Siempre le gustaron las ciencias, pero también anhelaba que su trabajo tuviera un impacto real en la vida de las personas. Ingeniera biomédica, Judit Giró se formó en una “combinación perfecta” de tecnología y salud. El emprendimiento llegó después, “casi de forma natural”. En su primera etapa de máster en California, desarrolló el prototipo inicial de The Blue Box como proyecto en clase. Al ser consciente del potencial del invento que tenía entre manos se preguntó: “Si no lo intento ahora, ¿cuándo? Y aquí estamos”.
The Blue Box es revolucionario en su campo. Consiste en un dispositivo no invasivo capaz de detectar el cáncer de mama en estadios precoces y en mujeres jóvenes. “Por edad la mamografía no resulta una prueba determinante para ellas”, explica Judit Giró a Innovaspain. The Blue Box emplea la IA para la detección de la enfermedad a través de una muestra de orina.
La inteligencia artificial analiza compuestos orgánicos volátiles en la orina que actúan como biomarcadores del cáncer de mama. Además, The Blue Box aborda las deficiencias de la mamografía –que no detecta 1 de cada 3 cánceres- y ha demostrado una eficacia del 88 % en estudios piloto elaborados junto a hospitales españoles. “El test no duele, no irradia y es posible utilizarlo con facilidad en la consulta ginecológica”, detalla la directora ejecutiva de la compañía.
Al mercado en 2026
En paralelo, The Blue Box persigue impulsar un cribado más “accesible, frecuente y equitativo”, especialmente para “aquellas mujeres que, a día de hoy, no se hacen una mamografía por “miedo, falta de tiempo, barreras culturales o geográficas”. Judit Giró recuerda que, actualmente, los programas de cribado no cubren a mujeres menores de 50 años. “Necesitamos herramientas complementarias; más personalizadas y accesibles, que ayuden a detectar el cáncer incluso antes de que se formen los tumores visibles en las mamografías. La medicina preventiva debe dejar de ser un privilegio para convertirse en un derecho universal”.
El plan de Giró y su equipo es lanzar The Blue Box en Europa finales de 2026, después de obtener el marcado CE como test diagnóstico. “A partir de ahí, daremos el salto internacional a EEUU como herramienta de cribado. El camino es largo, pero estamos avanzado”. La investigadora apunta que, más allá del apartado científico, la complejidad principal para el desarrollo del dispositivo está en coordinar los distintos frentes: ensayo clínico, industrialización, regulación y estrategia de entrada al mercado. Esta orquestación “requiere una visión global y mucha persistencia”. ¿El resultado? “La única tecnología no invasiva, portátil y basada en IA para el cribado de cáncer de mama que existe en este momento”.
The Rose Project
Judit Giró es una de las cinco mujeres ganadoras de The Rose Project 2024, un galardón impulsado por Häagen-Dazs que homenajea a la cofundadora de la marca, Rose Mattus, y premia a mujeres innovadoras “que con su trabajo genera un impacto social o comunitario alrededor del mundo”. A la responsable de The Rose Project la acompañan Philomena Nwajagu, Faith Ida, Lorna Phillip y la Dra. Nirja Joshi. La española considera que las niñas necesitan referentes “cercanos y reales, que les digan: tú también puedes estar ahí”. Y añade que iniciativas como The Rose Project son “clave” porque “visibilizan a mujeres en ciencia y tecnología, y ayudan a romper estereotipos que siguen muy presentes. Crecí pensando que ser científica era algo lejano. Ojalá alguien me hubiera dicho antes que se trataba de una opción real y apasionante”.

Respecto a otras mejoras pendientes para facilitar la ciencia de calidad en España, Judit Giró opina que, pese al “indudable” talento investigador que atesora España, a menudo el conocimiento se queda en papers. “Nos falta cultura de transferencia, recursos específicos y estructuras que conecten ciencia con negocio”.
En lo que atañe al emprendimiento científico, señala que, a nivel público, son muchas las convocatorias “que nos ayudan mucho cuando la startup está poco madura para dar el paso del inversor privado”. Por otro lado, en la parte privada, percibe que todavía “falta apetito por invertir en deep tech. Necesitamos una apuesta más decidida, con menos miedo al riesgo”.


