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Kuvu, la plataforma que fomenta la convivencia intergeneracional desde la naturalidad

Haize Trueba es una de las artífices de la startup que nació en el grado LEINN de la Universidad de Mondragón
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El equipo de Kuvu. En el centro, Haize Trueba.

Otra convivencia intergeneracional es posible. Haize Trueba siempre quiso trabajar con mayores. “Es un grupo bastante olvidado, pero con muchas ganas de aportar, de sentirse útil. Sin embargo, no siempre tiene la oportunidad de hacerlo”, explica la emprendedora a este periódico. La historia de Kuvu empieza durante el segundo curso del grado LEINN de la Universidad de Mondragón. “Investigamos sobre el terreno, hablado directamente con los mayores sobre sus necesidades y demandas”.

En la otra parte del trabajo, puramente teórica, confirmaron lo que sospechaban: la soledad no deseada de los mayores es una realidad preocupante. “Nos preguntamos cómo podíamos intervenir para mejorar su vida, qué tipo de iniciativa emprendedora estábamos en condiciones de activar con el objetivo de prevenir o solucionar esta soledad”.

La plataforma a la que dieron forma entiende la conexión de jóvenes y mayores bajo un nuevo paradigma. “Kuvu se diferencia de otras iniciativas presentes en España y en el exterior porque considera la relación intergeneracional de un modo más natural”. Haize Trueba alude a cómo han roto con un modelo en el que el joven no pagaba nada a cambio de dedicar tiempo al mayor. “Hemos pretendido situar a las dos personas al mismo nivel. Los jóvenes pagan al mayor por ocupar una habitación, un ingreso extra que normalmente no les viene nada mal como complemento de la pensión”.

Trueba añade que el gran valor diferencial de Kuvu es la seguridad. “Los mayores tienen mucho miedo a abrir así las puertas de su casa, y más a gente joven”. Desde la startup les acompañan en todo el proceso. Ambas partes seleccionan sus preferencias en un cuestionario facilitado por la plataforma. Kuvu propicia el encuentro físico entre los más afines, y es después de esa reunión cuando joven y mayor se ponen o no de acuerdo. “Incluimos un contrato de seguridad único en el sector. Vamos más allá de las  cuestiones relativas al arrendamiento, e incorporamos normas básicas de convivencia y de respeto mutuo. A nosotros nos permite mediar en caso de que surja algún problema y hacer un seguimiento constante”, detalla la emprendedora.

Por el momento, el feedback que han obtenido es alentador. “Al principio, sobre todos los jóvenes se mostraban más reticentes a la propuesta. Les preocupaba el carácter del mayor, sus manías… Cuando conviven, las dos generaciones se sorprenden de lo mucho que les une. Los estereotipos desaparecen. Coinciden en hobbies, en gustos literarios… En el caso de los Erasmus, por ejemplo, tienen la posibilidad de conocer a fondo la ciudad de una manera totalmente distinta.  Además, los jóvenes ayudan a los mayores con determinadas tareas o en la resolución de cuestiones tecnológicas (el móvil, la tele)”.

Kuvu opera en el País Vasco, Madrid y Cataluña. La pandemia frenó la expansión a otras provincias que quieren reactivar en 2022. “La actual situación nos ha puesto delante la fragilidad de las personas mayores. Necesitamos un cambio de modelo en los cuidados y la compañía tanto en el domicilio como en las residencias”, argumenta Trueba.

Para normalizar el impulso al impacto social y medioambiental que buscan algunas empresas, la cofundadora de Kuvu reclama el apoyo de la administración en términos económicos y sobre todo regulatorios. “Conviene contar con una regulación específica para la empresa social, como ya ocurre en Reino Unido. No somos una S.L, ni una ONG ni una asociación. Aún se nos mira un poco raro y hay que aterrizar esta nueva figura jurídica de manera más clara. Somos privados, no queremos depender de terceros, pero a la vez generamos un impacto social que tiene que ser incentivado”, afirma.

Ahora los planes pasan por fortalecer la plataforma de manera directa o en alianza con otras entidades. Con el tiempo, las dudas que tenía sobre sus capacidades empresariales se han ido disipando. “Ayudó mi formación en el grado LEINN. Curso tras curso comprobé que la mejor forma de generar el impacto social que buscaba era mediante la creación de mi propia empresa. Me he formado, he probado cosas que no funcionaron y he convertido Kuvu en una realidad”, concluye.

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