Isaac Mendoza: “Existen oportunidades en deep tech, pero falta capital privado dispuesto a invertir a largo plazo”

El general partner de Bullnet Capital advierte de que la escasa participación de los grandes inversores institucionales en los fondos de tecnología profunda limita el crecimiento del ecosistema español y empuja a muchas empresas a buscar financiación en Estados Unidos
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Isaac Mendoza. Imagen: Innovaspain.

España cuenta con una investigación científica de calidad, pero siguen vigentes las dificultades para trasladar ese conocimiento al mercado y convertirlo en competitividad empresarial. La financiación de la innovación y, especialmente, la movilización de capital privado hacia proyectos de tecnología profunda (deep tech) han centrado el debate del último Desayuno de Innovación de Innovaspain, celebrado en DayOne de CaixaBank, en Madrid.

El encuentro reunió a José Moisés Martín Carretero, director general del CDTI; Héctor Delvaulx, director de Operaciones de Enisa; Fernando Pérez Miguel, director de Programas Nacionales de Zabala Innovation Spain; e Isaac Mendoza, general partner de Bullnet Capital. Los cuatro abordaron, desde sus respectivos ámbitos, los instrumentos y desafíos que determinan el acceso a financiación de las empresas innovadoras.

Isaac Mendoza puso el acento en la dificultad del ecosistema español para movilizar suficiente inversión privada hacia compañías de base científica y tecnológica. “Lo que más falla es la inversión privada”, resumió.

“La gran revolución nace de la deep tech y genera un arrastre de otras innovaciones disruptivas, de base científica, que realmente resuelven una necesidad nueva que tenemos por delante”, señaló. En su opinión, este tipo de compañías representan una oportunidad de transformación económica que España todavía ha aprovechado en toda su dimensión.

El experto admitía que el ecosistema ha evolucionado considerablemente durante los últimos 25 años, desde las primeras inversiones tecnológicas hasta el actual interés por las empresas de base científica. También lo han hecho las instituciones, las universidades y los organismos de investigación. Pero Mendoza considera que el conjunto todavía está lejos de alcanzar la madurez de otros mercados, especialmente si nos miramos en el espejo de Estados Unidos.

Opinaba que, en ese recorrido de la transferencia de conocimiento, los fondos especializados desempeñan una función que va más allá de aportar recursos económicos. También acompañan a los investigadores y científicos en el desarrollo de un producto y en su posterior comercialización. Un proceso para el que, en muchos casos, no cuentan, al menos de inicio, con la experiencia empresarial y de gestión necesaria.

Fondos pequeños, retos enormes

El problema de base aparece cuando llega el momento de reunir el capital necesario para financiar estas compañías. Isaac Mendoza explicó que en España “apenas existen tres o cuatro gestoras” centradas en exclusiva en deep tech. Esta limitación condiciona tanto el tamaño de los fondos como su capacidad para acompañar a las empresas durante las distintas etapas de crecimiento.

“Cuando vamos a captar capital para nuestros fondos tardamos mucho, levantamos muy poco y lo que logramos son fondos pequeños, con una rotación bastante baja”, admitía el directivo de Bullmet Capital. 

Apuntaba además que la dimensión de los fondos es una variable clave. “El tamaño también da velocidad. No solo para invertir en scale-ups, sino para asegurar que el producto llega a tiempo al mercado”, apuntó. En este sentido, defendió que aportar cantidades mayores a una compañía puede reducir determinados riesgos y acelerar su desarrollo.

Esa falta de masa crítica financiera mantiene al ecosistema, en su opinión, en una fase de madurez todavía insuficiente. Y las consecuencias trascienden las dificultades de las propias gestoras. “Cuando no invertimos en estos proyectos, dejamos que se mueran muchas ideas o patentes; o que se deslocalicen”, advirtió. Las empresas que necesitan un crecimiento constante y progresivo se ven obligadas entonces a buscar financiación fuera de España. “El riesgo es que perdemos talento, actividad y capacidad de decisión”.

Mendoza reivindicó el impacto que puede tener la inversión en este tipo de compañías en el tejido productivo nacional. A partir de la experiencia de Bullnet Capital, señaló que las empresas que han protagonizado sus operaciones de salida han mantenido actividad en España. Algunas incluso han establecido aquí centros de desarrollo o han situado en el país la dirección de determinadas unidades de negocio.

