La investigación española goza de buena salud, pero transformar el conocimiento generado en universidades, organismos de investigación y centros tecnológicos en competitividad empresarial es todavía una asignatura pendiente del tejido innovador del país. El acceso a la financiación, la transferencia tecnológica y la capacidad para llevar los desarrollos al mercado forman parte de los desafíos que afronta el ecosistema. Sobre estas cuestiones ha girado un nuevo Desayuno de Innovación de Innovaspain, celebrado en DayOne de CaixaBank en Madrid, con la financiación de la innovación como hilo conductor.
La mesa ha reunido a José Moisés Martín Carretero, director general del Centro para el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (CDTI); Héctor Delvaulx, director de Operaciones de Enisa; Fernando Pérez Miguel, director de Programas Nacionales de Zabala Innovation Spain, e Isaac Mendoza, general partner de Bullnet Capital. El encuentro ha sido es escenario para analizar cómo articular la colaboración entre financiación pública y privada, los incentivos fiscales y las empresas en un contexto marcado por la aceleración y la disrupción tecnológica.
Desde la experiencia de Zabala Innovation, que lleva más de cuatro décadas asesorando a empresas, universidades y centros tecnológicos en el desarrollo de sus proyectos de I+D+i, Fernando Pérez Miguel ha puesto el acento en que conocer los instrumentos de financiación disponibles no es suficiente si no existe una estrategia bien definida para utilizarlos. El problema, ha explicado, no siempre está en la falta de ayudas, sino en las dificultades de las empresas para identificar cuáles se ajustan a sus necesidades reales y cómo combinarlas a lo largo del desarrollo de sus proyectos.
Diseñar la ruta
En los últimos años, las empresas españolas han contado con un amplio abanico de posibilidades para financiar sus actividades innovadoras. Los fondos europeos de recuperación, los PERTE y los programas gestionados por distintos ministerios —no solo el de Ciencia, sino también los vinculados a Industria o Transformación Digital— han ampliado las vías de acceso a recursos públicos para proyectos de I+D+i.
Sin embargo, esta diversidad también ha generado dudas. Desde Zabala han detectado que muchas compañías no tienen claro a qué organismo acudir, qué programa resulta más adecuado o cuáles son los pasos que deben dar para conseguir financiación.
Frente a esa situación, Pérez Miguel ha defendido la necesidad de trabajar con una planificación ad hoc. “Hemos abogado desde nuestros comienzos por una estrategia, por un plan de financiación diseñado para cada proyecto y empresa, con un itinerario donde aparezcan bien marcados los programas a los que pueden optar”, ha explicado.
Opina que la clave pasa por entender que no todas las iniciativas tienen las mismas necesidades ni se encuentran en el mismo momento de madurez. Por eso, antes de acudir a una convocatoria concreta, conviene identificar los objetivos, los recursos necesarios y las distintas oportunidades de financiación que pueden acompañar el recorrido empresarial.
El director de Programas Nacionales de Zabala ha identificado dos realidades dentro del tejido empresarial español. Por un lado, compañías que conocen bien los programas, siguen las convocatorias y cuentan con equipos internos o asesoramiento especializado para acceder a ellos. Por otro, empresas que desarrollan actividades innovadoras, pero que no siempre son conscientes de que pueden acogerse a instrumentos específicos de apoyo.
Esta segunda casuística pone de manifiesto una carencia de cultura interna de innovación y de conocimiento de los mecanismos de financiación. Aunque Pérez Miguel aprecia una evolución positiva y una mayor madurez en el ecosistema, considera que todavía queda trabajo por hacer para que las empresas incorporen estas herramientas a su planificación habitual.
Europa sí, pero en el momento adecuado
Uno de los errores que observa Zabala en algunas compañías es identificar la financiación europea como el primer destino al que acudir cuando se quiere poner en marcha un proyecto innovador. Pérez Miguel ha recordado que esta inercia puede llevar a las empresas a comenzar por el instrumento equivocado, sin haber consolidado previamente las capacidades y los recursos necesarios. “Es es como empezar la casa por el tejado”, ha señalado.
Su planteamiento pasa por construir una trayectoria progresiva. En este sentido, ha mencionado que existen programas regionales y nacionales que pueden ayudar a desarrollar las primeras fases de una empresa o de una tecnología y permitir que, posteriormente, la compañía dé el salto a convocatorias de mayor dimensión y exigencia, como las europeas.
