Imprenta

La invención de la imprenta marcó una nueva era en la historia de la humanidad. Por primera vez, se podían reproducir documentos, abaratar costes y distribuir de manera generalizada entre el público, que poco a poco iba adquiriendo educación y abandonando el analfabetismo. Esta revolución permaneció prácticamente intacta hasta el siglo XX, si bien es cierto que las imprentas avanzaron y los materiales con los que trabajaban mejoraron en precio y calidad.

Sin embargo, la irrupción de Internet en la vida cotidiana vino a cambiar este -ya no tan- revolucionario invento. Las imprentas convencionales vieron su negocio trastocado y, por lo tanto, se lanzaron a la innovación. Por ejemplo, la imprenta Copyshow, situada en Barcelona, no solo imprime documentos y libros. Entre sus artículos se encuentran trípticos, flyers, vinilos, camisetas, tarjetas de visita o incluso lonas. Como vemos, el negocio sigue siendo fundamental en la sociedad, aunque su formato haya cambiado.

Impresión y tecnología de la mano

Cuando muchos veían en la llegada de Internet una catástrofe y el fin de una era, otros vieron las oportunidades que se abrían. Estos últimos sabían que, pese a que los ebooks y las pantallas tecnológicas limitarían el mercado en algunos puntos, en general abrirían nuevos horizontes. Con el tiempo, la experiencia les ha dado la razón y las imprentas han visto cómo su mercado no solo no se reducía, sino que se ampliaba a sectores que nunca hubieran imaginado.

Así, la tecnología ha permitido que los diseñadores gráficos entren a trabajar codo con codo con las imprentas. De hecho, en muchos casos los profesionales están formados en ambas disciplinas. Y es que, aunque no nos percatemos, la impresión sigue estando en nuestro día a día. Vemos etiquetas, tarjetas o libros en cualquier lugar al que miramos. La principal diferencia de este modo de trabajar con respecto a las imprentas convencionales es que ahora las imprentas son más comerciales y, por lo tanto, tecnológicas.

Dado que la tecnología está en constante cambio, es necesario que los trabajadores de las imprentas se renueven y formen de manera constante. Tazas personalizadas, photocalls o cartas para restaurantes son algunos ejemplos de hasta qué punto el negocio de la imprenta se ha democratizado y alcanzado a todos los sectores de la población. A estos se suman las editoriales o pequeñas revistas que buscan imprentas pequeñas y económicas con las que poder trabajar fácilmente.

Por supuesto, las imprentas siguen ofreciendo servicios convencionales. La impresión de pequeños libros, documentos o tesis doctorales son los productos más demandados. Sin embargo, y gracias a la innovación, su adquisición también ha mejorado, pues los trabajadores pueden pactar con los clientes una hora y fecha de recogida por correo electrónico, seleccionar una cubierta determinada o elegir el tipo de encuadernación.

Las imprentas no han sufrido un revés con los nuevos tiempos. Al igual que otros sectores, se han reinventado y unido a otras profesiones, democratizando la información accesible al público. Además, con la actual crisis del coronavirus, las imprentas han adoptado las medidas de protección pertinentes y mejorado su servicio de atención telefónica y online.

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