Roberto Ontañón, actual director del MUPAC, y Pablo Arias, catedrático de Prehistoria de la Universidad de Cantabria

En Cantabria puede haber otras más conocidas, como Altamira o El Soplao, pero es la cueva de La Garma la que tiene la ocupación más antigua de la región, “con restos de habitación, de fauna e industrias asociadas de una especie que es más antigua que el Neandertal y que podría ser coetánea de la de la Sima de los Huesos”.

Quien habla es Roberto Ontañón, actual director del Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria (MUPAC), un apasionado de un espacio que, según sus propias palabras, “nos da información de todos los tiempos de la ocupación humana en la región, desde los primeros momentos hace unos 400.000 años hasta la Edad Media prácticamente, en una sucesión ininterrumpida”.

Él, junto a Pablo Arias, catedrático de Prehistoria de la Universidad de Cantabria, son expertos en La Garma y, por lo tanto, los encargados de de realizar las visitas guiadas que ha organizado el Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria (IIIPC) con motivo de su 15 aniversario –también en las cuevas de Covalanas y El Castillo–.

Estamos ante un complejo arqueológico medio oculto en un monte del pequeño pueblo de Omoño. Diez yacimientos y un castro prerromano en la cima del cerro hacen de La Garma, descubierto en 1995, un icono de la investigación prehistórica en general y del Paleolítico en particular.

Sin romper las páginas del libro

Por sus paredes con pinturas y grabados, y sus 800 metros cuadrados de suelos alfombrados de restos prehistóricos, La Garma es un sitio “único en el mundo”, según Pablo Arias. Esto ha provocado que los arqueólogos hayan tenido que mantener el equilibrio entre conservación e investigación.

“Se suele decir que hay que romper los huevos para hacer una tortilla, pero en este caso hemos intentado hacer la tortilla manteniendo los huevos –afirma el investigador–. Se han desarrollado métodos específicos para estudiar el sitio sin alterarlo o alterándolo lo menos posible, trasladando el laboratorio a la cueva “en lugar de llevar los materiales al laboratorio como se hace en una investigación arqueológica normal”.

Se trata de conservar el contexto de todo lo hallado. “De lo contrario, caemos en un tópico muy extendido de que la arqueología es como leer un libro en el cual vas rompiendo las páginas cada vez que lees una y ya no puedes volver atrás”, explica el miembro del IIIPC en declaraciones a Innovaspain.

Por eso han desarrollado métodos de documentación in situ de los suelos, como diversas técnicas fotogramétricas de gran precisión, la datación de pinturas rupestres por espeleotemas (depósitos de minerales formados en las cuevas), el estudio diferencial del magnetismo terrestre para detectar zonas de hogares que no se pueden ver a simple vista, o la determinación de restos de fauna a través de cadenas de proteínas que tienen los huesos.

Además, para intentar mantener un gran yacimiento sin apenas alteración, han tenido que “realizar un trabajo muy minuciosos en el propio yacimiento”. Arias subraya que se han analizado una a una las piezas “sacándolas y volviéndolas a colocar en el mismo sitio”.

Realidad virtual

Todas estas prevenciones dificultan el aspecto de divulgación que debe acompañar a todo hallazgo arqueológico. “El yacimiento ha sufrido cierta presión mediática y en alguna ocasión política para ser abierto al público de forma convencional, lo cual provoca problemas muy serios de conservación”, asegura el catedrática de la UC.

¿Cómo dar acceso a los ciudadanos a la La Garma sin alterar el entorno? La respuesta está en la realidad virtual. Y es que con imágenes reales tomadas en la cueva, la película ‘Memoria’ nos sumerge en el universo de nuestros antepasados, para ver, casi tocar y sentir toda la experiencia de entrar en una verdadera cápsula del tiempo. Al salir, el recorrido por el MUPAC permite disfrutar observando una réplica de una zona de la cavidad, explicada en formato audiovisual, y varios huesos tallados con exquisita delicadeza por los artistas del pasado.

“Otra ventaja que tiene es que permite recrear hipótesis sobre como sería en origen”, detalla Pablo Arias. El producto de VR posibilita, por una parte, ver como está la cueva actualmente y, por otra, observar una recreación que aparece difuminada para que el usuario puede distinguir el presente del pasado.

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