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La investigadora de la UNIR, Carmen Álvarez-Domínguez.

Profesora e investigadora en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), Carmen Álvarez-Domínguez asiste con cierta sorpresa a los optimistas anuncios de Pfizer y Moderna. Ambas compañías farmacéuticas han tomado la delantera en la consecución de una vacuna para luchar contra el SARS-CoV-2. Pese a que admite que la alta efectividad demostrada por sendas investigaciones es una gran noticia, “la ‘pelea de gallos’ escenificada en los medios no es buena para la ciencia y su credibilidad” ya que “hace crecer la desconfianza”.

“El error ha sido liberar los datos y la información con los ensayos aún en marcha. Es posible que los números al final del proceso varíen”. Experta en inmunoterapia, con amplia experiencia investigadora en vacunas frente a otras enfermedades infecciosas y como terapia frente al cáncer, Álvarez-Domínguez lamenta la propensión a los bulos que desencadenan estas informaciones. “Lo cierto es que en España siempre hemos sido muy pro-vacuna, por eso es desconcertante ver tanto rechazo. Todo el mundo quiere vacunarse de la gripe, por ejemplo, aunque quizá no sepan que no es una vacuna altamente efectiva”.

Fiabilidad

En cualquier caso, la investigadora, Doctora en Bioquímica y Biología Molecular por la Universidad Autónoma de Madrid, tiene pocas dudas acerca de la validez de las propuestas de Pfizer y Moderna. “Han demostrado una toxicidad mínima; no se han producido efectos adversos como sí ha sucedido con otros ensayos. Son muy poco problemáticas. Quizá el fallo esté en no explicar mejor las cosas. Los que nos dedicamos a esto sabemos lo complicado que es sacar adelante el trabajo”, añade. “Contra el COVID-19 (ver especial) partíamos de la nada, así que tenemos poco que perder”.

El reto global que supone para la comunidad científica derrocar a la pandemia también dejará, a su juicio, un sedimento muy positivo. “Hay que hacer ver a la ciudadanía que vivimos un momento histórico”. Carmen Álvarez-Domínguez pone en valor la alianza inédita entre grandes farmacéuticas e instituciones académicas de todo el mundo. “Esto no había sucedido jamás. Por otro lado, ha sido una oportunidad para trabajos que llevaban décadas esperando la oportunidad de demostrar su potencial lejos de un contexto hasta ahora limitado a los ensayos con animales”.

Junio en el horizonte

Entonces, ¿hay razones para el optimismo en el medio plazo? “Si el medio plazo lo fijamos en junio, sí”, afirma rotunda la investigadora. “Ahora hay que esperar a que acaben los ensayos clínicos (algo en principio previsto para diciembre) y que calculen la verdadera efectividad teórica de las vacunas. En segundo lugar, no olvidemos que son las agencias reguladoras y no las empresas las que tienen que aprobarlas”.

Carmen Álvarez-Domínguez sí confía en que otra de las hipotéticas barreras, la de la producción masiva, se desarrolle a buen ritmo. “Tanto Pfizer como Moderna aseguran que apenas necesitarían un par de meses, y lo veo factible. Puede que Moderna, que es una empresa más pequeña, tuviera ciertas dificultades logísticas, pero su alianza con Rovi en España es garantía de producción a gran escala”.

Las últimas incógnitas no podrán despejarse hasta que no comience la vacunación. “Será sobre el terreno cuando estemos en condiciones de recalcular la eficacia de las diferentes alternativas”. Las previsiones de la experta contradicen los planes inmediatos anunciados este fin de semana por Salvador Illa. Según el ministro de Sanidad, la vacunación en España arrancará “en algún momento” del mes de enero. “Incluso es mejor esperar a que pase la primavera”, apunta Álvarez-Domínguez. “Seguro que surgen imprevistos. En junio habrá trascurrido el tiempo suficiente desde la conclusión de los ensayos. Sabremos mejor a qué atenernos y la producción será sólida”.

Olas

Si los plazos descritos por la experta se cumplen, “y si tenemos la suerte de no sufrir una nueva ola en verano”, entraríamos en el periodo estival coincidiendo con el principio del fin de la pandemia. “Primero habría que vacunar al personal sanitario y a los agentes sociales; hacia el final del verano a ancianos y grupos de riesgo; y a los demás, antes del final de 2021”.

En este punto, cree que una de las vacunas –“me gusta la de AstraZeneca – Oxford”- tendrá como destinatarios a los más mayores, ya que ha demostrado la generación de una inmunidad similar en este segmento de población que entre los más jóvenes (18-55 años). “Los gestores también tienen por delante determinar a cuánta gente hay que vacunar par a inmunizar a toda la población. Supongo que sería suficiente movernos en porcentajes que oscilen entre un 40 % y un 60 % del total”, añade.

Entretanto, y aún inmersos en la segunda ola del virus, Carmen Álvarez-Domínguez vaticina una tercera tormenta. “Me consta que el personal sanitario sabe que, en enero, a la conclusión de las fiestas navideñas, llegarán momentos complicados. Esperemos que sean los últimos. El virus ha perdido capacidad de transmisión y se adapta a su hospedador; no le interesa acabar con nosotros, es un organismo vivo que no quiere morir. Mientras tanto, en estos meses hemos aprendido mucho a todos los niveles. Sabemos mejor qué hacer y qué no”.

Esta contención del virus unida a los avances científicos anticipa un verano “más suave que el de 2020”. Sin embargo, la investigadora llama a interiorizar parte de este conocimiento a largo plazo, también en el terreno más cotidiano. Pequeños gestos cuya eficacia está ya fuera de dudas. “La mascarilla ha venido para quedarse. Es cuestión de acostumbrarnos, como los asiáticos. Está demostrado que su uso reduce notablemente la incidencia de enfermedades respiratorias, gripe incluida”.

Pfizer vs Moderna

Ni Pfizer ni Moderna, si Carmen Álvarez-Domínguez tuviera que elegir una vacuna del coronavirus optaría por los desarrollos de Sanofi o Nonavax. Usan ADN recombinante -uno de los campos en los que su grupo de investigación es experto-, una molécula de ADN artificial formada de manera deliberada in vitro por la unión de secuencias de ADN provenientes de dos organismos distintos que normalmente no se encuentran juntos.

Tanto Pfizer como Moderna se han decantado por mRNA encapsulado en nanopartículas de lípido que impiden que el ácido ribonucleico se degrade y que amplifica la respuesta inmunológica en la célula. La diferencia es que, tras inmunizar a la persona vacunada, la solución de Pfizer solo produce una parte de la proteína del virus -s1 o dominio-, que es la que se une al receptor de la célula. Sin embargo, Moderna producirá la proteína completa; la estructura molecular justo antes de que el virus se fusione con la membrana de la célula. “Estas pequeñas diferencias en la respuesta inmunológica hacen que me decante por lo que ofrece Moderna”.

Por otro lado, la vacuna de Moderna no incluye un adyuvante, y la de Pfizer sí, aunque en la compañía no han querido especificar aún cuál es. La tercera diferencia está en su conservación. La de Moderna aguanta a -20 grados centígrados, lejos de los -75 grados de Pfizer, una ventaja para llegar a lugares remotos, con climas extremos y sin embargo muy poblados, caso de África.

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