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Ley de Startups: seguridad jurídica, talento y escalabilidad marcan el comienzo de una nueva etapa para el emprendimiento

Representantes de ENISA, PONS IP, la Asociación Española de Startups y el fondo Samaipata debaten en torno a la reciente regulación en un nuevo #DesayunoDeInnovación de Innovaspain
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De izquierda a derecha, Iñigo Laucirica (Samaipata), Nuria Marcos (PONS IP), Carlos Mateo (Asociación Española de Startups), José Bayón (ENISA) y María Lacalle (Innovaspain).

El pasado ‪22 de diciembre entró en vigor la Ley de Startups. La nueva regulación, pionera en Europa, fue aprobada en el Congreso de los Diputados con el respaldo de los distintos grupos políticos y en su configuración fueron consideradas las demandas y aportaciones del ecosistema emprendedor. 

Un nuevo #DesayunoDeInnovación, celebrado ayer por Innovaspain con la colaboración de PONS IP, trató las distintas aristas de este momento histórico para emprendimiento español: el aterrizaje de la ley, su aplicación efectiva y la flexibilidad que la convierte en una legislación viva, que ‘aprenderá’ a medida que recorra el camino.

“Con la Ley de Startups, España ha lanzado un mensaje: existe una una estrategia y la clara intención de ser un país capaz de emprender e inventar”, afirmaba José Bayón, CEO de ENISA. La Empresa Nacional de Innovación será la encargada de activar la ley determinando qué empresas reúnen las condiciones necesarias para ser acreditadas como startup. 

Hasta que sea aprobada la correspondiente Orden Ministerial (probablemente en abril), en ENISA ya se han pre-registrado 1.300 startups y Bayón prevé que, a lo ‪largo de 2023, serán certificadas como tal entre 5.000 y 7.000 empresas, en torno a la mitad del total nacional. 

“Pensamos que la ley va a ir bien”, añadía el CEO de ENISA. “Aporta estabilidad jurídica. Funcionará como un elemento más dentro de otras medidas del actual Gobierno, como la renovada Ley de Ciencia, la Ley Crea y Crece o el Plan de Transferencia y Colaboración”. 

Opina la startup

Agilidad burocrática, ventajas fiscales, atracción y retención de talento… En el contenido de la Ley han trabajado 12 ministerios. Carlos Mateo, presidente de la Asociación Española de Startups, afirmaba sentirse satisfecho con la puesta en marcha de la regulación. “Es el marco jurídico ideal”. 

Alineados con ENISA, en la asociación fijan tres elementos necesarios para que una empresa sea considerada startup: que el proyecto tenga carácter independiente, integre un alto contenido innovador y tenga potencial de crecimiento.

Con otros requisitos, cree que hay margen de mejora. Mateo apuesta por ampliar el arco temporal en el que se mueven las startups (no más de 5 o 7 años de antigüedad, dependiendo del sector). “Algunas cuentan con un altísimo componente innovador que provoca que salgan más tarde al mercado”. 

El presidente de la Asociación Española de Startups percibe también que la condición de no tener un volumen de negocio superior a los 2 millones deeuros marca el umbral demasiado a la baja –“sobre todo en sectores como el inmobiliario”- y que no debería ser necesario que el 60 % de la plantilla de la startup trabaje en España. “Preferimos que la startup, sea de donde sea, tenga la opción de establecer su sede y tributar en España, al margen de que no genere empleo aquí en un primer momento”. 

Escalar con garantías

Íñigo Laucirica, gestor de inversiones en el fondo Samaipata, celebraba que la ley solvente las desventajas fiscales y tributarias de losfondos españoles respecto a otros países de Europa o regiones como el País Vasco. Laucirica se detenía en la cuestión de la escalabilidad de las startups. “Una startup no es un fin en sí misma. Debe ser un medio para construir grandes compañías”. 

Bayón coincidía: “Muchas startups no hacen necesariamente un país mejor. Pero en este momento de revolución digital, era importante activar la innovación y el emprendimiento apoyando la capacidad de las startups para ir más rápido. En ENISA vamos a certificar su carácter innovador, pero también han de ser escalables”. 

En esta línea, Nuria Marcos, directora General de PONS IP añadía que, “en un país de micropymes”, la escalabilidad “es crítica”, más si cabe en los ámbitos de la tecnología y la innovación. “Crecer debe ser uno de los objetivos principales. Una buena estrategia de protección intelectual e industrial (PI), con el foco bien claro, ayuda a la startup a ser más competitiva”. 

Marcos defendía que hay que extender las ventajas de patentar en el ámbito privado, algo que ya está asentado en el campo de la investigador de origen público. “Es una cuestión cultural. En Italia patentan 5 veces más que en España, y en Francia 10 veces más. Las startups y spin-offs deberían nacer con estas inquietudes de base. El momento es bueno. Contamos con tiempo, fondos y voluntad política para que la propiedad intelectual refuerce la soberanía tecnológica de España. Se trata de que la tecnología financiada aquí se quede en el país, genere riqueza, cree empleo y haga crecer las empresas”. 

A este respecto José Bayón lanzaba un mensaje positivo, ya que la Orden Interministerial que vehiculará la acreditación como startup mira hacia la propiedad intelectual a la hora de determinar su carácter innovador. “Valoraremos que la empresa tenga ya alguna patente registrada”, aseguraba. 

Deep Tech y talento

Con la inversión en empresas en fase early stage bien asentada en Europa, Iñigo Laucirica opinaba que en España hay mucho por andar en la evolución de compañías deep tech. “El círculo virtuoso del ecosistema en su conjunto ha permitido que el emprendimiento en general haya dado un salto cualitativo en los últimos años. Con las deep tech no vamos tan rápido. Falta capital especializado, es cierto, pero los fondos no podemos tirarnos solos a la piscina. La clave es el talento”. 

José Bayón indicaba que la fortaleza de un país reside, por encima de todo, en disponer de una buena base científica y un sistema educativo fuerte. “En España los tenemos, pero fallamos en la transferencia, y tampoco es casual”. El CEO de ENISA aludía a cómo el pequeño tamaño de la mayoría de las empresas españolas impide la cristalización de un tejido industrial suficiente para ‘bombear’ dinero –de origen público y privado- y aportar solidez. “Todo esto también es clave para emprender”.

Con el talento como “materia prima” irrenunciable, Bayón recordaba la apuesta de algunas tecnológicas globales –Google, Microsoft, Maersk-  por España para implantarse en el país y lanzar desde aquí proyectos de innovación. “La Ley de Startups tiene la vocación de atraer talento”. ENISA también se ocupará de tramitar los visados de emprendedores digitales que quieran establecerse en España. 

La nueva regulación fija conexiones con el ámbito educativo al tiempo que agiliza la transferencia de conocimiento y refuerza los mimbres de la cultura emprendedora a edades más tempranas. Lo hará con dos nuevas figuras: la Startup Universitaria y la Startup de Estudiantes. 

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