Carlos Mateo

2018 fue un año de transición en el mundo de las startups. Después de pasar por los peores momentos de la crisis, el sector poco a poco va madurando y se van estabilizando ciertas dinámicas que nos permiten ser optimistas de cara al futuro. Cada vez contamos con startups más exitosas, se han producido aprendizajes, tenemos mejores business angels con experiencia como emprendedores -con sus éxitos y sus fracasos- y, en general, la inversión por parte de los distintos actores es más profesional y mejor planificada.

Según los informes que hemos conocido recientemente las startups españolas han recibido en torno a unos 1.300 millones de euros de inversión. El trabajo de nuestros emprendedores sigue siendo reconocido nacional e internacionalmente, de tal forma que los inversores tanto individuales como institucionales confían plenamente en nuestras capacidades, y tan solo vemos nubarrones en los ámbitos políticos e institucionales, donde no se acaba de entender la importancia de la estabilidad normativa, la necesidad de reducir drásticamente la burocracia y lo negativo que resulta regular las las nuevas realidades utilizando lentes del pasado que frenan la innovación.

La Asociación Española de Startups celebró su tercer aniversario durante 2018, año en el que fui elegido como Presidente de la Asociación. Nuestros objetivos para 2019 son muy claros: seguir creciendo en asociados (hemos prácticamente doblado nuestro número hasta llegar hoy en día a los 200), garantizar su sostenibilidad futura y dar mejor servicio a nuestros socios. En este sentido, nos gustaría aglutinar en una red a todas las asociaciones regionales y locales para conseguir ser más influyentes en todos los ámbitos, y también queremos poner en marcha un Observatorio de Startups.

Pero sobre todo queremos una nueva regulación: un proyecto y una estrategia de país consensuados entre todo el arco político y nuestro sector, con una visión a diez años para hacer de España un verdadero País Startup, lo que pasa necesariamente por articular una Ley de Startups y de Innovación a la altura de nuestros emprendedores.

Como asociación, siendo la voz de las startups, debemos seguir trabajando en hacer pedagogía, en hacer entender la singularidad de este modelo tanto en el sector público como en las empresas y en el conjunto de la sociedad. Con toda humildad asumimos esa responsabilidad: si no existiese la Asociación nadie podría hacer el trabajo de conversar y discutir propuestas con los partidos y gobiernos, intervenir en los procesos legislativos, hacer pedagogía en los medios de comunicación y en la opinión pública sobre la importancia de las startups para nuestro país. 

Pero nos enfrentamos a un creciente proceso regulatorio en Europa y en España impulsado muchas veces desde el desconocimiento de cómo funcionan las startups y el conjunto del sistema de innovación. No se entienden nuestros modelos, nuestra cultura, nuestro horizonte, y se acaba entrando en una fiebre reguladora que lo embarra todo, retrayendo la inversión y en definitiva la innovación. 

El Gobierno de Pedro Sánchez anunció una Ley de Startups y el proyecto de Nación Emprendedora. La Asociación saludó la idea (entre otras cosas porque la habíamos solicitado a todas las fuerzas políticas) pero siempre pedimos una concreción que no ha existido. Creemos que es un error que el mismo Gobierno que habla de Nación Emprendedora se posicione en contra de la innovación en los debates sobre la directiva de Copyright o haya impulsado la aprobación de una tasa digital. No es compatible hablar de Nación Emprendedora y tasa digital.

Aún con todo, consideramos que existe, más allá de la disputa política, un consenso parlamentario en torno a las ideas que hemos defendido y hemos trabajado con todas las fuerzas políticas. Y a eso vamos a dedicar nuestros esfuerzos en los próximos meses que van a coincidir con campañas electorales. Lo primero que vamos a pedir al gobierno que salga elegido [cuando Carlos Mateo escribió este artículo aún no se habían celebrado las Elecciones Generales en España] en la próxima legislatura es que asuma un proyecto ambicioso de País Startup, liderado por la Presidencia del Gobierno y que cree una mesa de trabajo permanente con el sector para pactar medidas concretas.

Las ideas que defiende la Asociación son muy claras: reconocimiento jurídico de las Startups. Sin esta cuestión es difícil acertar en las medidas. Debemos ponernos de acuerdo en torno a lo que es una startup y, a partir de ahí, diseñar políticas públicas que favorezcan su creación y su crecimiento. Hay que reducir drásticamente la burocracia –fijémonos en Estonia–. Necesitamos agilidad para abrir las Startups, para cerrarlas, para contratar personal extranjero, para poder recibir sin retraso las inversiones. Hay medidas que son muy demandadas por la mayoría de nuestros emprendedores como la eliminación de la cuota de autónomo societario en los primeros meses de vida de una startup cuando todavía no está facturando y se vive de ahorros o préstamos familiares.

Por supuesto, debemos mejorar el tratamiento fiscal de la inversión en España. En UK tenemos el programa SEIS que debe ser examinado para adecuarlo a la realidad española. Tenemos que retener nuestro talento y atraer nuevo talento. España tiene buen clima, calidad de vida, solo hace falta que sea más fácil traer talento con un buen sistema de VISA y con un sistema fiscal que no penalice, como hace ahora, la remuneración de los trabajadores con participaciones de la sociedad.

En definitiva, partiendo de nuestras fortalezas y conociendo nuestros déficits, debemos construir entre todos un proyecto ambicioso de País Startup. Para eso vamos a pedir compromisos concretos a todos los partidos que se presenten en las sucesivas citas electorales de esta próxima primavera. 

Este artículo ha sido publicado en la edición impresa del Anuario de la Innovación en España 2018

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