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Ignacio López-Goñi.

La cronología de los últimos meses publicada por Ignacio López-Goñi en medios como The Conversation muestra una fotografía rigurosa de la evolución de la pandemia. En su currículum se codean el laboratorio y la divulgación. Catedrático de Microbiología de la Universidad de Navarra, ha trabajado en las universidades estadounidenses de Berkeley (California) y Columbia (Missouri). Es autor del blog ‘microBIO’ y ‘El rincón de Pasteur’ en la revista ‘Investigación y Ciencia’, así como de varios de libros entre los que se encuentran ‘¿Funcionan las vacunas?’ o  ‘Virus y pandemias’.

Hablamos con él durante la suspensión de los ensayos de la esperanzadora vacuna diseñada por la Universidad de Oxford y AstraZeneca. Tras analizar la reacción adversa de un voluntario, han vuelto a ponerlos en marcha. “Tenemos que ser muy prudentes con las vacunas. Mi optimismo es moderado”. López-Goñi destaca que, a día de hoy, haya más de 170 candidatas a dar en el clavo. “Es bueno porque significa que dispondremos no de una, sino de varias, quizá para situaciones distintas. Otras se ‘caerán’ por el camino”. Sabe de lo que habla. A lo largo de su carrera, el propio López-Goñi ha abordado el desarrollo de nuevas vacunas contra la brucelosis.

En todo caso, el experto apunta que esta vez no se trata de ver quién llega antes al mercado. “Necesitamos vacunas pronto, pero han de ser seguras y eficaces. Hasta que no concluyan los ensayos clínicos de la Fase III no podemos saber su eficacia. Y los resultados obtenidos no se explican en una rueda de prensa, eso es publicidad, sino en publicaciones científicas para un análisis independiente de los mismos”.

López-Goñi insiste en que la transparencia de estos procesos es clave. “Nos jugamos el futuro de las vacunas, no solo de la del coronavirus. Si no queremos que proliferen los movimientos antivacuna o que crezca la desconfianza hacia ellas debemos de ser cristalinos al transmitir las evoluciones de los ensayos clínicos”.

Con los plazos solapándose de manera inédita y millones de dosis -aún solo prometedoras- en proceso de fabricación, el investigador cree que, si todo va bien, es posible que a lo largo del 2021 dispongamos de, al menos, una vacuna para el SARS-CoV-2. “Otra cosa es asegurar que vayan a estar disponibles en todas partes. Hay que tener en cuenta además su evaluación una vez son comercializadas”. López-Goñi se refiere a la Fase IV, crucial en la vigilancia de las mencionadas eficacia y seguridad. “Será en condiciones reales, con millones de personas. Podrán detectarse algunos casos graves muy raros, de uno o dos por millón de vacunados”.

Con todo, López -Goñi vaticina un periodo otoño-invierno complicado. “Lo ideal sería entrar en la nueva estación con una baja circulación del coronavirus. No va a ser así. Que el SARS-CoV-2 coincida con decenas de virus y bacterias que cada año causan problemas respiratorios, con síntomas muy similares, no es una buena noticia”.

El investigador llama la atención sobre cómo históricamente los datos verifican una mayor mortalidad en invierno que en verano. “La causa hay que buscarla en las infecciones respiratorias. Sumarles el coronavirus complica esta situación. Este invierno se pueden colapsar los servicios de atención primaria, pediatría y urgencias con multitud de personas preocupadas por si sus síntomas son causados por el coronavirus SARS-CoV-2 u otra infección”.

A estas complejidades López-Goñi suma incertidumbres, como que desconozcamos el posible papel protector de infecciones motivadas por otros coronavirus, el porcentaje de población que ya tiene anticuerpos - “sería conveniente repetir el estudio de seroprevalencia que se hizo en marzo”- o cómo actuará la también temida gripe en la actual coyuntura. “En el hemisferio sur este año ha tenido una incidencia muy baja. Probablemente se deba a las medidas de confinamiento. ¿Ocurrirá lo mismo en el hemisferio norte? No lo sabemos”.

Entretanto, la vuelta de las vacaciones ha traído el paulatino ‘desembarco’ en colegios y empresas. ¿Qué cabe esperar en términos de contagios y mortalidad a partir de ahora? “Las imágenes que vemos en todos los medios de una ola en abril y otra ahora son muy matizables. En la primera vivimos días con cerca de 1.000 muertos. Fue terrible, pero solo se hacían PCR con el objetivo de confirmar la enfermedad o la causa del fallecimiento, y no a todos los pacientes”.

López-Goñi afirma que entonces nada más veíamos la punta del iceberg. “De haber hecho en aquellos meses pruebas PCR al ritmo actual, es probable que hubiéramos contabilizado a los contagiados por millones. Ahora es distinto, la ola es de infectados. Se hacen muchos más test, también a asintomáticos; así es más fácil cortar la cadena de transmisión y evitar la extensión de los brotes. Distinguimos la parte sumergida del iceberg”.

“El problema y lo preocupante”, añade, “es que poco a poco crece el número de ingresados. Lo mismo pasará con los pacientes de UCI y con los fallecidos. Ahora es cuando podemos actuar. Si esperamos a que aumenten mucho los fallecidos será tarde. Inquieta la tendencia; hacia donde podemos ir”.

Un escenario en el que administraciones y ciudadanos tienen que esforzarse al máximo. “Estamos llegando tarde otra vez. Se ha dado prioridad al ocio, las vacaciones o al turismo, pero la apertura de los colegios hubo de prepararse en junio, de forma segura, logrando una mínima circulación del virus. No toda la culpa es de los ciudadanos y la pandemia no conoce fronteras. Le da igual si la competencia es autonómica o estatal”.

El catedrático lamenta que hace meses que es evidente la necesidad de multiplicar los rastreadores o de reforzar la mermada atención primaria. “La descoordinación es enorme y la falta de datos desesperante. Necesitamos datos abiertos, diarios, de cada PCR positiva, porcentajes de positividad, diagnosticados y situación en hospitales; de cada grupo de contagios… Si no, es imposible adelantarse al virus”.   

Por la parte que nos toca, los ciudadanos debemos ceñirnos a las tres Ms, como un mantra ante el que ya no se perdonan dudas ni excusas. “Evitemos el contagio y seamos responsables. Mascarillas, manos (higiene) y metros (distancia). Mejor frecuentar lugares abiertos, bien ventilados y poco concurridos. A las autoridades les tenemos que pedir test, rastreos de contactos y gestión de los confinamientos. Y que estén preparadas para lo peor”, concluye Ignacio López-Goñi.

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