Basado en hechos reales libro UC3M
Imagen de la portada del libro ‘Basado en hecho reales’, de la profesora de la UC3M Pilar Carrera.

Cortocircuitar la distancia crítica e interpretativa con la historia que se cuenta y generar una falsa sensación de transparencia discursiva. Esto son solo algunos de los efectos que se buscan (y se consiguen) cuando se coloca el aviso de ‘basado en hechos reales’ al  inicio de una ficción audiovisual.

Un estudio realizado por la profesora del Departamento de Comunicación de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M) Pilar Carrera concluye que esta fórmula tan repetida en el cine actual crea simulacros de factualidad en el espacio retórico y estereotipado de un discurso audiovisual que oculta su dimensión política apelando a los hechos.

“Lo que se pretende es que el espectador crea que esa ficción es fiel a la realidad y deje de preguntarse por la lógica que implica el propio relato”, explica Carrera, que ha publicado recientemente un libro con el título Basado en hechos reales: mitologías mediáticas e imaginario digital en Cátedra +Media.

También con los documentales

Este tipo de expresiones permiten introducir la retórica y efectos de los discursos documental e informativo en el territorio de la ficción. De hecho, en el caso de los documentales se produce, en términos de sentido, una vuelta de tuerca más, presuponiendo ya, no sólo que la historia que se cuenta está basada en hechos reales, sino que directamente es la realidad.

“Esto es, obviamente, una falsa asunción; en un documental hay tanta o más puesta en escena que en la ficción y no se deben confundir los mecanismos retóricos utilizados para generar efectos de verdad con una supuesta verdad prediscursiva”, indica la profesora de la UC3M.

Tal y como se apunta en el libro, el relato ficticio que se dice ‘basado en hechos reales’ avala con el efecto de verdad documental (“verdad fáctica”) el discurso sobre valores característico de la ficción.

Y todo ello sin asumir las responsabilidades o potenciales sanciones que conlleva la asunción del decir verdadero en términos documentales o informativos: el ‘basado’ o el ‘inspirado’ introducen ese matiz que presupone la posibilidad de inexactitud o un margen para la ‘libre interpretación’ y el ‘error’. Se insinúa, en suma, que algo es verdad y, al mismo tiempo que, de no serlo, no pasa nada, ya que, en último término, se trata de una ficción.

La serie Chernóbil

En los últimos tiempos se observa un desplazamiento progresivo de la ficción hacia el espacio retórico del documental, según esta investigadora. Esto va mucho más allá de la clásica utilización de fragmentos de documentales, reportajes, noticiarios periodísticos o fotografías en las películas de ficción para dotarlas de un plus de verosimilitud.

“La fórmula ‘basado en hechos reales’ afecta a la recepción de la ficción en su conjunto y a su dimensión política y cultural sin necesidad de recurrir al material de archivo”, señala en el ensayo. 

Muchas series están adoptando un look documental, como es el caso de Chernóbil (HBO, 2019), en la que se evidencia la búsqueda de una confusión sistemática entre ficción y documento hasta el punto de que la serie se presenta de la siguiente manera: ‘Basado en una historia real no contada’. “Aún siendo una ficción, Chernóbil se consume, en muchos aspectos, como un documental –dice Carrera–. Probablemente, cuando la gente la ve cree que está conociendo la verdad sobre lo que ocurrió, cuando, en realidad, estamos ante una historia extremadamente convencional en términos narrativos y con un limitado valor en términos de comprensión histórica”.

Sociedad sin espectáculo

Los efectos ideológicos y políticos de este tipo de relato histórico ficticio no deben de subestimarse, según el ensayo, por su capacidad para dar forma al imaginario social. “La ficción, y especialmente la ficción serial, a la que gran parte de la población dedica un tiempo que, directamente, impide o merma sustancialmente el consumo de otro tipo de relatos, es muy poderosa generando adhesión emocional y, como consecuencia, adhesión a la tesis que subyace a la interpretación de los acontecimientos que se acomete y que se pretende disimular apelando a los ‘hechos reales’”, concluye el ensayo.

En el libro Basado en hechos reales se analizan otras cuestiones que se enmarcan en lo que la autora denomina “sociedad sin espectáculo”. En este contexto, se abordan temas como la emergencia del fake, la posverdad, las relaciones entre discurso y acción, además de otros aspectos como las relaciones entre fotografía y política, los discursos dominantes sobre Europa o  la maternidad.

Su objetivo, en última instancia, es poner en escena, desde distintos ángulos y temáticas, la lógica sobre la que se forja el imaginario digital y sus implicaciones para el individuo-ciudadano y el funcionamiento de la democracia.

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