Imaginación inteligencia artificial

Su investigación se centra en algo que, a priori, puede parecer casi imposible. El reto es formalizar, en lenguaje matemático, la imaginación humana para que sea creada y ejecutada por máquinas. Para ello trabajan en encontrar la lógica que se esconde detrás de nuestro pensamiento más creativo.

Las investigadoras de la Universidad Oberta de Catalunya (UOC) que analizan las reglas para programar la imaginación son: María Antonia Huertas y Elena Rodríguez, del grupo Technology-Enhanced Knowledge and Interaction Group (TEKING), de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación, y Joan Casas-Roma, doctor por la citada universidad y actualmente investigador de la Universidad de Falmouth, en el Reino Unido.

“Hemos estudiado diferentes teorías sobre cómo podría funcionar la lógica que hay detrás de la imaginación voluntaria, para poder crear algoritmos para simular su funcionamiento”, apunta Casas-Roma.

Por eso su investigación tecnológica se entrelaza con la llamada filosofía de la psicología, el compendio de diferentes disciplinas que comprenden el saber sobre la naturaleza de la mente y que incluyen la neurociencia, la inteligencia artificial, la ciencia computacional, la lingüística y la biología.

Límites de la imaginación

Lo primero es entender que la imaginación humana es, en muchos casos, voluntaria. “Muchas veces decidimos imaginar voluntariamente qué haremos en una situación, por ejemplo cuando debemos elegir entre diferentes opciones a la hora de consumir un producto”, puntualiza el investigador

Aunque los expertos concluyen que hoy las teorías científicas existentes no son lo suficientemente precisas para poder representar computacionalmente cómo imaginamos, consideran que la investigación tiene el reto de conocer la serie de restricciones y variables que delimitan la imaginación para poder representarlas de manera científica.

Para contribuir a ello, los investigadores han planteado una herramienta visual para clasificar diferentes actos de imaginación en función de la huella de los procedimientos que se han seguido. Además, los científicos han revisado qué es lo que las teorías existentes no distinguen, y han aportado un marco independiente para determinar las dinámicas de la imaginación. El estudio propone una ampliación de la estructura compartida entre las teorías para ser utilizada como base para un modelo formal matemático de los procesos de la imaginación.

Una IA más cercana

Este trabajo no se ha planteado pensando en ninguna aplicación en particular, pero los investigadores son conscientes de que “modelar la imaginación utilizando algoritmos y modelos matemáticos permite, potencialmente, implementarla en una inteligencia artificial”. 

Por eso “la aplicación más directa de esto sería ‘acercar’ la IA a nuestra forma de razonar”, señala el doctor por la UOC. Dicho de otro modo, lograr que las máquinas sigan”unos procesos similares a los nuestros al tomar”, ya que cuando imaginar lo que hacemos es plantear “posibles escenarios resultantes, restringidos a las reglas que conocemos sobre la realidad”.

También podría ser útil, continúa, “si queremos programar una IA que permita ‘explicar’ a un ser humano su razonamiento, cosa que nos puede interesar, por ejemplo, en tutores virtuales en la educación online”. “Una IA que permita seguir los mismos pasos que nosotros, como humanos, seguiríamos, puede ser mucho más próxima y entendedora a nuestra forma de razonar”, añade.

Comprender nuestra mente

Por otro lado, modelar la forma en que funciona la imaginación “es una forma de entender, en mayor profundidad, cómo funciona nuestra mente”. Incluso se pueden dar nuevos pasos en esta línea y “seguir complementando ese modelo con otros tipos de imaginación diferentes”.

“Estos modelos pueden ser de especial interés en las ciencias cognitivas, la filosofía de la mente e incluso la psicología para ayudar a entender con mayor profundidad cómo utilizamos situaciones imaginarias–hipotéticas para distintos fines –argumenta Joan Casas-Roma–. Además, esto puede tener una aplicación en entender qué pasa cuando estos mecanismos fallan: por ejemplo, cuando alguien padece trastornos alucinatorios –mezclando realidad y imaginación–”.

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