Sueño y memoria
José Luis Cantero, Mercedes Atienza y Daniel Baena (de izq. a dcha.), investigadores de la UPO que han trabajado en este estudio (Foto de www.upo.es).

Un estudio liderado por el Laboratorio de Neurociencia Funcional de la Universidad Pablo de Olavide (UPO) demuestra que restringir el sueño a cuatros horas en una sola noche dificulta la adquisición de nuevas memorias al día siguiente.

Según esta investigación, reducir a la mitad el tiempo de sueño nocturno, aunque sea una sola noche, afecta negativamente a la formación de nuevas memorias. Sin embargo, la recuperación del sueño perdido en la noche siguiente revierte dichos efectos si se alcanza una duración que se pueda calificar como ‘normal’ –para la mayoría de las personas jóvenes oscilaría entre 7 y 8 horas–.

El estudio, publicado con el título Weakly encoded memories due to acute sleep restriction can be rescued after one night of recovery sleep, ha estado liderado por Mercedes Atienza, catedrática de Fisiología de la UPO. También han participado Daniel Baena y José Luis Cantero, en colaboración con Lluis Fuentemilla, del grupo de Cognición y Plasticidad Cerebral en el Instituto de Investigación Biomédica de BellVitge (IDIBELL).

Memorias más débiles

“La buena noticia es que el hecho de que una memoria sea débil no significa que esté condenada al olvido”, explica Mercedes Atienza. El estudio demuestra que el sueño nocturno posterior a la adquisición de las nuevas memorias contribuye sobre todo a fortalecer aquellas memorias que son más lábiles.

Y es que “cuando recuperamos los detalles de un evento, vuelven a activarse parte de los circuitos cerebrales que se habían activado durante la adquisición inicial de ese evento”, afirma la investigadora.

También subraya que el estudio demuestra por primera vez que el sueño mejora el recuerdo de las memorias más débiles contribuyendo a prolongar este proceso de reactivación. “Esta recuperación podría facilitarse no solo a través del sueño nocturno, sino también a través de una siesta”, matiza.

Dos grupos de investigación

La investigación se realizó en personas jóvenes, todas ellas universitarias. A la mitad de ellas se les permitió dormir 8 horas mientras que a la otra mitad solo se les permitió dormir durante las últimas 4 horas de la noche.

Al día siguiente, ambos grupos tuvieron que memorizar pares de caras de personajes famosos. Cada par de caras se presentó cuatro veces a lo largo de la prueba, de manera que se pudo evaluar cuán consistente era el patrón de actividad eléctrica cerebral asociado a cada una de las repeticiones.

Recuperación

Estudios previos han mostrado que cuanto mayor es la consistencia de la actividad cerebral tras varias repeticiones del mismo evento más fuerte es la representación neural de ese evento y mayor la probabilidad de que éste se recuerde posteriormente. Esta consistencia y por tanto la fuerza de la memoria se vio claramente comprometida en el grupo que fue sometido a la restricción de sueño.

Sin embargo, tras permitirles dormir un periodo de 8 horas en la noche siguiente al experimento, los dos grupos de participantes mostraron una ejecución muy similar en la prueba de memoria. Aunque la reactivación cerebral asociada al proceso de recuperación también fue comparable en ambos colectivos, aquellos que habían sufrido restricciones de sueño mostraron una reactivación más prolongada en el tiempo.

Finalmente, los investigadores se preguntaron si el sueño de la noche siguiente podía estar contribuyendo a este cambio. “Y hallamos que, efectivamente, el grado de acoplamiento entre las ondas lentas y los husos de sueño, dos eventos neurofisiológicos que caracterizan al sueño de ondas lentas, estaba asociado al proceso de reactivación cerebral y a la recuperación de la memoria”, explica Mercedes Atienza. 

Por último, la investigadora advierte de que “si se produce una restricción crónica de sueño, algo bastante frecuente en nuestra sociedad actual, la memoria podría volverse vulnerable”.

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