Por Israel Fernández - Esta columna fue publicada originalmente en el blog Volvamos a la Fuente del BID

La reserva indígena de Maleku, está ubicada al norte de Costa Rica, y cuenta con una superficie de 3.000 hectáreas y una población de más de 1.000 personas, gran parte de la etnia Maleku. Hoy en día viven del turismo y se alimentan de cultivos de subsistencia como la yuca, el frijol, el plátano o la pesca, una de las grandes pasiones de los maleku. Además, existe una amplia tradición de tiro con arco que se desarrolla en lugares con nombres tan bucólicos como Viento Fresco o Palenque Sol, entre otros.

Hasta hace poco contaban con un sistema de agua obsoleto que apenas llevaba agua de mala calidad a sus hogares. Es por ello por lo que hace unos años el Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados se puso en contacto con los líderes comunitarios para iniciar un proceso de mejora del sistema, financiado a través del Fondo del Agua de la Cooperación Española y del Banco Interamericano de Desarrollo (FECASALC), como parte del programa de agua potable en áreas rurales, que cuenta en total con una inversión de 441 millones de dólares.

La comunidad objeto del proyecto se encuentra dentro del territorio indígena Maleku, perteneciente a uno de los 24 territorios oficialmente reconocidos por el Gobierno de la República de Costa Rica. El proyecto da servicio de agua potable a las comunidades de Viento Fresco, Palenque Tonjibe, Palenque Margarita y Palenque Sol.

Aprovechando el fresco de la mañana, una vez obtenido el permiso del consejo de ancianos, iniciamos una visita de inspección a la cabecera del sistema, la montaña Maleku con una oración al dios Tócu maráma. El respeto y reverencia de este pueblo hacia su montaña es el mejor ejemplo de conservación de cuencas que podemos mostrar.

Doña Ernestina tiene 9 hijos y 17 nietos y es parte de la memoria histórica de la comunidad. Nos cuenta que tiene 63 años, pero es posible que no sea un dato exacto, porque recibió su primer documento de identidad en 1991. Sentada en la puerta de su casa en el Palenque Tonjibe, nos cuenta como construyeron, con el apoyo de un misionero italiano, el primer sistema de agua hace 40 años. También expone su opinión sobre el nuevo programa de agua, del que afirma estar muy satisfecha, ya que evita muchos desplazamientos y mejora la salud de su familia.

Isidro, alias Pinpin, de 22 años, es otra de las personas claves en la reserva Maleku y uno de los jóvenes fontaneros que ha formado el proyecto. Nos enseña cómo se empezó a construir el sistema hace dos años. Vemos las fotos que nos muestran el celular y nos parece algo heroico, porque el sistema se construyó en medio de la selva en un terreno escarpado y enfangado en época de lluvias, donde no podía entrar maquinaria. “La montaña tiene vida y se mueve”, explica.

El sistema ya está construido y está mejorando la calidad de vida de la población. Las 7 captaciones, 15 kilómetros de conducciones, 4 tanques, pasos a nivel, puentes, cajas de válvulas están ya en funcionamiento y 296 familias se han conectado al sistema. El proyecto incluye la instalación de micromedidores para fomentar la cultura del ahorro.

El agua siempre ha sido un medio de comunicación importante para que los maleku se moviesen en el territorio, para conseguir alimentos y para el consumo humano. Alfredo Acosta, de 58 años, es uno de sus líderes comunitarios y actualmente preside la Asociación de Desarrollo Integral Indígena. “En la cabecera de los ríos habita Tócu, el dios maleku, por eso para nosotros es muy importante el agua”, dice. Mira con nostalgia el pasado y relata como antes podían conseguir todo lo que querían de la naturaleza. “Pero se empezaron a talar montañas y se hizo difícil sobrevivir y conseguir alimentos. Hoy intentamos concienciar de que hay que sembrar árboles, proteger la orilla de los ríos, y evitar la contaminación de sus aguas. También está preocupado por el cambio climático “No es normal este calor en pleno mes de abril”.

Nos despedimos de la montaña mágica de los maleku bajo el estruendoso concierto de las chicharras. Reconociendo con orgullo el valor que tienen los maleku como guardianes del agua y de la biodiversidad de nuestros bosques. Que Tócu les proteja.

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