Santander
David Bernardo
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Licenciado en Biología por la Universidad de Oviedo y Doctor en Inmunología por la Universidad de Valladolid (UVa), David Bernardo ha ejercido su tarea investigadora en la propia UVa, en la Vrije Universiteit van Amsterdam de los Países Bajos, en el Imperial College London del Reino Unido y en el Hospital Universitario de La Princesa en Madrid. En 2019 se incorporó como investigador principal al Instituto de Biología y Genética Molecular (IBGM) de la UVa-CSIC. Actualmente centra sus esfuerzos en el estudio de la enfermedad celiaca, la enfermedad inflamatoria intestinal y, desde hace unos meses, en el COVID-19.

Bernardo cree que el comienzo de la vacunación supone “el principio del fin” de la pandemia. “Yo era de los escépticos cuando Pfizer anunció en nota de prensa los primeros resultados de la efectividad de su vacuna”, admite el investigador. El cambio de opinión vino hace unos días, cuando analizó la amplia información que compañía farmacéutica publicó en el New England Journal of Medicine. “Lo que han logrado es espectacular”. Además, podemos estar tranquilos. “Ni la ni la FDA ni al Agencia Europea de Medicamentos habrían permitido ir adelante con una vacuna insegura”.

Ahora, las dificultades que toca superar serán de carácter más logístico que científico. “La situación se va a prolongar. Para empezar, desde la primera dosis hasta quedar inmunizados pasa un mes. Además, el ritmo de inmunización es distinto al de la gripe, donde en 5 o 6 semanas se suministran millones de dosis. La razón es que son muchos los laboratorios que las producen. La vacuna de Pfizer, además de ser difícil de conservar (requiere de temperaturas de -70 grados) nos va a llegar con cuentagotas, al menos de momento”, dice David Bernardo, quien cree que “afortunadamente” nos plantaremos en abril con tres lotes de vacunas disponibles: Pfizer, Moderna y Astra Zeneca/Oxford. “Esta variedad nos va a facilitar mucho la vida”.

Superar la enfermedad, una garantía

Para ir más rápido hacia la ansiada inmunidad de grupo, el científico cree que podríamos sacar del programa de vacunación a las personas que hayan superado el virus. “Ninguna vacuna será tan efectiva como haber pasado la enfermedad”, apunta.

David Bernardo, al igual que otros de sus colegas, ha asistido estupefacto a la alerta mediática generada a raíz de comprobarse que los anticuerpos descienden progresivamente en el organismo una vez pasada la infección. “El proceso natural es que de manera paulatina desaparezcan. Son proteínas. De no ser así, nuestra sangre se parecería a la horchata. Pero si hemos sido capaces de producir anticuerpos, significa que contamos de por vida con las células que los producen”.

Y es que, a medida que a lo largo de nuestra vida nos enfrentamos a distintos virus y bacterias, los linfocitos -entrenados para combatirlos- se convierten en células de memoria B y T que actúan en caso de nuevas infecciones. “Por eso la gente mayor lo pasa mal con la enfermedad, ya que apenas cuenta con linfocitos a los que entrenar, mientras que un niño de un año tiene un 98 % de linfocitos vírgenes, listos para la pelea”.

Sacyr

¿Por qué no medir entonces la presencia de esas células de memoria antes de acometer la vacunación? “Sería lo ideal en un mundo perfecto, pero es un proceso largo, caro y no automatizable que requiere que cultivemos la sangre con antígenos durante unos días”.

David Bernardo también resta importancia a las posibles reinfecciones. “Excepto en un puñado de casos desgraciados, es muy difícil volver a desarrollar y contagiar la enfermedad. Eso sí, no hay que confundir la reinfección con PCR de resultado positivo en asintomáticos”, puntualiza.

La verdadera segunda ola y el verano de la esperanza

En paralelo a la vacunación, tendremos que lidiar con la que David Bernardo considera que será la auténtica segunda ola en España. “Esperamos un pico en enero bastante alarmante. Tiene cierta lógica: hacemos más vida en interiores y ventilamos menos. En España, la epidemia de gripe tiene lugar tradicionalmente en enero, mientras que, en países más fríos, como Alemania, discurre antes, en noviembre o diciembre”.

El investigador espera que hayamos aprendido algo después de asistir al aluvión de casos que salpicó Estados Unidos en las semanas que siguieron a Acción de Gracias. “Confío en que los europeos seamos más responsables estos días. Cuando llegue el buen tiempo, saldremos más al exterior y habrá más gente inmunizada. Si todo sigue su cauce, a lo largo del verano podremos decir que hemos superado la pandemia, entre comillas, ya que el virus ha llegado para quedarse. Sin embargo, los nuevos casos a partir de entonces no serán masivos, sino puntuales, como los de la gripe actual”.

Mientras tanto, David Bernardo cree que la prudencia es la clave. “Debemos respetar al máximo la distancia, el uso de mascarillas o la reducción de aforos. No olvidemos que no todo el mundo podrá vacunarse y hay que ser muy cuidadosos con los inmunocomprometidos o los alérgicos con complicaciones severas”.    

La variante británica y la efectividad de la vacuna

“El SARS-CoV-2 es un virus, y como tal, muta, pero, en su caso, son mutaciones silentes, apenas afectan”. David Bernardo se refiere a la inquietud generada por la aparición de una nueva variante del virus en Reino Unido que ya ha alcanzado a varios países. “No existe la evidencia científica de que sea más contagiosa. Muchas personas portan esta nueva variante, pero puede que se trate de una correlación, no podemos hablar aún de causalidad en este incremento. Quiero decir que en el Reino Unido la mascarilla o la distancia social no son seguidas de manera tan estricta. Lo que está claro es que las vacunas funcionan igualmente con esta variante y otras que surjan. Eso es lo importante”.

Si con el tiempo el nuevo coronavirus muta lo suficiente como para que la vacuna deje de ser efectiva “es algo que aún desconocemos”. Desde Pfizer han garantizado su capacidad para generar vacunas a medida de mutaciones en cuestión de pocas semanas. “Soy optimista. Es un virus mucho menos complejo que el de la gripe (donde el gran problema es la recombinación), aunque erróneamente se tiende a compararlos. Su pariente más cercano es el SARS. Estudios recientes han confirmado la presencia de células B y T de memoria en personas infectadas 17 años atrás. Me sorprendería mucho que la inmunidad no se prolongara muchos años, pero es una opinión personal”, añade.

Más pandemias

En 2002/2003, cuando irrumpió el SARS, los virólogos llevaban advirtiendo tiempo acerca de la probabilidad de que una pandemia nos arrasara como sucedió con la Gripe del 18. “No pasó gran cosa y la situación tampoco se descontroló con la Gripe Aviar de 2005, la Gripe A de 2009 o el MERS del 2012. “Así que con el SARS-CoV-2 la sensación general era que también quedaría en un ‘bluf’, por eso se tardó más en coger el toro por los cuernos”.

Al igual que anunciaban ayer la OMS o el experto en coronavirus Mariano Esteban, David Bernardo cree que antes o después llegarán nuevas pandemias. “Estarán vinculadas sobre todo a la salvaje deforestación que nos expone a virus que nunca hubieran entrado en contacto con los humanos. Quiero pensar que estaremos mejor preparados y más concienciados. No deberíamos volver a relajarnos”, concluye el investigador.

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