncología Médica, entre un 20 y un 30 % de los pacientes no tienen acceso al estudio de biomarcadores.
Más allá de la prevención
Una de las demandas de ALMIA es la creación de un registro de pacientes con metástasis. Los sistemas actuales documentan el cáncer, pero carecen de especificidad sobre el debut metastásico y la progresión de la enfermedad. Es decir, no se mide la carga real. El Dr. Eduardo García-Toledano, del Consejo Asesor de Salud Pública de la OMS afirma que, al no existir datos precisos, la realidad metastásica desaparece del debate social y mediático. «Sin visibilidad ni cifras exactas resulta imposible orientar recursos, dimensionar infraestructuras o corregir inequidades territoriales».

García-Toledano subraya que el éxito frente al cáncer «no solo se mide por cuántos casos prevenimos, sino por cómo extendemos y dignificamos la vida de quienes ya conviven con la forma más agresiva de la enfermedad». Añade que se está produciendo un cambio de foco en oncología. «Estábamos muy centrados en prevención y seguimiento, pero olvidábamos al paciente porque no había cronicidad».
El representante de la OMS valora el rol de las asociaciones para al paciente de una fuerza reivindicativa de la que antes carecía. «Es en estos entornos donde puede compartir con otros ‘iguales’ sus inquietudes y demandas. A los médicos nos pueden ver con cierta distancia». García-Toledano también reclama que las estrategias para tratar el cáncer avanzado incorporen la salud mental «no como un aspecto secundario».




