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Alfredo Corell: "En la gestión de la pandemia, echo de menos protocolos de largo recorrido"

El Catedrático de Inmunología de la Universidad de Valladolid considera que las vacunas intranasales asestarán un golpe casi definitivo al SARS-CoV-2. "La de Luis Enjuanes puede ser la vacuna perfecta"
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Alfredo Corell, rodeado de sus "ayudantes" en materia de divulgación. (Imagen cedida por el entrevistado).

Las vacunas intranasales podrían marcar un punto de inflexión en el futuro de la pandemia al incorporar mejoras considerables en la lucha contra el SARS-CoV-2. Así lo percibe Alfredo Corell, Catedrático de Inmunología de la universidad de Valladolid. En una entrevista con Innovaspain, el experto ha recordado que, aunque a veces nos cueste creerlo, “y mientras la OMS no diga lo contrario”, seguimos en una situación de pandemia, con brotes de COVID-19 afectando a distintos continentes.    

De los cerca de 100 proyectos de vacunación oral o nasal en desarrollo en todo el mundo, al menos 20 prototipos están probándose en humanos. Una versión inhalada de la vacuna de la compañía CanSino Biologics frente a la COVID-19 ha sido aprobada como dosis de refuerzo en China. “La candidata china arroja resultados muy esperanzadores”, expone Corell. Hipra es la alternativa intranasal española. Propuesta también como dosis de refuerzo, su aprobación se está haciendo esperar “más de lo previsto”.

En este contexto, el experto opina que las vacunas intranasales suponen un antes y un después en el abordaje de la pandemia precisamente por su solidez como un complemento de garantías. “Ya tenemos a la inmensa mayoría de la población inmunizada con vacunas intramusculares o con inmunidad natural después de las últimas olas de contagios. Las primeras pruebas de vacunación intranasal en humanos han sido llevadas a cabo en personas que habían recibido dos o tres dosis intramusculares. Se ha demostrado que la combinación de ambas tipologías es mucho más potente que inocular una nueva dosis intramuscular”.

Buenos resultados

El catedrático de la UVa añade que la vacuna intranasal como refuerzo no solo incentiva la concentración de defensas en las mucosas, vía de entrada natural del virus, sino también altos niveles de anticuerpos en la sangre. “Igual que en un momento dado la combinación de adenovirus y RNA abrió una puerta a la esperanza, estas dos vías de administración vacunal son un paso al frente para acabar con la pandemia”. En el mejor de los casos (aunque faltan evidencias), las vacunas intranasales frenarían la transmisión del virus, una meta anhelada, pero imposible con las actuales soluciones.

Alfredo Corell espera que, “si todo sigue un cauce lógico”, las primeras primeras vacunas intranasales lleguen a Europa de la mano de las grandes farmacéuticas con capacidad de fabricación en el continente. “Sin embargo, su aprobación es más lenta ya que las autoridades sanitarias miran con lupa que cumplan con todas las condiciones de seguridad. Son muchos los modelos animales en los que llevar a cabo ensayos antes de hacerlo en humanos. El principal problema que acarrearía una vacuna intranasal en caso de un mal desarrollo sería el traspaso de la barrera hematoencefálica. Llegaría al cerebro. De ahí la prudencia de parte de los organismos de control”.

Enjuanes, Solá, Zúñiga, y "la gran vacuna"

En esta terna, pero incluso un paso más allá en perfección, Alfredo Corell, como muchos otros integrantes de la comunidad médico-cientifica, espera que, en algún momento, vea la luz la vacuna de Luis Enjuanes, Isabel Solá y Sonia Zúñiga. “Es intranasal, pero mucho más avanzada que las intranasales básicas”, señala.

Esta vacuna contendrá el ARN completo del SARS.CoV-2, lo que la hace más fiable para encarar nuevas variantes. Por otro lado, el ARN de la vacuna es autoamplificable, es decir, el material genético dentro de nuestras células se podrá autocopiar entre 1.000 y 5.000 veces. ¿La consecuencia? Una sola dosis y cantidades muy pequeñas de ARN en comparación con las actuales dentro de un proceso de fabricación más eficaz.

