“Mi investigación se centra en entender cómo el cerebro transforma un estímulo sensorial (‘veo un vaso de agua’) en una acción motora (extiendo el brazo para coger el vaso de agua’)”. La investigadora Ana González Rueda (Valladolid, 1986) resume así en qué consiste su trabajo actual en Cambridge, el Laboratory of Molecular Biology (LMB) que forma parte del Medical Research Council (MRC) –“el homólogo inglés del CSIC”. El objetivo principal de la investigación en la que está inmersa es entender mejor al cerebro, ese gran desconocido que esconde unas capacidades “que no dejan de sorprendernos” para coordinar nuestros movimientos o para almacenar información.

Profundizar en estos vericuetos ayudará a mejorar las terapias de recuperación de movilidad después de un derrame cerebral o a la hora de diseñar interfaces cerebro-ordenador en personas que hayan perdido una extremidad.

González concluyó en 2010 sus estudios de Biología Humana en la Universidad Pompeu Fabra. Cinco años que estuvieron plagados de oportunidades para hacer prácticas en laboratorios de medio mundo. “Pasé un mes en Estambul, dos meses en Santiago de Chile y para hacer el trabajo de fin de carrera estuve 10 meses en la Universidad de Oxford”.

Pese a que le interesan todas las áreas de la biología, durante la carrera le sorprendió lo poco que sabemos sobre el funcionamiento del cerebro y se entusiasmó con la idea de poder aportar algo en el campo de la neurociencia. Para el TFM de su máster en Investigación Biomédica se une al grupo liderado por el profesor Ole Paulsen en la Universidad de Cambridge. Tras conseguir una beca de investigación de la universidad, cursó un doctorado en el mismo laboratorio antes de dar el paso al MRC.

La investigación que ocupa su tiempo es el producto final de su tesis doctoral, un periodo en el que estudió principalmente distintos mecanismos de plasticidad neuronal. “Todo tipo de almacenamiento de información en nuestro cerebro, tanto recuerdos como la adquisición de conocimiento o el aprendizaje de acciones motoras, requiere que las neuronas se comuniquen y que ciertas conexiones neuronales (o sinápsis) se potencien y otras se hagan más pequeñas. En ese sentido, las conexiones neuronales son plásticas”, explica la investigadora.

LA IMPORTANCIA DEL SUEÑO

Durante el día, al aprender y adquirir conocimiento, nuestras conexiones neuronales se refuerzan, sin embargo, “la mayoría de la información que recibimos es irrelevante para el cerebro y no tiene sentido que se conserve”. Para evitar que se produzca una saturación en el sistema nervioso debe actuar un mecanismo “que mantenga esas conexiones a raya”.

Con este planteamiento, González Rueda y su equipo han obtenido resultados que muestran como, durante el sueño, las conexiones más grandes se mantienen mientras que las más pequeñas se pierden. “Esto implica que se crea una jerarquía en el cerebro; cuanto más se use una conexión durante el día, más grande será y más probabilidades tendrá de permanecer”, argumenta la investigadora.

También han demostrado que este funcionamiento supone un beneficio doble: mejora la relación señal-ruido al hacer que la información más importante se conserve y la menos importante (ruido) se pierda y, por otro lado, las normas de plasticidad que proponen permiten que la información que ya ha sido considerada como relevante anteriormente se mantenga en ese estado de un día para otro sin tener que volver a reforzarla cada jornada.

Aunque el estudio es de investigación básica sin aplicación médica directa, esperan contribuir a concienciar acerca de la necesidad de descansar y dormir bien por la noche. “Por otra parte”, explica González Rueda, “nuestros resultados y el concepto de limpieza de información offline también podrían implementarse en ingeniería neuromórfica, robótica y para mejorar los sistemas de interfaz cerebro-ordenador para pacientes con prótesis electrónicas”.

Adicionalmente, la investigadora ha colaborado con varios compañeros del propio LMB en el desarrollo de una nueva técnica para trazar y modificar genéticamente circuitos neuronales usando un virus de la rabia modificado. “Estamos muy entusiasmados porque nos permite el estudio de las conexiones neuronales con mucha más precisión y esperamos que abra muchas puertas en la investigación del cerebro”.

UNA INVESTIGADORA EN UK

González Rueda no cree que su día a día en Reino Unido diste mucho del de cualquier investigador en España. “Trabajo bastantes horas y la mayoría de los fines de semana. Por las mañanas suelo tener reuniones, respondo emails, hago pedidos y analizo datos. La tarde la reservo para los experimentos. Por lo general los días varían bastante ya que los investigadores tenemos flexibilidad horaria. Me gusta hacer ejercicio así que voy a trabajar en bici o corriendo y un par de tardes a la semana hago remo en el rio Cam”.

Aunque ha tenido poca experiencia en España no duda en afirmar que los investigadores españoles “tienen mucho talento, salen muy bien preparados de la universidad y están muy valorados en el mercado laboral nacional e internacional”. Sí percibe una diferencia muy nítida en la financiación destinada a la investigación, tanto pública (1.2% del PIB en España vs 1.7% en Reino Unido) como privada (que corresponde al 70% de la inversión en I+D en Reino Unido).

“Con privada no me refiero sólo a la inversión de empresas en el desarrollo de sus productos o aplicaciones, sino a organizaciones benéficas que también financian investigación básica. Aunque el problema va más allá de la inversión, España tiene que hacer un gran esfuerzo para conservar a las jóvenes promesas y atraer el talento nacional e internacional”, explica.

A día de hoy no se plantea volver a España. “El campo de la investigación es muy competitivo y tengo más posibilidades de desarrollar mi carrera en el extranjero: en Inglaterra, Suiza, Alemania o Estados Unidos. Sin embargo estaría encantada de volver en un futuro, espero que tener un científico a la cabeza del ministerio ayude a cambiar la situación”, dice González Rueda en alusión al reciente nombramiento de Pedro Duque.

MUJER STEM

Para la investigadora, el problema de la vocación STEM entre las chicas radica en cómo son percibidas tanto estas disciplinas como las propias mujeres. “Hay un machismo latente en nuestra sociedad que afecta a niñas, chicas y mujeres y que está causado en parte por la falta de referentes femeninos. Dar visibilidad a las mujeres profesionales en carreras STEM es una buena forma de ayudar a eliminar ese estigma”.

Por otra parte González Rueda cree importante inculcar desde la escuela que “no solo no hay ninguna cualidad en la mujer que la haga inepta para una carrera STEM, sino que todas las características y aptitudes personales pueden llegar a ser una ventaja. El sistema educativo se centra demasiado en la parte aritmética de los estudios STEM, y obvia el componente lógico y creativo; por lo que algunos niños y niñas pueden pensar que no tienen aptitudes para las ciencias por no haber entendido algún concepto matemático abstracto en clase, mientras que quizá hubiesen sido unos científicos excepcionales”.

Considera además que la incertidumbre laboral hace que los estudiantes se decanten por carreras como ADE o economía aunque tengan vocación STEM. “Hay que intentar convencerles de la versatilidad de los estudios STEM, del abanico de salidas profesionales y de lo gratificante que es seguir una vocación”, concluye.

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