Envejecer es inevitable, pero la ciencia está revelando claves concretas para que nuestro cerebro conserve agilidad y salud durante más tiempo. Eso es lo que plantea Antiaging para el cerebro (Editorial Paidós), el nuevo libro de Jordi Olloquequi, doctor en Biología Celular, profesor de la Universidad de Barcelona e investigador en neurociencias y enfermedades neurodegenerativas en el CIBERNED.
Con un enfoque accesible pero sustentado en evidencias, explora cómo factores como la inflamación, la microbiota, el sueño, el ejercicio y las relaciones sociales impactan directamente en el envejecimiento cerebral. En Innovaspain hemos hablado con él para intentar entender cómo podemos aplicar estos hallazgos en nuestra vida cotidiana.
Olloquequi lleva más de quince años estudiando los mecanismos del envejecimiento celular y las patologías que lo acompañan, como el Alzheimer. Su propósito, sin embargo, no se limita al laboratorio: «No se trata de prometer la juventud eterna, sino de mostrar que tenemos margen de maniobra para llegar a edades avanzadas con memoria, agilidad y ganas de seguir disfrutando de la vida», afirma.
«A partir de los 30 empezamos a verle las orejas al lobo»
Aunque solemos asociar el deterioro cognitivo con la vejez, el experto insiste en que las primeras señales aparecen mucho antes. » A partir de los treinta y muchos es cuando empezamos a ver ‘las orejas al lobo’ y entendemos que merece la pena cuidar el cerebro para que nos acompañe en buena forma durante décadas.»
La propuesta del autor no es alarmista, sino estratégica: anticiparse al envejecimiento para entrenar la mente y fortalecerla con hábitos que tienen un fuerte respaldo científico. Para los más jóvenes, incluso aquellos que no perciben aún el paso del tiempo, el libro también tiene un mensaje: aprender a cultivar una vida mental activa desde temprano puede convertirse en la mejor inversión para la vejez.
Uno de los conceptos clave que plantea es el de la zona de confort del cerebro. Según explica, el cerebro tiende a funcionar en base a “autopistas neuronales” ya establecidas: rutinas, hábitos y actividades repetitivas que requieren poco esfuerzo mental. «El problema es que, si nunca salimos de ahí, esas autopistas se vuelven demasiado rígidas y dejamos de construir carreteras nuevas”.
La consecuencia es una menor flexibilidad cognitiva, un factor que incrementa la vulnerabilidad frente al envejecimiento. Frente a ello, propone pequeñas dosis de novedad cotidiana: aprender una habilidad, cambiar la ruta habitual, conversar con personas fuera de nuestro círculo o incluso atreverse con una receta desconocida. Cada desafío obliga al cerebro a reorganizarse y a generar nuevas conexiones, un proceso que en neurociencia se denomina plasticidad neuronal.

Jordi Olloquiegui, doctor en Biología Celular y autor de Antiaging para el cerebro (Editorial Paidós).
“Desde 2015 sigo un patrón de ayuno bastante estricto y como solo una vez al día”
La restricción calórica y el control de la inflamación son campos de investigación en auge en la biomedicina. Cada vez más estudios relacionan la inflamación crónica con el deterioro cognitivo, posicionando al metabolismo como un elemento central en el envejecimiento cerebral.
Desde 2015, el biólogo practica un patrón de ayuno estricto, comiendo una sola vez al día. «La ciencia sugiere que tanto la restricción calórica como el ayuno intermitente activan mecanismos de reparación celular —como la autofagia— y en modelos animales se han relacionado con una vida más larga y un cerebro más protegido.»
Sin embargo, quiere matizar: «En humanos todavía no tenemos resultados definitivos… No todo el mundo debería hacerlo. La edad, las patologías previas o la medicación que se tome son factores clave.» La innovación científica, en este caso, ofrece pistas prometedoras pero aún no verdades absolutas.
Quizás uno de los aspectos más innovadores del libro es la importancia que otorga al vínculo entre intestino y cerebro. «Aunque cueste creerlo, el intestino y el cerebro se comunican constantemente. La microbiota intestinal —un ecosistema de billones de microorganismos— produce neurotransmisores, modula la inflamación y envía señales químicas al cerebro a través del nervio vago.
“Mantener un ecosistema intestinal sano a través de una dieta equilibrada previene el envejecimiento cognitivo”
El problema es que con la edad esa microbiota pierde diversidad y puede desequilibrarse, favoreciendo la inflamación crónica, uno de los motores del deterioro neuronal. Mantener un ecosistema intestinal sano a través de una dieta equilibrada se convierte, por tanto, en un factor de innovación en la prevención del envejecimiento cognitivo.
El autor insiste en que los mejores aliados del cerebro siguen siendo sorprendentemente sencillos: ejercicio físico regular, que activa factores neurotróficos y mejora la memoria; dormir bien, porque durante la noche el cerebro elimina toxinas y repara circuitos; alimentación equilibrada, con especial énfasis en la dieta mediterránea; aprendizaje constante, desde leer hasta tocar un instrumento; y relaciones sociales activas, que amortiguan el estrés y la soledad. «Leer, tocar música o mantener conversaciones interesantes son gimnasia mental de primera. Y tener buena compañía protege frente al estrés y la soledad, dos grandes enemigos del cerebro», recuerda Olloquequi.




