“Ensamblaje programable de nanocomponentes electrónicos por caminos bioinspirados”. Este es el título de la investigación que David González Calatayud lidera desde el pasado septiembre en el Instituto de Cerámica y Vidrio (ICV-CSIC). Lo hace como uno de los jóvenes científicos españoles apoyados por el programa ComFuturo, una iniciativa público privada de Fundación General CSIC, Santander Universidades, Naturgy y otras entidades.

Doctor en Química por la Universidad Autónoma de Madrid en 2010, González Calatayud resume que leitmotiv de su línea investigadora parte de que la  mayor parte de la actual investigación en ciencia y tecnología de los materiales está centrada en obtener dispositivos miniaturizados y en el desarrollo de sistemas inteligentes con múltiples funcionalidades. “Existe una necesidad apremiante de nuevos materiales funcionales que desempeñarán un papel crítico en la energía, el medioambiente y la economía en general. La nanotecnología está evolucionando rápidamente hacia la fabricación de materiales complejos con estructura y propiedades muy definidas”.

“Sin embargo”, y aquí está la clave de su trabajo actual, “los avances en este campo son lentos y escasos debido, principalmente, a las dificultades intrínsecas del propio proceso de fabricación, que habitualmente involucra el empleo de tecnologías sofisticadas. Tecnologías que, además, conllevan un elevado consumo energético, contribuyendo, por tanto, al calentamiento global del planeta”.

El proyecto de González Calatayud plantea un enfoque nuevo e innovador de fabricación bioinspirada, en el que se combinan el reconocimiento molecular y procesos de química suave para producir componentes funcionales con precisión nanométrica, y, además, de manera sostenible. “Se trata de una aproximación “bottom-up” en la que proponemos emplear péptidos para su unión, de modo selectivo, a ciertos materiales (superficies inorgánicas), permitiendo la inmovilización de componentes siguiendo un patrón predefinido con un alto nivel de precisión”.

El investigador considera que su iniciativa tiene un alto potencial de transferencia de conocimiento generado y de sus avances al mercado. “Puede provocar  impacto social al revolucionar el modo en el que se fabrican componentes electrónicos avanzados, pudiendo incluso extrapolarse e implantarse en países en vías de desarrollo”.

Para explicar con más detalle el proceso en el que están inmersos él y su equipo del grupo Funceramics del departamento de Electrocerámica del ICV-CSIC, el investigador (autor de 41 artículos científicos) hace un símil, sin salir del laboratorio eso sí. “Como si de un cultivo celular se tratase, diversos materiales funcionales podrán ser creados con morfología y propiedades controladas y en condiciones extremadamente suaves (procesos acuosos, temperatura por debajo de los 300ºC), permitiendo la producción a gran escala de sistemas complejos, desde el nivel molecular hasta la macroescala. Todo ello empleando un proceso de crecimiento acelerado sin necesidad de gran aporte energético, contribuyendo así a impulsar soluciones que mitiguen el cambio climático”.

González Calatayud, que ha vivido estancias en las universidades británicas de Oxford y Bath, y ha formado parte de 9 proyectos de investigación entre los que se encuentra O2SENSE, afirma que las dificultades más complejas a las que se tiene que enfrentar a día de hoy son de carácter científico. “Problemas no planificados que entorpecen la obtención de resultados y obligan a nuevos planteamientos. A su vez, la principal satisfacción de este trabajo surge a raíz de desarrollar capacidades de adaptación y de resolución ante las dificultades”.

En un plano más amplio, considera que, en un sentido opuesto a la estrategia adoptada por países emergentes que han situado a la I+D+i en el motor de su maquinaria socioeconómica, la situación de la ciencia en España, “aunque no es mala”, sí “es muy deficitaria en cuanto a apoyos públicos, pero sobre todo privados, debido principalmente a las dificultades de las empresas para invertir en I+D+i financiada por el Estado”. Según el investigador, la Administración debería facilitar estos procesos y favorecer la interacción público privada. Un buen modelo es el de Reino Unido, donde he comprobado que el sistema es efectivo. Eso sí, evitando caer en la privatización de la ciencia”.

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