Reconocía por otro lado que este retorno no siempre es tenido en cuenta cuando se analiza la rentabilidad de estas inversiones. El valor de una operación no termina en el resultado económico para el inversor, ya que adicionalmente puede traducirse en empleo cualificado, desarrollo tecnológico y actividad empresarial.

Inversores que pueden, pero no quieren

Isaac Mendoza tiene identificado un perfil de inversor que todavía no participan de manera significativa en la financiación de la deep tech aunque por capacidades podría dar ese paso. El experto señaló a los gestores de fondos de pensiones y a las aseguradoras, cuyos horizontes de inversión encajarian con los plazos de maduración de estas tecnologías.

Reforzaba su argumento al señalar que entre las características de estas empresas está del desarrollo de soluciones tecnológicas para problemas concretos de industrias existentes. Desde nuevos tratamientos médicos hasta tecnologías capaces de resolver los cuellos de botella de los centros de datos que necesita la inteligencia artificial. “Es más seguro invertir en una empresa que va a curar el cáncer que en el nuevo Uber», apuntó.

Un momento del debate, moderado por Maria Lacalle, responsable de Proyectos en innovaspain.

Admitía eso sí que no se trata de operaciones exentas de riesgo. “Son proyectos complejos, que necesitan tiempo y cuyos resultados no siempre son fáciles de anticipar”. Pero Mendoza considera que su potencial de retorno y su menor correlación con los ciclos económicos los convierten en una alternativa interesante para quienes gestionan grandes cantidades de capital con una perspectiva de largo plazo.

El handicap es que ese dinero todavía no llega en la proporción necesaria. Durante el encuentro, el inversor apuntó a una diferencia muy significativa entre Europa y Estados Unidos en la participación de este tipo de capital institucional, y defendió que movilizarlo podría cambiar sustancialmente la dimensión del ecosistema europeo.

La consecuencia de no hacerlo es que muchas empresas europeas terminan recurriendo al mercado estadounidense para financiar sus siguientes etapas de crecimiento. “El problema no es que una compañía termine siendo adquirida por un grupo extranjero, sino en las condiciones que acepta para conseguir el capital que necesita”, añadía.

Rentabilidad, paciencia y conocimiento

¿Cómo convencer entonces al capital privado para que cambia la tendencia? Para Isaac Mendoza no existe una fórmula universal y es una la tarea que resulta aún más compleja en el mercado español.

La primera condición, insistía, es demostrar que estas inversiones pueden ofrecer rentabilidades atractivas. También asegura que es importante explicar su capacidad para diversificar carteras, precisamente porque su comportamiento no está tan ligado a los ciclos económicos como el de otros activos.

A partir de ahí, cada perfil inversor puede encontrar motivaciones adicionales. Para algunas corporaciones e instituciones, entrar en un fondo especializado supone acceder a tecnologías emergentes, conocer los avances de su sector, identificar oportunidades de colaboración y descubrir compañías que podrían incorporarse a sus propias cadenas de valor.

La paciencia es otro factor determinante. “Estamos hablando de inversiones que necesitan tiempo para madurar, que aunque sean rentables, al final son ilíquidas durante un periodo de años, que pueden ser fácilmente ocho o diez años”, explicó.

A ello se suma la complejidad técnica. No siempre resulta sencillo para un inversor comprender tecnologías que requieren un conocimiento especializado y un análisis profundo. En ocasiones, reconoció, resulta más fácil apostar por negocios cuyo funcionamiento y modelo de retorno se entienden de manera inmediata.

Sin embargo, Mendoza considera que la percepción del riesgo de la deep tech puede estar sobredimensionada. Muchas de estas compañías no parten de una tecnología en busca de un mercado, sino de problemas concretos que necesitan una solución. Si consiguen desarrollar el producto adecuado, existe una industria potencialmente interesada en adquirirlo. Y recordaba que redoblar esfuerzos con la vista puesta en las deep tech no sea opcional: “Europa necesita movilizar más capital privado hacia activos tecnológicos de largo plazo”. 

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