Licenciada en Bioquímica por la Universidad de Sevilla, Consolación Álvarez Núñez fue Premio Extraordinario fin de carrera y segundo Premio Nacional al mejor expediente académico. Realizó el doctorado en el Instituto de Bioquímica Vegetal y Fotosíntesis, centro mixto del CSIC y la Universidad de Sevilla, al que volvió en 2017 tras unos años en Abengoa Bioenergía, y donde hoy lidera una investigación como integrante de ComFuturo, el programa de apoyo a jóvenes investigadores de Fundación General CSIC, el CSIC y diversas entidades privadas.

Su proyecto –‘Nuevos biofertilizantes ecológicos de uso agrícola basados en la interacción planta-cianobacterias’- pretende desarrollar biofertilizanes alternativos que reduzcan el consumo de fertilizantes nitrogenados, de los que en la actualidad depende la mayoría de la producción de cultivos . “Sin embargo, su uso masivo y continuado está provocando serios problemas medioambientales”, explica la investigadora a este periódico. “Se estima que sólo un 30% del nitrógeno utilizado es asimilado por la planta, y que la mayor parte del mismo acaba contaminando acuíferos, ríos y lagos”.

¿Cómo lo hará? Álvarez explica que las cianobacterias son las responsables de una mayor actividad de fijación biológica de nitrógeno en arrozales, y que son capaces de establecer simbiosis con plantas de prácticamente todos los grupos conocidos. “Las señales químicas utilizadas para establecer dicha relación mutualista son probablemente generales. La identificación de estas señales abrirá la puerta a la extensión de estas relaciones de simbiosis a otras plantas de interés agronómico”.

La investigadora y su grupo confían en obtener un biofertilizante ecológico que estimule la asociación planta-cianobacterias. “Un producto que implique una nueva estrategia de desarrollo agrario en España, que influya de manera sustancial en la recuperación medioambiental de las regiones más castigadas por el uso masivo de los fertilizantes de síntesis”. Además del valor ecológico, Álvarez Núñez apunta a ventajas económicas y a beneficios sobre la salud humana para justificar su futura utilización.

Aunque no sabe cuál será la próxima parada de su carrera una vez concluya el apoyo de ComFuturo, hoy considera “una suerte” formar parte de un grupo de investigación “muy bueno en todos los aspectos, lo que facilita el desarrollo del proyecto y, no sólo desentrañar o ampliar conocimientos aún no descritos, sino desarrollar un producto de transferencia al sector agrario”.

Reconoce que la principal dificultad ante la que tiene lidiar es la falta de subvenciones destinadas a investigadores principales emergentes. “Los investigadores jóvenes tenemos muy pocas oportunidades en España. Tras 10 años de presupuestos recesivos y con una reducción del 40% de los fondos estatales para al investigación, estamos en condiciones de decir que el estado de la ciencia en España es lamentable”, sentencia Álvarez. 

La investigadora pone como ejemplo de estabilidad las políticas llevadas a cabo en otros países, donde la categoría de investigador postdoctoral no se puede prolongar por Ley más allá de cinco años. “El Estado debería apostar por una Ley de Ciencia que promoviera un sistema de contratación para jóvenes investigadores y que los consolidara con un modelo laboral que superase la rigidez del marco funcionarial para aportar competitividad real al sistema de I+D+i español”. En el escenario que dibuja, Álvarez añade la importancia de crear conocimiento. “No sólo necesitamos apoyos públicos, sino también que las grandes compañías inviertan más en ciencia y menos en la cultura del pelotazo y el ladrillo. Para cosechar hay que sembrar primero, apostando por una nueva generación de investigadores”.

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