“He descartado tres ofertas de empresas por seguir investigando”

Rubén Costa, uno de los Innovadores Menores de 35 Europa 2017 de MIT Technology Review

Rubén Costa (izda), con parte de su equipo

Rubén Costa ha sido seleccionado como uno de los Innovadores Menores de 35 Europa 2017 de MIT Technology Review, en la categoría pioneros. Un reconocimiento que se ha ganado a pulso, porque si algo caracteriza a este joven químico valenciano es su capacidad para resolver cuestiones técnicas que se han resistido a otros muchos.

Su secreto para lograrlo es la reflexión, como cuenta a Innovaspain.Lo que suelo hacer es leer toda la literatura, escribirme las estrategias llevadas a cabo, las que han funcionado pero no han supuesto un cambio, los fracasos… Y a partir de ese conocimiento, descartar todo lo que hay y empezar a pensar en algo nuevo”.

Una tarea en la que está muy entrenado desde que hizo su tesis doctoral, donde ya se dio cuenta de que le faltaban herramientas para las investigaciones que quería llevar a cabo, y puso manos a la obra para “fabricárselas él mismo”.  Y así logró innovaciones muy importantes, como ya contó Innovaspain.

En esta ocasión, su mérito reside en la invención de una nueva generación de BioLED, que deja atrás las tierras raras utilizadas en la actual tecnología Led, escasas y sometidas a monopolio, para sustituirlas por proteínas luminiscentes, más accesibles y “fáciles” de obtener. Con la ventaja de que la  naturaleza ya ha hecho parte del trabajo, porque “las ha ido perfeccionando a lo largo de miles de años”, explica.

La tarea no era fácil, pero Rubén supo afrontarla con éxito.

Eres uno de Innovadores Menores de 35 Europa 2017 de MIT Technology Review, ¿Qué supone este nuevo reconocimiento que se suma a todos los anteriores?

Los primeros premios llegaron desde la comunidad de químicos, luego se unieron los de otra comunidad, la de iluminación, industrial, que fue un salto, importante con nuevas oportunidades. Este que tiene otra dimensión más global, porque proviene de personas que miran tecnologías disruptivas todos los días, y que reconozcan la nuestra conlleva confianza y alegría de que lo estamos haciendo bien.  Además, estamos en la categoría de pioneros, es decir, de gente que trabaja en ciencia, llevándola al límite para solucionar un problema en un futuro cercano.

Eso algo que te caracteriza desde tus primeras etapas como estudiante de doctorado…

Sí, entonces trabajaba con complejos de iridio, en dispositivos luminiscentes. El principal problema de estos dispositivos era su breve estabilidad, de apenas unos minutos. Y lo llevamos a 5.000 horas. Luego en mi etapa de posdoctoral, trabajamos con nanocuernos de carbono, que nadie había sido capaz de utilizar, para células solares, porque no podían estabilizarlos y también lo conseguimos. Y ahora hemos logrado estabilizar las proteínas bioluminiscentes.

¿Qué ventajas tiene el bioled de proteínas y cómo funciona?

  1. coli es una bacteria totalmente inerte cuya tecnología se conoce desde hace mucho y tiempo y que incluso se utiliza en las escuelas para hacer prácticas. Esta bacteria la utilizamos para que produzca estas proteínas y nosotros lo que hacemos es extraerlas en una disolución. Todo esto es muy conocido, la parte que nos hemos inventado es cómo resolver el problema de esas proteínas que habitualmente están disueltas en agua, y esto es uno de los peores enemigos de la estabilidad y la electricidad. Y nos inventamos dos polímeros que encapsulan la proteína y la estabilizan fuera del agua. La gracia no fue hacer un hidrogel, que ya existe desde décadas, sino hacer una goma sólida que se pueda tener en las manos. Esa goma, nos dimos cuenta de que daba estabilidad a la proteína y seguían emitiendo luz durante meses. Hemos cogido otros materiales, como enzimas y siguen estando igual de estables, y además pueden hacer reacciones de transformación.

¿Y qué su aplicación?

Esta goma con las proteínas estables se puede aplicar a los leds que consumimos para obtener luz blanca. Hasta ahora lo que hay en el mercado es un convertidor inorgánico basado en tierras raras, que transforma luz azul en naranja, que combinadas dan blanco. Nosotros pensamos que podíamos quitar el fosforo inorgánico que llevan y colocar nuestras proteínas.

¿Qué ventajas tiene?

