Elena Zapico (izquierda) y Raquel Buj en plena actividad
Elena Zapico (izquierda) y Raquel Buj en plena actividad

Una persona de dos cabezas y cuatro manos. Así conciben su día a día Elena Zapico y Raquel Buj desde que decidieron apostar por una mirada nueva y personal que fundiera en sus obras la arquitectura y el diseño de moda. Una propuesta que el pasado año le valió a ZAP & BUJ la victoria en el concurso Samsung Ego Innovation Project con “Wall Dress”.

Las dos tenían inquietudes similares y un recorrido profesional previo antes de conocerse en 2015 al cursar el Máster de Arquitectura, Moda y Diseño de la ETSAM, donde empezaron a usar herramientas como diseño paramétrico y patronaje. Zapico, leonesa, es arquitecta por la ETSAG de la UAH y ha trabajado con diseñadores de prestigio como Sybilla además de coordinar pasarelas para Amabel García o Santiago del Palacio. La palentina Raquel Buj es arquitecta por la ETSAM y ha cofundado su propio estudio de arquitectura y diseño con Pedro Colón de Carvajal (Buj+Colón Arquitectos) que ha originado algunos proyectos como el monumento en la Estación de Atocha a las víctimas del 11-M que obtuvo reconocimiento internacional.

Una formación mixta que hace que lo que ofrecen a través de ZAP & BUJ sea, en origen, fruto de una visión más compleja, y por tanto un primer elemento diferenciador. Como explica Elena Zapico, la intersección moda-arquitectura la llevan a cabo de un modo integral, “tanto en concepto como en la materialidad de las propuestas, empleado materiales poco convencionales en moda y apoyándonos en la tecnología para ir un paso más allá”.

Varios diseños en el backstage
Varios diseños en el backstage

“Raquel y yo ejercemos de diseñadoras, makers y directoras de la firma”, dice Zapico, que incorpora al equipo la flexibilidad de colaboraciones externas que varían en función del proyecto. Un universo compuesto por modistas, ingenieros expertos en electrónica o robótica, arquitectos y diseñadores entre los que destacan, por su perfil más técnico, el arquitecto Ignacio Acebes Cardalliaguet (Gil Bartolomé Arquitectos) y Javier Villaroel, del FabLab IED Madrid.

Entre sus ambiciones están crear un lenguaje propio –aunque beben de la interdisciplinaridad de Iris Van Herpen, Neri Oxman o Martin Margiela– y no ser encasilladas en ninguna de las dos artes que manejan, ya que entienden la moda y la arquitectura como “pieles que envuelven nuestro cuerpo”, apunta Raquel Buj, “y que pueden ser aplicadas directamente al cuerpo, pero también a un objeto, a espacios interiores… Su uso en una u otra superficie no es directa, sino que empleamos herramientas de diseño manuales y digitales relacionadas con cambios de escala y de materiales (o con la modularidad de los mismos)”.

La ‘fusión’ tiene por tanto tres patas -concepto, materiales y herramientas- y varios puntos de destino –desfiles, encargos privados, docencia…- lo que requiere de una férrea disciplina en la planificación. “A principios de cada semana establecemos una agenda de trabajo que revisamos a diario”, dice Buj, que aclara que las decisiones de diseño y proyecto las toman de forma conjunta y que es al llegar al punto de la fabricación cuando dividen de forma más nítida los cometidos de cada una para ganar en eficiencia.

Creatividad – Innovación

ZAP & BUJ trabaja con materiales poco habituales como metales o polímeros con memoria de forma, elementos que precisan de un esfuerzo extra en investigación. “Le damos muchas vueltas hasta que llegamos a resultados interesantes o diferentes”, dice Elena Zapico. Ese trabajo de I+D lo hacen en su estudio, mediante pruebas con los materiales a pequeña escala e incorporando tecnología, o bien con el asesoramiento de profesionales externos o institutos tecnológicos. “A pesar de utilizar muchas herramientas digitales, nos apoyamos constantemente en testar las cosas de manera directa e intuitiva.  A veces nos sorprendemos durante el proceso con soluciones o estéticas que no habíamos contemplado. Al mismo tiempo trabajamos en una escala mayor, realizando prototipos a tamaño real de patrones para adaptarlos al cuerpo. No se trata de un trabajo con un orden lineal, sino de un proceso de ida y vuelta entre varias escalas y varios profesionales que se va retroalimentando”, explica Raquel Buj.

Por otro lado, les gusta experimentar con materiales poco comunes en la disciplina en la que estén trabajando. Esto requiere de una adaptación del material, ya que no es una incorporación directa. Para ello usan de nuevo tanto técnicas manuales como digitales. “Aplicando tecnología a nuestras pieles queremos que éstas no tengan un componente sólo estético, sino que les ayude a relacionarse con el entorno que las rodea. En el proyecto para Samsung Ego Innovation Project, utilizamos una tecnología poco común en moda, por lo que todo el proceso de desarrollo fue innovador tanto para nosotras como diseñadoras como para los colaboradores técnicos que nos acompañaron en este viaje”, añade Zapico.

A su favor juega que en muchos ámbitos del diseño se buscan soluciones cada vez más específicas y bien pensadas. “Se intenta dar una respuesta a ese hartazgo de la producción en serie. Creemos que la tecnología puede jugar un papel importante en todo este proceso de personalización y producción con “cabeza y calidad”. En la combinación de la artesanía y la tecnología se generan propuestas muy interesantes en las que se pone en valor el diseño como algo único y personal, con ese plus que te da la efectividad de la tecnología y la incorporación de procesos innovadores”, comenta Buj, que considera positivo que ciertas tendencias hayan dado un salto generacional hacia atrás. “Históricamente, tanto en el diseño como en la moda, en la alta costura o en movimientos como el Arts and Crafts por ejemplo,  la mano del artesano-artista dotaba a los objetos o a la ropa de un valor más allá del utilitario. Creemos que la fusión de la tecnología y lo artesanal abre nuevas posibilidades para potenciar el valor de los objetos o de la ropa”.

En su caso, el trabajo de tejer la tecnología en las pieles es en sí mismo un trabajo artesanal, definido por Zapico como de “costurero tecnológico” y, por otro lado, la propia tecnología aporta posibilidades de interacción y un grado mayor de personalización a estas pieles. “Todo esto confiere un valor a los objetos y a la ropa que van más allá posibilitando que respondan de manera más específica y personal a las necesidades del usuario y del entorno”, concluye.

Sus planes pasan por seguir investigando y experimentando en las pieles tecnológicas, una vía que ya han abierto. “Los concursos nos permiten esta exploración de manera muy libre, por eso seguimos trabajando en ellos”, explica Buj. Por otro lado, están perfeccionando y profundizando sus prototipos con un grado de profesionalidad y sofisticación mayor.  “A medio plazo, nos gustaría ser un estudio de diseño y consultoría especializada en innovación tecnológica aplicada a envolventes para empresas, inversores y fabricantes cuya mirada ya esté puesta en productos innovadores tecnológicos”.

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