Francis Mojica: “No puede ser que la inversión en ciencia dependa de las manías de un gobierno u otro”

El padre de la técnica de edición genética CRISPR recibirá el Honoris Causa por la Universidad Nacional de Quilmes en Argentina

Francisco Martínez Mojica

El reconocimiento al padre de la técnica CRISPR –o padrino como le dice en broma alguno– ha atravesado el Atlántico y el hemisferio norte. Francisco Martínez Mojica (Elche, 1963) recibirá por primera vez una distinción en Latinoamérica, con el título Doctor Honoris Causa que la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) le otorgará el próximo 2 de mayo.

Mojica recibe el anuncio del reconocimiento con manifiesta alegría y sorpresa. En 2018 fue distinguido con el Honoris Causa por la Universidad Politècnica de Valencia (UPV) y por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), pero nunca fuera de España. “No me esperaba de ninguna de las maneras que me hicieran un reconocimiento fuera de España”, ha confesado.

Y, aunque ha viajado a Chile, Puerto Rico, México y Perú para dar charlas en congresos y seminarios, y pese a conocer a importantes investigadores en el sistema CRISPR en Argentina como Daniel Gómez, Luciano Marraffini o Andrea Quiberoni –con quien colaboró hace unos años–, esta será su primera vez en tierras argentinas.

El hecho de que la distinción provenga de una universidad pública tiene un significado “totalmente especial”, admite el profesor de la Universidad de Alicante (UA). “Me encanta que recibir un reconocimiento de lo que yo valoro, que es la investigación y la docencia pública”, ha asegurado.

Por ello, no concibe que la inversión en ciencia esté sujeta a los vaivenes de la política. “No puede ser que la inversión en ciencia dependa de los criterios, de las manías o de las modas de un gobierno u otro”. Y considera que en España se debería invertir más, “por lo menos el doble” del 1,27 % actual, inversión que seguiría incluso por debajo del 3 % que marcaba hace unos años Europa en I+D+i para 2020.

“Invertir en investigación es buen negocio”, advierte Mojica, quien también reconoce la falta de inversión privada en investigación y que considera incluso que esta debería representar dos tercios de la inversión total.

Aunque defiende el Manifiesto por la ciencia de la Confederación de Sociedades Científicas de España (COSCE) que reclama, entre otras cosas, la firma de un Pacto de Estado por la Ciencia y la puesta en marcha de una institución independiente de la Administración, sabe que la batalla será larga. “Hay mucho que mejorar y no será cuestión de una legislatura o de unos pocos años”, ha afirmado.

Las posibilidades de la CRISPR/Cas9

Desde que descubrió esta técnica en 2003 a partir de bacterias de las salinas de Santa Pola, que permite modificar el genoma con precisión, de forma más sencilla y barata que anteriores métodos biotecnológicos, la CRISPR/Cas9 ha logrado cambios que antes era impensables como corregir una enfermedad hereditaria en embriones humanos o crear bebés modificados genéticamente.

Sin embargo, en el caso de las gemelas chinas nacidas en noviembre cuyo ADN fue supuestamente alterado para prevenir que se contagiaran del virus del VIH, Mojica cree que se han traspasado los límites ya que la técnica no es segura todavía para dichos propósito. Para él la modificación genética solo puede estar justificada para curar una enfermedad y como último recurso.

Un mal uso de esta técnica podría traer consigo terribles consecuencias no solo para la vida humana, también ecológicas. “Estamos hablando de modificar o incluso extinguir especies de animales”, asegura, como por ejemplo, el mosquito. Por ello, cree que es necesario que haya una regulación global, cuanto más amplia mejor.

Regulación que también debe aplicar en el caso de la modificación genética de plantas, en la que Mojica ve un potencial “bestial” para transferir características de una planta a otra, aumentar el sabor o aumentar su resistencia a virus, bacterias y hongos, en lugar de añadirle un plaguicida a las plantas.

Desde que recibiera importantes premios como el Jaime I de Investigación Básica (2016), el Albany, el Fundación Lilly en biomedicina y el Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA un año más tarde, ha estado latente el rumor del nobel. Pero quien descubrió la técnica de edición genética considerada por la revista Science como el descubrimiento del año en 2015 no se muestra crédulo. “Nunca me lo esperé, lo repiten tanto que hasta me lo llegué a plantear”, bromea. Su gran satisfacción sigue siendo, sin duda, haber conseguido darle a la investigación básica el valor que se merece.

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