autonomo mapfre

Si algo ha dejado claro el congreso Driverless Technologies Insurance 2016 de Londres es que el impacto del uso de la tecnología en los vehículos autónomos tendrá una trascendencia más que relevante para las compañías aseguradoras, que junto a los fabricantes de vehículos y componentes forman el triángulo de esta nueva forma de conducción.

Una de las principales inquietudes en torno a la puesta en marcha definitiva del coche autónomo –no hay que olvidar que la tecnología está mucho más avanzada que la legislación– tiene un claro componente ético y moral: en caso de accidente, ¿quién tiene la culpa? Y por profundizar más en la "herida": ¿quién lo paga?

Durante el congreso se pudo ver cómo Mapfre y Cesvimap (Centro de Experimentación y Seguridad Vial de la compañía), dos actores que van a tener mucho que decir en este intrincado laberinto en el que el sector de la automoción se ha metido (y del que ya no puede salir, si no que le pregunten a Elon Musk), destacaron cómo la siniestralidad disminuirá en los próximos años debido a la ausencia de factor humano en la conducción.

Existen distintas implicaciones de Responsabilidad Civil de los conductores y fabricantes de vehículos autónomos (o semiautónomos, por el momento), además de cómo podrían influir los sistemas de asistencia avanzada al conductor (ADAS) en el sector asegurador. Por otro lado, están los datos, eso que muchos 'gurús' ya están definiendo como "el verdadero dinero del siglo XXI". Esto conllevará un debate abierto entre fabricantes, nuevos operadores y clientes que parece que no será corto. "La llegada de los coches autónomos es consecuencia de la democratización de la tecnología. Esto nos acercará al fin de la siniestralidad", apuntaba en el Congreso Sergio Gómez Recio, adjunto a la Dirección de Innovación Corporativa de Mapfre.

Sus palabras, aunque no dejan de ser un balón de oxígeno ante un contexto en el que parece haberse empezado la casa por el tejado, reflejan que las aseguradoras deberán contar con una tecnología puntera si quieren hacer frente a los desafíos del futuro. En este escenario, la aparición de las llamadas insurtech, capitaneadas por las startups, podrían convertirse en una solución tanto a medio como a largo plazo.

No obstante, arroja bastante luz el hecho de ver cómo la innovación gana terreno al marco regulatorio. Por ejemplo, la investigación realizada por Cesvimap sobre la efectividad de los sistemas de alerta ante el franqueo involuntario de carril. Tanto los sistemas avanzados de ayuda al conductor como el control de colisión o la frenada automática están diseñados para evitar colisiones y minimizar considerablemente los riesgos en la carretera. Por ello, la compañía subrayó la necesidad de comprender la efectividad y el alcance de las tecnologías semiautónomas de ayuda a la conducción para apreciar su efecto sobre el número y frecuencia de los siniestros. Una vez confirmado que esta tecnología, y tantas otras, cumplirán su función, la pelota estará en el tejado de quienes deban ofrecer una solución inmediata en caso de accidentes.

Cabe plantearse una pregunta. ¿Dejarían a sus hijos montarse en un coche que se conduce solo para que les llevase al colegio? Pese a lo que muchos niegan, la industria está preparada, pero ¿lo estamos las personas? Si echamos la vista atrás, cuando se inventaron los ascensores nadie montaba en ellos sin estar acompañado de un profesional. El tiempo ha ido demostrando que no era necesario. Algo parecido ocurrirá con el coche autónomo. Sin embargo, para su definitiva implantación, hay que dar un giro total a las leyes y a la normativa para que este tipo de conducción deje de ser ciencia ficción. Aseguradoras, fabricantes y gobiernos tendrán la última palabra.

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