Nos permite tener una luz blanca perfecta, parecida a la del sol. Las proteínas tienen propiedades luminiscentes excelentes, optimizadas a lo largo de milenios, y esto nos permite llevarlo a un dispositivo que se pueda comercializar.  Las proteínas luminiscentes tiene tres cosas muy buenas, una se produce por medio de la bacteria E. coli en cualquier lugar del mundo, con 35 grados, azúcar y aminoácidos. Se puede extraer esa proteína y estabilizarla y almacenarla con los polímeros que hemos inventado y se puede utilizar para hacer dispositivos como los leds blancos. Hoy en día el material que se utiliza depende de tierras raras, de origen meteórico, agotables, que no produce nuestro núcleo de la Tierra. Está localizado en tres lugares del planeta y estas minas están controladas por China, y también el precio. Aparate hay que hacer minería, que conlleva gran impacto ecológico que no tenemos en cuenta. Y todo esto se podría eliminar con una fermentadora en cualquier parte del planeta, eliminando transporte.

¿Por qué es importante que emitan luz blanca?

La Comunidad Europea se cuestiona no solo tener luz blanca sino su calidad. Los leds son la tecnología con mayor poder de iluminación del mundo. Hemos pasado de otro peor, la bombilla incandescente de Edison a la mejor, pero sin pensar en las implicaciones para la salud y la economía. Y las proteínas luminescentes permiten modular el color muy fácilmente, porque emiten desde el azul hasta el rojo y podemos hacer el blanco que más se ajusta para cada ambiente. Además, permitiría abaratar costes, para hacernos una idea, el fosforo inorgánico puede costar 1 dólar cada gramo y las proteínas, si se produjeran de forma continua, diez 10 céntimos el gramo. Estimamos que se podrían reducir los costes en un 25%

¿Se han interesado algunas empresas en esta forma ecológica y más barata de producir luz blanca?

Tenemos contactos con varias empresas que han planteado el objetivo preindustrial. Con objetivos de estabilidad y de color sería viable y falta alcanzar los límites que consideran para entrar en el mercado. Hemos empezado a contactar también con otras empresas que se basan en aspectos más básicos, para saber si se podría generar otra familia de polímeros como los que hemos inventados para otras aplicaciones. Esto conllevaría un nuevo campo de investigación.

¿Ves cercano conseguir esos límites?

Yo creo que sí, pero depende de la financiación que tengamos. Eso conlleva esfuerzo multidisciplinar. Tengo en el grupo gente que se centra en polímeros, otros en la proteína, otros en el dispositivo. En uno o dos años, se podría llegar a dispositivos de puntos de luz. Luminarias lleva un poco más, y requiere trabajar con la industria. Y en pantallas, que hemos hecho prototipos que publicamos en marzo, donde ya se piensa en el uso de filtros, con proteínas.

¿Cómo se te ocurrió la idea de utilizar proteínas?

Lo concebí porque algunos científicos que admiraba, como Forrest y Thompson, unos de los padres de los diodos orgánicos de emisión de luz (organic light emitting diode), ya pensaron en el 2000 utilizar las proteínas, pero dijeron en un artículo que era imposible. Eso fue una llamada de atención. Porque pensé por qué un artículo para describir que no se pueden lograr no tenía sentido. Y me senté en el bar con  otro colega, Pedro Braña a darle vueltas….

Has sido muy valiente al volver a España en el momento actual para la ciencia…

He vuelto en condiciones muy buenas y con una apuesta del IMDEA materiales muy grande. Les estoy muy agradecido. Pero eso conlleva el parón financiero por venirme de Alemania, ya que no puedo mantener aquí la financiación que tenía allí, porque esas barreras no se han solventado todavía en la Unión Europea. Y eso conlleva el desafío de buscar financiación a nivel nacional e internacional y empresas que se puedan involucrar.

Eres Químico, ¿qué te atrajo de esta disciplina?

Tenía claro al acabar Cou  que quería ser físico o químico, me gustan ambas disciplinas y son fáciles para mí. Y elegí entre al azar, en parte. Me especialicé en química teórica y computacional. Luego decidí que la espectroscopía era muy importante y la necesitaba para mi trabajo experimental. Y luego vi que el dispositivo final era lo que había que hacer, y lo estudié con mi tesis, empecé como teórico y acabé haciendo dispositivos.

¿Por qué?

Porque estaba trabajando a nivel teórico y me daba cuenta que me faltaban piezas. Me iba fabricando mis herramientas. Mis directores de tesis tuvieron mucha paciencia conmigo, pero también la deferencia de dejarme avanzar sin límites.  Fueron Enrique Ortiz, en la parte teórica, y Henk Polink, en la parte de dispositivos.

Una pregunta de actualidad, ¿hay mujeres en su equipo?

Muchas. Empecé a contratar gente y vi que los mejores currículos eran de mujeres. Hay una bioquímica, una química, otra de materiales y una posdoctoral de física que hace dispositivos. También hay un ingeniero puro y duro, que tiene manos envidiables. Y otro químico.

¿Te han tentado las empresas para ficharte?

Descarté tres ofertas de manager, por seguir con la investigación, que es lo que me gusta. Pero no quiero parecer arrogante al decir esto. Mi mujer no estaba tan contenta con la decisión (ríe).

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