Una inversión inicial de apenas 450 euros, un mercado en tela de juicio y todas las dificultades inherentes a la aventura emprendedora. En 2018, Borja Iribarne García-Valdecasas (Málaga, 1979), decidió apostar por una molécula de la que apenas se hablaba en España: el cannabidiol, asentada hoy en el lenguaje común como CBD. Ocho años después, aquella pequeña tienda online ha adoptado la forma de una compañía presente en 27 países europeos, tiene más de 110.000 clientes y una red de distribución profesional.
En el apartado financiero, después de superar los 1,2 millones de facturación en 2025 y alcanzar EBITDA positivo en el primer trimestre de 2026, la empresa arranca nueva etapa con un giro estratégico: si el objetivo en los primeros años fue consolidar la marca y expandir el negocio comercial, ahora ProfesorCBD apuesta por desarrollar tecnología sanitaria propia.
Iribarne explica a Innovaspain que, de este modo, pretenden dejar de competir únicamente en producto para hacerlo también en la innovación que permite administrarlo. Y advierte sobre un asunto que sobrevolará toda la entrevista: “El reto no será solo permitir tratamientos con cannabis medicinal, sino decidir si el país quiere desarrollar la tecnología necesaria o limitarse a importarla”.
Un nueva etapa
El emprendedor percibe que ProfesorCBD está en el momento más importante desde su creación, una vez superada una fase marcada por entender la molécula, desarrollar formulaciones, garantizar la calidad y divulgar qué es realmente el CBD. “Necesitábamos aprender del producto y, sobre todo, del usuario”, añade.
La información valiosa proporcionada por miles de consumidores les permitió analizar qué formatos funcionaban mejor y cuáles eran abandonados con mayor frecuencia, además de extraer qué factores influían con más fuerza en la experiencia de usuario. Con los datos “en la mano” se lanzaron hacia el ámbito sanitario.
Este cambio de rumbo es articulado a través de Bioteacher, la división biotecnológica desde la que la compañía trabaja en diversos proyectos de I+D. Entre ellos, destaca un dispositivo médico orientado a la administración “precisa, controlada y reproducible” de cannabis medicinal. Se trata del proyecto más ambicioso de la compañía y también del que presenta una mayor complejidad regulatoria.
Otra línea de trabajo tiene el foco en el desarrollo de parches transdérmicos de alta biodisponibilidad, una tecnología que busca reducir algunos de los problemas asociados a la administración oral del cannabis medicinal. Según detalla Borja Iribarne, esta vía permite evitar el denominado primer paso hepático, responsable de degradar parte del principio activo antes de alcanzar el torrente sanguíneo, y reduce la variabilidad existente entre pacientes. “Un parche permite una liberación sostenida y una dosis mucho más predecible”, afirma. Por esa razón, en la compañía consideran que esta tecnología podría llegar antes al mercado que el dispositivo médico.
Acelerar los cambios
España comienza a definir el encaje del cannabis medicinal dentro del sistema sanitario. Mientras, el dispositivo médico de ProfesorCBD ha sido concebido como un producto sanitario de clase IIa bajo el Reglamento Europeo de Productos Sanitarios (MDR 2017/745). La idea es que la vaporización pueda realizarse con parámetros controlados: dosis conocida, temperatura precisa, ausencia de combustión y registro de la administración.
“La diferencia entre un dispositivo médico y un vaporizador de consumo es precisamente que uno está diseñado para generar control, trazabilidad y evidencia clínica”, aclara el empresario. El beneficio que esperan es doble. “Para los pacientes supondría una respuesta más rápida y una administración más reproducible que facilite el ajuste del tratamiento. Los médicos, por su parte, podrían conocer exactamente qué dosis ha recibido cada paciente y en qué momento”.
El proyecto se encuentra todavía en fase de desarrollo. La compañía trabaja actualmente en la elaboración del expediente técnico y en la definición de los parámetros de investigación clínica junto a una CRO especializada. El siguiente paso será la evaluación por parte de un organismo notificado para obtener el marcado CE.
Iribarne evita establecer fechas cerradas para la llegada del dispositivo al mercado. “Los procesos regulatorios no dependen únicamente de la empresa y anunciar calendarios cerrados sería una falta de respeto tanto hacia el procedimiento como hacia los propios pacientes”, asegura. No obstante, considera que España tiene la oportunidad de situarse en una posición relevante en este segmento. “No pretendemos abrir una vía completamente nueva. Aspiramos a ser los primeros en recorrerla desde España”.