“Es la gran vacuna”, sentencia Corell. A punto de ser probada en macacos, si los ensayos son exitosos pasará a ser testada en humanos antes de su salto al mercado. “Es una vacuna que encendió todas las alarmas de las agencias reguladoras. Se preguntan cómo se comportará el virus completo en nuestro organismo, cuándo dejaría de reproducirse, qué enfermedades adicionales podría provocar… los controles son muy exhaustivos”.

La cuarta dosis y la convivencia con la gripe

“Por fortuna, ya no estamos en marzo de 2020. Desde el punto de vista inmunológico, no tiene sentido una cuarta dosis para toda la población. La alta tasa de vacunación y de infectados nos lleva a un escenario distinto: pensar en una estrategia de vacunación reiterada con dosis y más dosis no tiene mucha razón de ser”, argumenta el experto.

Corell invita a las autoridades a estudiar el momento de una manera más amplia antes de tomar decisiones. “Solo se presta atención a los anticuerpos. Es evidente que los niveles decaen con el paso de los meses. Sin embargo, no hay un foco de seguimiento de las células de memoria, cuya vida en la sangre e incluso en la médula ósea puede ser muy prolongada. Es factible superar la infección como un catarro sin tener porqué vacunarnos cada año”.

Respecto a los más vulnerables, el catedrático marca otras posibles pautas. “Personas mayores y también aquellos cuyas defensas no han respondido bien; pacientes de cáncer o de patologías autoinmunes, trasplantados… También en estos grupos podemos hacer una monitorización previa, fijar prioridades y ser más selectivos midiendo anticuerpos y memoria celular. La medicina del siglo XXI ofrece una serie de herramientas que no están siendo utilizadas”.

Ante algunos prejuicios infundados, Alfredo Corell asegura que las vacunas del COIVD-19 y de la gripe son perfectamente compatibles. “De producirse, los efectos secundarios son leves y por todos conocidos: dolor muscular, fiebre… podemos quedarnos fuera de juego uno o dos días a lo sumo. Sí es recomendable dejar pasar un par de semanas entre una y otra vacuna. No hay ninguna necesidad de sumar efectos adversos simultáneos”.

Virus de nuevo en circulación

El otoño de 2022 ha empezado con un importante repunte de resfriados y catarros provocados por virus respiratorios. Este octubre será más parecido al de 2019 que al de los dos años siguientes. “Es lógico. Los viajes viven una reactivación total y se han cancelado las medidas restrictivas. La incidencia de la gripe también será mayor debido a la retirada de la mascarilla, que no es infalible, pero resta bastantes probabilidades de contagio”.

“Estamos deseando hacer vida social con normalidad después de años sin ese contacto. Se han multiplicado los eventos, las celebraciones masivas, los conciertos”. Corell lamenta que mucha gente no se proteja pese a ser vulnerable o convivir con personas de riesgo. “La llegada del frío nos devolverá a los interiores y la incidencia de estos virus se verá acentuada. Queda por ver si el SARS-CoV-2 actúa como un virus estacional más o si, como hasta ahora, es independiente y actúa por oleadas sin tener muy en cuenta en qué momento del año estamos”.

Adaptar la regulación

A su juicio, hemos perdido una gran oportunidad para desarrollar una regulación en lo que afecta a la pureza del aire en interiores. “Los niveles marcados en medidores de CO2 pondría en manos de las personas la decisión última de entrar o no en un comercio o un restaurante. Habría sido un movimiento clave para el futuro de nuestra salud respiratoria y la incidencia de estas enfermedades. No es tarde para afrontarlo”.

Para Alfredo Corell, tanto con la mascarilla como con otras medidas protectoras, es importante seguir educando a la población. “Por otro lado, convendría establecer indicadores que justifiquen la toma de decisiones de ida y vuelta por parte de las autoridades sanitarias. Es solo un ejemplo, pero podemos pensar que con una ocupación en UCI inferior al 1,5 % suprimir la mascarilla es una opción. Si este porcentaje se dispara por encima del 3 %, volveríamos a activar la medida. Echo de menos protocolos de largo recorrido. Las decisiones se toman en función de cómo estamos en un momento específico, pero sin dejar el terreno preparado de cara a posibles eventualidades o repuntes”, concluye.

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