José Moisés Martín Carretero: “Conviene recordar que la principal fuente de financiación de la innovación son los clientes”

El director general del CDTI reclama instrumentos financieros más ágiles para responder a la velocidad del cambio tecnológico, una mayor implicación del capital privado en las fases de escalado y un mercado único europeo que permita a las empresas innovadoras competir en igualdad de condiciones
José Moises Martin carretero cdti innovaspain
José Moisés Martín Carretero. Imagen: Innovaspain.

La investigación española goza de buena salud. El país se mueve el el top 10 mundial en producción científica. Sin embargo, su capacidad para transformar el conocimiento en actividad empresarial, competitividad y crecimiento sigue encontrando obstáculos estructurales. La transferencia tecnológica, el acceso a la financiación o la posibilidad de llevar los desarrollos innovadores hasta el mercado son hoy algunos de los grandes desafíos del ecosistema. Sobre estas cuestiones ha girado un nuevo Desayuno de Innovación de Innovaspain, celebrado en DayOne de CaixaBank en Madrid, con la financiación de la innovación como hilo conductor.

La mesa ha reunido a José Moisés Martín Carretero, director general del Centro para el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (CDTI); Héctor Delvaulx, director de Operaciones de Enisa; Fernando Pérez Miguel, director de Programas Nacionales en Zabala Innovation Spain, e Isaac Mendoza, general partner de Bullnet Capital. El encuentro ha servido para analizar cómo articular la colaboración entre financiación pública y privada, instrumentos fiscales y empresas en un escenario marcado por la aceleración tecnológica y la creciente presión competitiva.

En su intervención, Martín Carretero ha puesto el acento en una idea que sobrevuela buena parte de los retos actuales de la innovación. “No todos los proyectos necesitan el mismo tipo de financiación ni pueden someterse a los mismos tiempos”. La diversidad de tecnologías, niveles de madurez y horizontes de llegada al mercado obliga, en su opinión, a diseñar instrumentos diferenciados y a revisar la capacidad de respuesta de las administraciones.

El director general del CDTI ha distinguido entre dos grandes realidades. Por un lado, la innovación más próxima al mercado, en la que la velocidad resulta determinante para competir. Por otro, los proyectos de tecnologías profundas (deep tech), cuyo desarrollo exige horizontes mucho más largos, inversiones sostenidas y una elevada tolerancia al riesgo tecnológico. “No podemos meter toda la Innovación en la misma caja. Hay ritmos y proyectos muy distintos”, ha señalado.

En el caso de las tecnologías profundas, el tiempo que transcurre hasta su comercialización no responde necesariamente a una falta de demanda o a un fallo del mercado, sino a la propia naturaleza de los desarrollos. Son apuestas que requieren maduración tecnológica, recursos y una financiación paciente, capaz de acompañarlas durante años. En cambio, cuando una empresa trabaja en una innovación cercana al mercado, la capacidad de reacción puede determinar su posición frente a los competidores. La agilidad aquí es crucial.

Esta diferencia tiene consecuencias directas sobre el diseño de las ayudas públicas. Martín Carretero ha explicado que, actualmente, el CDTI maneja plazos de alrededor de seis meses desde la aprobación de un proyecto hasta que recibe la financiación cuando se trata de instrumentos próximos al mercado. Un periodo que considera susceptible de mejora.

El responsable del CDTI ha situado parte del problema en el marco administrativo español. “La financiación de la innovación está sometida a procedimientos generales que no siempre responden a sus particularidades”. Por eso ha reclamado una mayor adecuación de los tiempos y los procesos a las necesidades de las empresas.

Considera que la respuesta óptima no pasa por acelerar de modo indiscriminado todos los instrumentos disponibles.Si determinados proyectos necesitan mecanismos ágiles para no perder oportunidades de mercado, otros requieren precisamente lo contrario: capital paciente, continuidad y capacidad para asumir que los resultados tardarán en llegar.

Compartir riesgos

¿Y la inversión privada? Para Martín Carretero, el ecosistema español no puede analizarse de forma aislada de las alternativas de inversión que ofrece la economía. 

Entre las particularidades del contexto español, el director general del CDTI ha recurrido al ejemplo del clima del país, íntimamente ligado al histórico desarrollo de una potente industria turística. “España dispone de un recurso natural que genera importantes ingresos y que ha favorecido el desarrollo de actividades económicas consolidadas”. Ha opinado que, frente a esa certeza, invertir en una tecnología cuyos resultados pueden tardar diez años en materializarse supone asumir un riesgo mucho mayor. “Los inversores no dejan de invertir en tecnología en España porque sean muy malos o muy tontos, sino porque hay opciones más rentables”.