Industria y ecosistema
Según el fundador de ProfesorCBD, la regulación del cannabis medicinal abre una nueva etapa en España, aunque opina que todavía queda por construir buena parte del ecosistema necesario para que la industria a su alrededor se desarrolle. El modelo aprobado por el país -basado en fórmulas magistrales, solución oral y dispensación hospitalaria- representa “un primer paso, pero no el escenario definitivo”.
Considera que cuando llegue el momento de revisar indicaciones terapéuticas, formatos disponibles o vías de administración, será necesarios dispositivos certificados y tecnología especializada. “Preferiría que parte de esa tecnología se hubiera desarrollado aquí”, argumenta, y añade otro desafío en el escenario actual. “España aún acumula poca experiencia clínica en este campo. La única forma de avanzar será mediante datos fiables obtenidos con tratamientos reproducibles. Un dispositivo capaz de registrar cada dosis también es infraestructura para generar conocimiento clínico. Sin herramientas de este tipo, corremos el riesgo de seguir debatiendo durante años únicamente sobre opiniones”, advierte.
En paralelo, Borja Iribarne espera que el cannabis medicinal también abra una oportunidad industrial para España. “Ya hemos vivido situaciones similares en otros ámbitos sanitarios. La cuestión no es solo si existe una regulación, sino si somos capaces de desarrollar las herramientas que necesitaremos dentro de unos años”.
En este sentido, saca a relucir un riesgo: “Debemos reflexionar sobre si España quiere convertirse en el país que compra toda la innovación desarrollada fuera o en uno capaz de crear esa tecnología desde dentro”. Apunta que Bioteacher quiere formar parte de la cadena de valor sanitaria, sin limitarse a participar en una industria “basada tan solo en la comercialización de productos”.
Margen de mejora
Con todo, admite que hablar de cannabis medicinal dentro del sistema sanitario español era prácticamente imposible hace apenas unos años. “Que exista un marco regulatorio ya es un avance enorme”. Sin embargo, apunta que esta regulación inicial debe ir acompañada de un ecosistema que permita que las empresas innovadoras desarrollen proyectos a largo plazo.
Entre los puntos de mejora, Iribarne menciona la previsibilidad normativa. “Una empresa que desarrolla un producto sanitario precisa saber cuáles serán las reglas dentro de cuatro años, porque es el horizonte real de este tipo de desarrollos”. Añade que la falta de visibilidad dificulta la llegada de inversión privada y puede provocar que proyectos con potencial innovador no terminen de completarse. “Además, cuando un programa piloto se prolonga demasiado tiempo sin una definición clara, los pacientes no saben qué esperar, los profesionales sanitarios dudan y las compañías retrasan sus decisiones”.
Apunta que también conviene revisar la relación entre empresas innovadoras y administraciones públicas. Detalla que, en otros países, las compañías pueden mantener una interlocución temprana con las autoridades sanitarias para validar enfoques regulatorios antes de realizar grandes inversiones. “Desarrollar prácticamente a ciegas y descubrir posibles errores cuando el proyecto ya está muy avanzado es probablemente la forma más cara de innovar”, afirma.
Mentalidad cortoplacista y prejuicios
El acceso a financiación es otro punto crítico en iniciativas como ProfesorCBD. Para Iribarne, el problema es que los mecanismos existentes no siempre están adaptados a la realidad de los proyectos sanitarios. Explica que un producto sanitario que requiere investigación clínica, validación tecnológica y obtención del marcado CE no encaja dentro del cortoplacismo habitual.
A esta dificultad, el empresario suma la percepción que todavía existe en algunos ámbitos financieros alrededor del cannabis. “Muchas veces la palabra cannabis pesa más que el propio modelo de negocio”. Opina que proyectos muy diferentes terminan siendo evaluados bajo el mismo prisma, aunque algunos estén orientados al consumo y otros al desarrollo de tecnología sanitaria regulada, como es su caso. “No pedimos un tratamiento especial. Simplemente queremos que se nos evalúe como a cualquier empresa que desarrolla tecnología sanitaria”.
A modo de síntesis, Iribarne marca como primer gran objetivo de ProfesorCBD la llegada al mercado de los parches transdérmicos, “una pieza clave para sostener económicamente el reto de proyectos”. En lo que atañe al dispositivo médico, confía en completar la fase de investigación clínica y avanzar hacia la evaluación formar para obtener el marcado CE. “Hablamos de evaluación, no de certificación. Es un matiz importante”.
Un reto anexo es cerrar la financiación con la que completar todo el proceso “junto a socios que comprendan la naturaleza del proyecto”. Más allá de los hitos empresariales, el empresario señala que la base de toda este estrategia pasa por que España empiece a generar evidencia clínica propia. “Me gustaría que, dentro de un año, pudiéramos hablar de resultados obtenidos con los primeros pacientes tratados en España”, concluye.






