La financiación de una startup no puede hacerse esperar más de la cuenta. El ecosistema empresarial evoluciona a toda velocidad y los tiempos de respuesta de las instituciones públicas pueden marcar la diferencia entre poner en marcha un proyecto, aprovechar una oportunidad de mercado o quedarse atrás. Esta es una de las premisas que mueven a Enisa, según explicó su director de Operaciones, Héctor Delvaulx, durante un nuevo Desayuno de Innovación de Innovaspain, celebrado este miércoles en DayOne de CaixaBank, en Madrid.
El encuentro, dedicado a analizar los instrumentos de financiación de la innovación, reunió también a José Moisés Martín Carretero, director general del CDTI; Fernando Pérez Miguel, director de Programas Nacionales de Zabala Innovation Spain; e Isaac Mendoza, general partner de Bullnet Capital. Los cuatro abordaron, desde sus respectivos ámbitos, los retos que afrontan las empresas innovadoras para acceder a financiación y convertir sus proyectos tecnológicos en negocios competitivos.
Delvaulx se centró en la transformación de los procesos internos de la empresa pública y en su voluntad de mantener una relación cercana con las empresas a las que acompaña. Aseguraba que esta evolución tiene el objetivo de reducir los tiempos de espera y facilitar que los recursos lleguen cuando las compañías los necesitan.
Uno de los principales cambios destacados por el representante de Enisa ha sido la eliminación de la estacionalidad en la concesión de los préstamos, una barrera que obligaba a muchas empresas a adaptar sus planes de negocio a los calendarios de financiación. La incorporación de nuevos recursos y la agilización de los procedimientos internos han permitido avanzar hacia un modelo más continuo. “Hemos reducido los tiempos medios para aceptar una solicitud de financiación hasta que se le da el préstamo y lo tiene ingresado en su cuenta bancaria”, explicó el experto.
Según detalló, el proceso se sitúa actualmente en torno a un mes o mes y medio de media desde la entrada de la solicitud hasta la concesión de la financiación. Un cambio en forma de bombona de oxígeno para las startups, cuyos planes de crecimiento no siempre pueden ajustarse a convocatorias o ventanas temporales cerradas.
La financiación no funciona de manera aislada
Además de la agilidad, Héctor Delvaulx considera imprescindible que el acompañamiento a las empresas innovadoras requiere de una red de colaboración que vaya mucho más allá de la propia Enisa. Exponía que necesitarán distintos instrumentos en función de su momento de desarrollo.
En este contexto, Enisa mantiene una relación activa con otros organismos públicos y ministerios, pero también con los distintos agentes que forman parte del ecosistema emprendedor. “Entendemos que las empresas no dependen de Enisa o del CDTI, sino de muchas instituciones, consultoras, incubadoras, universidades, capital riesgo… La idea es colaborar con todos para que el ecosistema funcione”, señaló.
Esta voluntad se traduce en acuerdos y líneas de trabajo con diferentes departamentos ministeriales. Delvaulx citó, entre otros, la colaboración con Agricultura y Transformación Digital, así como nuevas iniciativas vinculadas a ámbitos como la cultura y la transición ecológica, a través del Fondo por el Clima.
El objetivo es extender la financiación a sectores que también necesitan transformar sus modelos de negocio y afrontar nuevos retos tecnológicos. Al ámbito digital, suman facilidades para que actividades más tradicionales incorporen innovación y evolucionen. Por otro lado, recordaba que consultoras especializadas, incubadoras y universidades permiten a Enisa llegar a proyectos que, de otro modo, podrían tener más dificultades para identificar los instrumentos disponibles y acceder a ellos.
Un itinerario financiero para cada etapa
En su análisis, Héctor Delvaulx también abordó la complementariedad entre los préstamos de Enisa y otros instrumentos de financiación. Considera que una de las claves está en que las empresas puedan combinar recursos públicos y privados a medida que avanzan en su desarrollo.
Los préstamos de Enisa son compatibles con otras fórmulas de financiación, como las ayudas del CDTI o las aportaciones de fondos de capital riesgo. Una combinación que considera especialmente necesaria para las compañías tecnológicas. “Una empresa no puede lanzar su producto solo con deuda; necesita capital”, apuntó.
La relación con el CDTI es, en este sentido, una de las más naturales. Delvaulx señaló que muchas operaciones tecnológicas o especialmente disruptivas encuentran en ambas instituciones instrumentos complementarios. La financiación pública puede contribuir a superar distintas etapas del desarrollo, mientras que la entrada de capital privado permite reforzar la estructura de la compañía y acelerar su crecimiento.
El desafío es lograr que las empresas conozcan todas esas posibilidades y puedan construir un itinerario coherente. Delvaulx reconoció que la multiplicidad de programas e instrumentos disponibles puede convertirse también en una dificultad. “Tenemos muchos programas y las empresas se pierden”.
En esta línea, defendió la necesidad de avanzar hacia un modelo en el que las instituciones no se limiten a ofrecer instrumentos individuales, sino que contribuyan a orientar a las empresas durante sus diferentes fases de crecimiento. Desde los primeros pasos de una startup hasta el momento en que necesita financiación para industrializar su tecnología, ampliar su capacidad productiva o abordar mercados internacionales.
Enisa busca formar parte de ese recorrido inicial, y camina junto a las compañías mientras desarrollan y consolidan sus proyectos. Posteriormente, otras instituciones y vehículos de inversión pueden asumir el relevo. Delvaulx puso como ejemplo la colaboración con la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica (SETT), capacitada para entrar en empresas que previamente han recorrido etapas de desarrollo y financiación con Enisa. La lógica es que cada instrumento aporte valor y evitar duplicidades para facilitar la continuidad financiera de los proyectos.
Una certificación que gana peso
Enisa fue uno de los agentes clave en el desarrollo de la conocida como Ley de Startups y asumió posteriormente una función central en su aplicación: la certificación de las empresas emergentes que cumplen los requisitos establecidos en la ley.
Desde el inicio de esta actividad, Enisa ha certificado 2.527 empresas, según los datos facilitados por Delvaulx durante el encuentro. “Es un hito porque de manera progresiva ha crecido el número de empresas certificadas, pero también es muy importante porque distintas regiones e instituciones públicas y privadas ya exigen esa certificación como garantía de que es una empresa emergente para acceder a distintos servicios y ayudas de la Administración”, explicó.
Héctor Delvaulx prevé que el número de compañías certificadas siga creciendo a medida que más empresas conozcan el procedimiento y la certificación se consolide como requisito para acceder a determinados instrumentos.



