Marta Massanella (IrsiCaixa) sobre la tercera dosis: “Convendría replantear la estrategia entre los mayores vacunados que no se han infectado”

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Las investigadoras entrando en el laboratorio de bioseguridad. (Imagen: IrsiCaixa).
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“Queríamos hacer algo por aquellos que han sufrido más durante la pandemia y determinar la duración de la inmunidad natural tras la infección por COVID-19 entre los mayores de 65 años”. Marta Massanella, investigadora principal en IrsiCaixa, resumen a Innovaspain la motivación inicial que la llevó, junto a Núria Prat, directora de la Atención Primaria Metropolitana Norte del Institut Català de la Salut (ICS), a poner en marcha un estudio del que ahora han publicado los primeros resultados. Lo hacen tras evaluar la respuesta inmunitaria de 98 residentes en 3 centros geriátricos del área Metropolitana Norte de Barcelona.

La primera sorpresa llegó al seleccionar a las personas del estudio. “Un 60 % era consciente de haber contraído la COVID-19, pero detectamos un 20 % adicional que la había superado sin saberlo”, explica Massanella. Esto dejaba tan solo un 20 % de no infectados. Aunque la idea inicial era hacer un seguimiento exhaustivo de estos mayores cada seis meses, a mitad de camino llegaron las vacunas (en este caso, las dosis de Pfizer). Las investigadoras no desaprovecharon la ocasión para incorporar este hito a sus análisis en infectados y no infectados.

"Hay que intensificar el seguimiento entre la población más vulnerable"

“Tres meses después de la segunda dosis, comprobamos que, en este colectivo, la cantidad de anticuerpos neutralizantes es mucho mayor (al nivel de las personas jóvenes) entre aquellos mayores que han superado la infección respecto a los que no se han contagiado. “El mensaje principal que queremos transmitir es que las vacunas funcionan, pero hay que intensificar el seguimiento de la población más vulnerable”, señala Marta Massanella. No le faltan razones para la preocupación: la pandemia ha acabado con la vida de unas 30.000 personas en las residencias españolas.

“En este momento, las personas estudiadas que están vacunadas y no han enfermado peviamente no tienen anticuerpos suficientes como para mitigar riesgos en caso de sufrir un cuadro de COVID-19 grave”, añade la investigadora de IrsiCaixa. Ello obliga, a su juicio, a replantear la estrategia de vacunación en estos grupos de alta vulnerabilidad. “Cuantas más veces nos vacunemos, mejor, pero este virus nos obliga a ir a contrarreloj. Pensemos que son muchos los españoles que todavía no han recibido la primera dosis. Sin embargo, defendemos que los mayores que no se han se han infectado reciban cuanto antes una tercera dosis para reforzar su sistema inmune. Así estarán más protegidos. Son excepciones habituales en otras enfermedades como la Hepatitis-B o el VIH”, detalla Massanella.

La investigadora apuesta por intensificar el seguimiento y vigilar a aquellos mayores que superaron la COVID-19. “No sabemos cuál será su respuesta en lo sucesivo”. En todo caso, los datos obtenidos por la investigación en el laboratorio encajan con la información transmitida por los clínicos: la gran parte de los mayores que están falleciendo ahora a causa del SARS-CoV-2 no se había infectado con anterioridad. El estudio se está llevando a cabo con el apoyo de la iniciativa solidaria YoMeCorono y la Fundación Glòria Soler.

Una vacuna que evite la infección

Marta Massanella prevé un otoño complicado a causa de la variante delta, lo que nos obligará a mantener todas las precauciones intactas. “Es una variante que está haciendo año, y es palpable una mayor transmisión del virus, niños incluidos. Son malas noticia de cara a la vuelta al cole. Por otro lado, hay mucha gente con la pauta de vacunación completa, y esto es muy positivo. No bajemos la guardia porque la lucha ni mucho menos ha acabado”

Más a largo plazo, Massanella considera que el objetivo es que lleguen al mercado vacunas intranasales que eviten la infección y por tanto el contagio. “Este es un virus respiratorio y las vacunas actuales son inoculadas a nivel sistémico. No crean inmunidad en las vías de entrada natural del virus. Es cierto que los vacunados que se infectan no desarrollan una infección grave; también que la respuesta es más rápida y por tanto el virus se inhibe antes. Esto reduce el periodo en el que una persona puede contagiar a otras. Además, en caso de enfermar, es muy probable que la carga viral también sea inferior una vez recibimos la vacuna”, concluye.

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