La financiación comunitaria debe formar parte de una estrategia más amplia, no convertirse en un objetivo aislado. “Para acceder a determinados programas es necesario contar con proyectos bien definidos, capacidades técnicas y, en muchos casos, una red de colaboración internacional”.
En este contexto, Pérez Miguel ha recordado también el potencial de la compra pública innovadora, un instrumento que considera todavía poco conocido por buena parte de las empresas privadas. A través de ella, las administraciones plantean necesidades que requieren soluciones novedosas y favorecen el desarrollo de tecnologías que todavía no están plenamente disponibles en el mercado.
Aunque el CDTI y otras instituciones han impulsado iniciativas en este ámbito, el responsable de Zabala ccree que las empresas deben incorporar esta posibilidad a sus estrategias de financiación y desarrollo de negocio.
Reglas claras para innovar
Junto a la financiación, el marco regulatorio también tiene un peso importante en el desarrollo de nuevos proyectos, especialmente en sectores donde la tecnología avanza más rápido que las normas que deben ordenar su aplicación.
Para Fernando Pérez Miguel, la regulación es necesaria porque proporciona seguridad y establece unas reglas de juego conocidas para todos los actores. El problema, añade, aparece cuando la incertidumbre normativa o los cambios de criterio dificultan la planificación de las empresas.
El experto ha puesto como ejemplo algunas divergencias interpretativas en materia fiscal relacionadas con el software, que han generado dudas sobre el tratamiento de determinados desarrollos. Situaciones de este tipo pueden añadir complejidad a la hora de decidir inversiones y poner en marcha nuevos proyectos de I+D+i.
Frente a estos obstáculos, ha destacado el papel de los sandbox regulatorios, entornos controlados en los que las empresas pueden probar prototipos y soluciones innovadoras bajo determinadas condiciones de supervisión antes de dar el salto definitivo al mercado. “Son muy útiles y pueden jugar un papel muy importante en ámbitos como la salud, la energía o la inteligencia artificial, donde los nuevos desarrollos pueden necesitar marcos regulatorios específicos y donde la experimentación controlada permite anticipar problemas y comprobar la viabilidad de las soluciones”.
En este sentido, ha defendido que regulación e innovación no tienen por qué avanzar en direcciones opuestas. Al contrario, un marco normativo que deje espacio para experimentar con seguridad puede favorecer la aparición de nuevas soluciones y contribuir a definir las reglas que necesitarán los mercados del futuro.
En Zabala han detectado que la fiscalidad constituye otra pieza esencial de ese marco. Pérez Miguel ha insistido en que las deducciones fiscales por actividades de I+D+i no deben entenderse como un recurso independiente al que acudir una vez desarrollado el proyecto, sino como parte de la planificación financiera desde el principio. “La fiscalidad aporta estabilidad y certidumbre a la hora de desarrollar cualquier proyecto”, ha señalado.
Su perspectiva global permitiría a las compañías ordenar sus decisiones, anticipar los recursos que necesitarán y aprovechar mejor las oportunidades de financiación.
Soberanía tecnológica marcada por la colaboración
En lo relativo a la soberanía tecnológica, ha asegurado que generar conocimiento propio permite a las empresas y a los países ganar autonomía, desarrollar capacidades estratégicas y reducir determinadas dependencias en sectores clave.
Sin embargo, ha matizado que esa autonomía no debe confundirse con el aislamiento. Los programas de financiación de la innovación incorporan cada vez más dinámicas de colaboración entre empresas, universidades, centros tecnológicos y otras entidades, también a escala internacional.

La cooperación resulta casi un imperativo cuando los proyectos requieren capacidades científicas, tecnológicas o industriales que difícilmente puede reunir una única organización. Compartir conocimiento y trabajar en red permite abordar desarrollos de mayor alcance y mejorar las posibilidades de transferencia al mercado.
La idea en la que ha insistido el directivo de Zabala es que la soberanía tecnológica debe construirse desde la capacidad propia, pero también desde la apertura y la cooperación. Contar con conocimiento y tecnología propios no significa dejar de colaborar, sino disponer de mejores condiciones para participar en esos procesos y tomar decisiones estratégicas.
Pérez Miguel volvía al principio de su intervención y ha expresado que España dispone de un abanico amplio de instrumentos para financiar la innovación, pero el reto está en que las empresas sepan utilizarlos de manera coordinada y con una visión de largo plazo. “No se trata solo de localizar convocatorias. El acceso a la financiación es importante, pero saber cómo combinar los instrumentos y cuándo recurrir a cada uno puede marcar la diferencia entre desarrollar un proyecto y convertirlo en una realidad empresarial”.



