Más de 2.000 millones de personas en todo el mundo tienen déficit de hierro, siendo esta la principal causa de anemia en la población. De ahí que un equipo de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV), la Universidad de Foggia (Italia) y la Universidad Jiangnan (China) se hayan unido para crear unas gominolas con nutrientes, vitaminas y minerales, hechas en impresoras 3D. Con esta iniciativa, se abriría una nueva vía para combatir carencias nutricionales en la población, como falta de hierro o bajos niveles de vitaminas de una manera personalizada.
Estas gominolas tan especiales están hechas de gel de almidón y agar —fáciles de masticar y con una textura adecuada— y, según Xavier Martínez, investigador del Instituto Universitario de Ingeniería de Alimentos-FoodUPV, una de las ventajas que ofrece esta tecnología, la impresora con dos cabezales con las que hacen este producto, es poder combinar materiales en un mismo objeto.
«La idea era desarrollar una gominola que en su interior tuviera un compuesto bioactivo. Lo que sí se puede hacer es personalizar estas gominolas, adecuando la cantidad de ese compuesto bioactivo a la persona a la que va destinada. En este caso, pensamos una población diana, que podrían ser, por ejemplo, niños, y darles un alimento que ellos reconocen. Podemos decir que son gominolas a la carta más saludables», explica el investigador de la UPV.
De todos modos, Martínez matiza, ya que lo de saludable «siempre es relativo». Sí defiende que estas gominolas pueden ajustarse mejor a las necesidades de ciertos individuos ya que, con esta personalización, se permite definir los tamaños hacia donde se va a ir incorporado ese producto funcional y, por tanto, ajustar las cantidades en función de esa persona. «¿Qué le podemos meter a la gominola? Pues lo que quedamos, vitaminas, minerales, algún antioxidante. Eso nos permite, al trabajar con dos cabezales, elegir el componente que mejor se adapte a las necesidades de esa persona», reitera.
Cómo se hacen las gominolas
El investigador de la UPV explica que ese balance se realiza gracias a una cuestión de diseño, que es en lo que más están trabajando. «Al final, tú diseñas un volumen y ese volumen puede ser ajustado para ajustarse a una cantidad. Es decir, defines en la figura el volumen que va a estar ocupado por el compuesto bioactivo».
Por ello, después se hace el diseño para que justamente ocupe ese volumen. «Insisto en que una de las ventajas de la impresión 3D es esa personalización. Entonces podemos ver si falta vitamina D, por ejemplo. Pues vamos a introducir en esa gominola la vitamina D, pero no cualquier cantidad sino la que yo necesito», apunta Martínez.
En el mismo proyecto en el que se desarrolló, se diseñó una especie de máquina de vending en la que se pudiera, a partir de una serie de informaciones, probar la gominola en ese mismo momento. Sin embargo, para el investigador de la UPV todavía faltaría hacer un prototipo, testarlo y llevarlo al mercado.



