Alejandro Caparrós, Pablo del Nido y Luisa Cabeza (de izq. a dcha.) han debatido sobre el cambio climático en uno de los paneles de la COP25

Lo que nos dice el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (más conocido por sus siglas en inglés, IPCC) es que el calentamiento global no tiene discusión. Y tampoco lo tiene que en un elevadísimo porcentaje de ese problema es de origen humano. Una vez que sabemos que existe, la pregunta que se nos plantea es si podemos reducirlo. “La respuesta es que sí, pero con una intervención muy rápida y veloz”.

Alejandro Caparrós, investigador científico en el Instituto de Políticas y Bienes Públicos (IPP), ha sido uno de los dos representantes del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) que ha participado, dentro del COP25, en el panel sobre el citado IPCC. Durante su intervención ha recordado que para limitar el calentamiento a 1,5ºC, las emisiones netas de CO2 deben reducirse hasta cero alrededor de 2050.

“Los países no están siguiendo esta senda”, ha criticado el científico español. Por eso, y por la necesidad de concretar y hacer realidad el Acuerdo de París, “lo que se está debatiendo aquí, en Madrid, es muy importante”, ha asegurado en relación a la Cumbre del Clima de 2019 que se celebra hasta el día 13 en España.

Según advierte el IPCC, todas las sendas consistentes con un calentamiento de 1,5ºC implican rápidas reducciones de las emisiones globales de CO2 para situarse en cero alrededor de mitad de siglo. Y todo ello conlleva la cooperación internacional y el refuerzo de las capacidades institucionales de las autoridades nacionales y locales, así como de la sociedad civil.

Por la colaboración

Precisamente eso es algo positivo que, según Caparrós, nos dejó el Acuerdo de París, ya que se abrieron nuevos niveles de cooperación, más allá de la colaboración entre países: entre ciudades, entre ONG, entre colectivos sociales, etc. “El abanico se ha abierto”, ha afirmado, subrayando al momento que las claves pasan por los artículos número seis (cooperación internacional) y número nueve (fondos) de la citada cumbre francesa.

Incluso las preguntas de la llamada economía del cambio climático van en esa línea. ¿Hasta qué punto podemos confiar en que la tecnología podrá solucionar el problema por sí sola?, se ha preguntado el investigador del CSIC. Esto condicionará si cada país afrontará el reto de forma independiente o si será necesaria la cooperación internacional. “Es algo fundamental porque nos dice por dónde tenemos que ir”, ha añadido.

Prestigio y contactos

El panel, celebrado en el Espacio Ágora de la Zona Verde que la COP25 ha habilitado en el IFEMA, ha sido moderado por otro representante del CSIC, Pablo del Nido. Este ha definido el IPCC como “un caso muy interesante de cómo la investigación puede influir en el cambio social”. Y eso que este grupo científico no hace investigación propia, sino que evalúa los avances en cada campo, dividiéndose el trabajo en tres áreas: la ciencia básica, el análisis de la vulnerabilidad, y la mitigación del cambio climático.

Del Nido ha sido el encargado de presentar a sus compañeros de mesa, el mencionado Caparrós y Luisa Cabeza, catedrática de la Universidad de Lleida, dos científicos españoles que han participado en la elaboración de los informes del IPCC. Y no es algo fácil, ya que, como señala, la profesora, para un capítulo en el que escriben entre 10 y 15 autores puede haber 300 candidatos.

Es la tercera vez que ella participa en estos trabajos. Son los Gobiernos de los países los que recomiendan qué científicos pueden participar en un informe determinado. Hacen un trabajo voluntario (no cobran por ello y no se les reduce las horas de docencia), pero “es un gran honor”, aporta prestigio y muchos conocimientos, además de muchos contactos, según ha señalado Cabeza.

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