Miguel Huerta impresión 3D
Miguel Huerta, coordinador del Taller Serendipia y profesor del ITESO. Foto: ITESO.

Hace unos meses, la imagen de una niña que pudo tomar por primera vez un objeto con la mano izquierda gracias a una prótesis de brazo le dio la vuelta al mundo a través de las redes sociales. El vídeo fue compartido por el actor estadounidense Will Smith en Instagram y recibió casi dos millones de ‘Me gusta’. En Twitter fue compartido cerca 74.000 veces.

La niña del vídeo que no puede evitar contener la emoción es Sandra. Y el creador de esta prótesis de bajo costo, hecha con impresión 3D, es el ingeniero mexicano Miguel Huerta (Guadalajara, 1987). Huerta fundó hace dos años el Taller Serendipia (que significa un hallazgo afortunado que se produce de manera casual). “Para nosotros cada caso en el que podemos ayudar es una serendipia porque aprendemos muchísimo”, asegura el también profesor de diseño del ITESO.

En septiembre pusieron la primera prótesis, en diciembre la segunda, y en enero, la tercera. Huerta se oye emocionado por el nuevo modelo de prótesis en el que están trabajando, hecho también con impresión 3D y que tiene la ventaja de tener menos piezas. “Estamos haciendo programas con Gobiernos, tenemos una lista inmensa, de entre 40 y 50 prótesis”, cuenta. Aunque, por ahora, todas las impresoras están ocupadas haciendo soluciones para los médicos que están en la primera línea de batalla contra el coronavirus.

Material médico con impresión 3D

Al ver que en países como España e Italia faltaba equipo médico, él y sus colegas se pusieron manos a la obra. “Cuando empezamos a ver que el problema venía para acá dijimos: esto va a ser una locura y nos pusimos a desarrollar el material”, detalla.

Los inventos de Serendipia incluyen una careta para protección médica, una caja de intubación, un duplicador para los ventiladores que permitiría incrementar el número de camas disponibles, hasta una aplicación que permite conocer el riesgo que tiene una persona de ser portadora de la COVID-19. Soluciones inspiradas de las ideas que circulan en algunos grupos de Facebook. 

Entre estas han inventado una careta de protección que se puede elaborar con botellas de refresco. Incluso está invitando a las dos grandes refresqueras del país a que impriman guías de corte en sus botellas para que las personas puedan fabricar sus propias protecciones siguiendo las instrucciones que también están disponibles y con libre acceso en su cuenta. 

De acuerdo con Huerta, su idea es donar, con el apoyo de algunas empresas, personas y artistas, cerca de 10.000 caretas en la próxima semana. “Se han disparado mucho los precios de este tipo de productos aquí en México”, asegura. Hasta ahora han logrado recaudar más de 200.000 pesos (7.700 euros), según Huerta. Sin embargo, requieren una inversión de aproximadamente 750.000 pesos (cerca de 30.000 euros) para echar a andar todos los proyectos

Ante la falta de equipo médico en muchos países, la impresión 3D “ha demostrado ser muy buena solución en tiempos de crisis”, según Huerta. Aunque esta tecnología facilita el prototipado rápido de productos, su principal objetivo no es la manufactura. Si una careta en 3D cuesta 75 pesos (unos 3 euros), el costo de fabricación en serie con inyección de plástico cuesta menos de un peso (0,04 euros). Por ello, el objetivo de Huerta es sustituir la impresión en 3D por el proceso de inyección de plástico, para reducir costos y donar los insumos a los hospitales. 

Enfrentar la crisis con creatividad

“Creo que la creatividad y la innovación pueden hacer una gran diferencia en la crisis que todos estamos enfrentando [...] hay veces que de los eventos más malos del mundo han salido cosas muy buenas. Espero que ese sea el caso”, dice Huerta con optimismo.

La creatividad que reivindica para afrontar esta crisis es precisamente el ingrediente principal de sus clases. “Estamos dando las clases en línea, todas las estoy dedicando a soluciones propiamente de la COVID-19”.

Sin embargo, el profesor reconoce que está preocupado por la situación en su país, que este domingo sumaba 4.661 casos positivos y 296 fallecidos. En el mundo son casi dos millones y más de 114.000 muertos. “Las cifras son muy crueles, no hay otra expresión”. Lamenta que las personas mayores que fallecieron  —en España, el 67,2 % de los fallecidos tenía más de 80 años— era gente que estaba viviendo “sus mejores años, que ya trabajó, que forjó un país en muchos casos, y que merece la misma posibilidad de vivir que cualquier joven que también está siendo afectado y que muchas veces se lo está tomando menos en serio”.

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