Su reflexión apuntaba a la necesidad de modificar la relación entre riesgo y rentabilidad que condiciona las decisiones de inversión. En este escenario, ha afirmado que el sector público debe actuar como elemento mitigador del riesgo y contribuir a que el capital privado encuentre condiciones más favorables para participar en proyectos tecnológicos.

Una de las herramientas que ha puesto sobre la mesa es la posibilidad de recurrir a mecanismos de primera pérdida (first loss), mediante los cuales el sector público asume una parte inicial de las posibles pérdidas de una inversión, reduciendo la exposición de los inversores privados y facilitando su entrada.

En esta línea, Martín Carretero ha asegurado que todavía existe margen para mejorar la capacidad de movilización de recursos privados. “No basta con financiar las primeras etapas de los proyectos. Es necesario construir una arquitectura financiera que acompañe a las empresas durante todo su recorrido, especialmente cuando se enfrentan a los desafíos tecnológicos y económicos del escalado”.

En este sentido, ha advertido de una brecha que se repite en el ecosistema. “Conocemos proyectos que alcanzan un elevado nivel de madurez tecnológica gracias a la inversión pública o a esquemas de coinversión con fondos privados, pero que encuentran dificultades cuando necesitan recursos para ampliar su capacidad productiva y llevar sus soluciones a una dimensión comercial significativa”.

Insistía en que este problema es más acuciante en el ámbito deep tech. De ahí la necesidad de nuevos instrumentos que permitan cubrir el espacio entre la validación tecnológica y la expansión empresarial. Para el director general del CDTI, el reto pasa por reequilibrar esa relación entre riesgo y rentabilidad y desarrollar una cultura financiera más preparada para acompañar proyectos de largo recorrido.

Acompañar y acertar

¿Cómo trasladar estas diferencias a la práctica? Martín Carretero ha explicado que el CDTI trabaja en la identificación del nivel de madurez tecnológica de cada proyecto y de su proximidad al mercado para orientar a las empresas hacia el instrumento más adecuado.

La evaluación no se limita a determinar si una iniciativa reúne los requisitos para recibir apoyo. También buscan identificar qué necesita en cada momento de su desarrollo. Entre las posibilidades figuran las aportaciones de capital riesgo para proyectos deep tech o la compra pública innovadora cuando las características de la tecnología y su potencial de aplicación aconsejan esa vía.

En este punto, el responsable del CDTI ha introducido un recordatorio que amplía la mirada sobre el papel de las instituciones: “La principal fuente de financiación de la innovación son los clientes, conviene recordarlo”. Esta afirmación sitúa la demanda y la capacidad de generar negocio en el centro de cualquier estrategia de transferencia tecnológica.

Europa necesita un mercado único también para escalar

Martín Carretero ha ampliado el foco de su análisis hacia la dimensión europea. El responsable del CDTI ha expresado su expectación ante el denominado Régimen 28, una iniciativa comunitaria concebida para ofrecer un marco jurídico común a las empresas que operan en la Unión Europea.

Un momento del debate, moderado por Maria Lacalle, responsable de Proyectos en innovaspain.

La propuesta, conocida como EU Inc., busca facilitar la creación y el crecimiento de compañías mediante un régimen societario armonizado, complementario a las legislaciones nacionales. Su propósito es reducir la fragmentación normativa y permitir que las empresas puedan desarrollar su actividad en el conjunto del mercado europeo con menos obstáculos.

Martín Carretero ha señalado que será necesario comprobar cómo se concreta esta iniciativa y, sobre todo, qué efectos prácticos tendrá para las empresas. Establecía diferencias entre la formulación teórica de un marco común y su aplicación efectiva en un entorno donde conviven regulaciones nacionales diferentes.

En el caso de las compañías tecnológicas, observa la desventaja que supone para Europa competir con Estados Unidos, donde una empresa puede operar en un mercado de dimensiones continentales bajo un marco mucho más integrado. Y ha apuntado hacia a una paradoja europea: mientras parece clara la conveniencia de construir un mercado único, las políticas industriales están experimentando una creciente fragmentación nacional. “Es una renacionalización mala para todos”, ha advertido.

A su juicio, el papel de los Estados sigue siendo fundamental en ámbitos como el deep tech, pero esa intervención debería desarrollarse en un marco europeo más integrado, no a través de estrategias nacionales que terminen fragmentando las oportunidades de crecimiento. Ha defendido que la integración europea no puede limitarse a facilitar las operaciones empresariales, sino que debe contemplar también cómo se distribuyen las oportunidades de desarrollo tecnológico y económico entre los territorios.

Para facilitar las cosas, ha manifestado que el objetivo del CDTI es seguir siendo un socio fiable para las empresas, reforzando su eficacia en todas las fases de gestión. Para ello, el el organismo público trabaja en el fortalecimiento de sus capacidades internas y en la incorporación de nuevas herramientas que permitan responder mejor a las necesidades del tejido empresarial.

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